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Rusia: El imperio contraataca - III
Argentina: el objetivo final
Por Hernando Kleimans

"A los argentinos hay que tenerles paciencia"

Primer ministro ruso Mijaíl Efímovich Fradkov,

luego de su reciente visita a Buenos Aires

 

En mis anteriores entregas el intento fue describir el panorama externo e interno de Rusia, para situar el análisis sobre el punto central: ¿Dónde nos encontramos como estado actual y retornado al concierto internacional? ¿De qué manera la Argentina puede sacar provecho de las relaciones con aquél país? ¿Cuáles son los indicadores que determinan el camino en este terreno y hacia qué objetivos nos dirigimos? Y, finalmente, ¿cuáles son los pasos a dar para alcanzar los resultados previstos?

La política, además, es una ciencia concreta. No admite banalidades ni ligereza de conceptos. Castiga duramente por cada una de las fallas o errores que se cometan. En materia de política internacional, la responsabilidad de quienes la establecen es doble: hacia su propio país y hacia el resto de la comunidad internacional.

Por lo tanto, sería muy arriesgado llegar a este punto del trabajo sin derivarlo hacia su consumación lógica: el análisis final del contexto y la ubicación argentina en el mismo, y la propuesta adecuada para el logro del objetivo.

 

¿El fin de la Historia o un nuevo comienzo?

En el mundo actual está en pleno proceso de conformación un nuevo sistema de relaciones entre los estados con diferentes regímenes y patrones socio-económicos. La pasada "guerra fría" dejó en claro cuál sistema era el que mejor comprendía y utilizaba las leyes económicas y cómo las fuerzas productivas todavía no están capacitadas para satisfacer cambios estructurales en las relaciones de producción.

Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos mundiales confirma que estamos inmersos en un proceso dialéctico, donde la jerarquía de sus participantes se modifica y se interactúa permanentemente y donde los principios básicos y las normas de conducta de los estados dependen de sus propios procesos socio-económicos. La adquisición de posiciones económicas dinámicas y la estabilización de los parámetros sociales permiten al estado dado que su mecanismo de adopción de decisiones sea más o menos independiente. En correspondencia con ello, surgen nuevos modos de ejercer incidencia política y generar nuevas comunidades internacionales basadas en afinidades de objetivos y complementariedades económicas.

En este mundo interrelacionado e interdependiente, es posible distinguir tres zonas en un intento por sistematizar nuevas definiciones políticas.

El Centro , es decir el grupo de estados encabezados por los EE.UU. que pasó a la etapa post-industrial de su desarrollo económico y concentró en sus manos un enorme poderío político, económico y militar.

La Periferia , integrada por una gran cantidad de estados, regiones y territorios, a la que malamente se pretende aglomerar en un llamado "tercer mundo" y cuya función principal se reduce a ser suministradora de materias primas y portadores energéticos. Se le paga con lo mínimo imprescindible como para que su población no se consuma y se arbitran las medidas para que sea imposible transmitir sus calamidades demográficas y sociales al Centro . Sufre, en este último sentido, el poder de policía de la primera zona.

Entre el Centro y la Periferia se ubica la Semi-periferia , liderada por los llamados "países BRIC" (Brasil, Rusia, India y China) a los que se vuelca cada vez con mayor fuerza la inversión principal del Centro , e integrada por Argentina, los "tigres" de Asia del Sur y Oriental y algunos países de Europa Central y Oriental. Esta Semi-periferia dispone de una imponente fuerza militar y política, sus estados son plenamente sólidos y su economía, aunque no traspase el umbral post-industrial, se desarrolla activamente merced a aquellas inversiones centrales. Este fenómeno de retroalimentación da paso a un proceso altamente contradictorio que no es objeto de estudio en este trabajo pero que, sin duda, es el motor de nuevas y grandes transformaciones mundiales.

Por el momento, estos estados no acceden a la primera zona. La falta de desarrollo de sus economías, la carencia de campo de aplicación de los nuevos conocimientos científico-tecnológicos o su aplicación acotada a las necesidades del Centro y el papel subordinado en la regulación de los procesos mundiales de la globalización, así como la diferenciación normativa y de precios impiden ubicar a estos países en el nivel superior.

Una advertencia: la mediatizada existencia de la Semi-periferia no será prolongada. Ya en una perspectiva a mediano plazo o ella se vuelca en el Centro o, en el caso de su disolución se formarán varios polos que procurarán, en una variante más regional, articular una existencia estable y medianamente independiente.

El mundo actual se caracteriza por la existencia de numerosos sistemas económicos, por una gran variedad de economías capitalistas, planificadas u ordenancistas, así como sistemas económicos híbridos difíciles de clasificar.

La gran paradoja del mundo post guerra fría es que, en estas condiciones del desarrollo socio-económico de la Humanidad , el modelo comunista resultó ser una lamentable y cruel utopía. Pero también se manifestó como utópico el planteo de unificar el sistema internacional como un todo armónico tomando como base el mercado libre y el estado democrático. Los hechos amenazan con convertir a este proyecto en algo todavía más efímero que el proyecto soviético.

Las grandes posturas de Washington en defensa de este modelo son tan deterministas y autoritarias como las del régimen soviético. Inclusive en trabajos de destacados ideólogos como Condoleeza Rice, se sostiene a ultranza el valor absoluto del proyecto. Inclusive con el soporte de intervenciones armadas a alto costo humano y en recursos físicos. El papel de partera de la historia, que Marx adjudicó en su momento a la revolución, puede ahora ser ejercida por esta concepción fundamentalista sostenida a mandobles por el Centro .

La Argentina es un ejemplo excelente de este proceso. Con su fiel cumplimiento de los mandatos de los organismos financieros internacionales, es decir del Centro , a pasos acelerados dejó de soñar con ser un país del "primer mundo" y se enfrentó con la crisis más caótica de su historia y, por ende, con un peligro cierto de desintegración e incluso de desaparición. Bastó que se desprendiera de la carga neoliberal e intentara una vía de desarrollo más adecuada a su propia historia y a las circunstancias concretas, para que se revirtiera la historia.

En tal sentido, el camino sigue siendo muy similar al recorrido por Rusia en el mismo período de tiempo. Aun cuando se le reconozcan a ambas errores y desprolijidades típicas de un camino nuevo y doloroso.

La definición de una política exterior independiente y al mismo tiempo relacionada debe derivarse de un coherente programa de política interna. Esto es:

  • La determinación de consolidar la unión nacional.
  • Propender al desarrollo económico y al bienestar general.
  • Establecer pautas y normas de justicia social.
  • Estipular los principios y mecanismos de afirmación de la cultura nacional.
  • Coordinar los objetivos finales de la sociedad.

A partir de estas premisas, es posible establecer pautas de gestión internacional sincronizadas con las conductas de los demás países de aquella Semi-periferia en la que nos encontramos y que pretendemos sea escueta, dinámica y transitoria.

En el mundo interrelacionado e interdependiente en que vivimos las líneas de vinculación pueden ser, además de verticales, horizontales. Atravesar toda la trama de dependencia entre las grandes corporaciones trasnacionales y los estados es una tarea accesible sólo y precisamente para esta Semi-periferia . Se trata de enlazar con fuertes intercambios las economías nacionales y regionales, abriendo inesperados canales de cooperación y de integración, con innovadores sistemas de compensación que permitan, además de descargar stocks frenados por barreras discriminatorias levantadas en el Centro , organizar producciones y mercados conjuntos.

Las grandes definiciones políticas del mundo actual: la preservación ecológica, la ubicación demográfica y laboral, la previsión social, la expansión de la base de justicia, la afirmación de los valores humanos y el desmontaje de las estructuras criminales y terroristas, sólo podrán ser realidades inconmovibles cuando los vínculos transversales hayan cimentado una corriente de transferencia de bienes materiales y espirituales que satisfaga a la aplastante mayoría de la Humanidad y anule la obsoleta categorización de la sociedad mundial en la síntesis del "millardo privilegiado contra los cinco millardos de despojados".

Para responder a las preguntas del primer párrafo, corresponde analizar estas nuevas realidades internacionales y sacar las conclusiones del caso.

 

Historia y experiencias

A principios de 1885, la cancillería imperial encargó a Alexandr Iónin, enviado de Rusia en el Brasil, "investigar la cuestión del establecimiento de relaciones diplomáticas directas con las repúblicas sudamericanas más importantes".

En respuesta a esa encomienda y como resultado de sus consultas con diplomáticos argentinos en Río de Janeiro, Ionin señalaba: "por lo visto, en Buenos Aires realmente desean tener ante su gobierno un representante de Rusia".

Este infatigable viajero, apasionado defensor de las relaciones entre Rusia y Sudamérica, enfatizaba especialmente el vínculo práctico con la Argentina. Decía en sus mensajes a la cancillería rusa: "siendo (Argentina y Rusia) en la actualidad competidores en el mercado internacional ya que ofrecen los mismos productos (trigo, lana y cuero), pueden darse mutuamente la mano para transformarse de competidores en aliados y enfrentarse en conjunto con Norteamérica y Australia los que, vendiendo el trigo a Europa nos privan de ello a nosotros y a la República Argentina ".

Termino las citas a Ionin con un párrafo de otra carta a su canciller N. Guirs: "Argentina exhibe extraordinarios éxitos, su población aumenta rápidamente y el puerto de Buenos Aires supera por su importancia al de Río." Vale la pena tener presente esta afirmación. Más adelante, será preciso recordarla cuando lleguemos a la actualidad.

Hace exactamente 120 años, en mayo de 1886, Alexandr Iónin presentaba sus cartas credenciales al presidente Julio Argentino Roca. Conjugaba su misión diplomática en Buenos Aires con la que ya tenía en la capital brasileña desde 1883. Recién en 1911 fue inaugurada la misión diplomática permanente en la Argentina. Sin embargo, en 1910 asistió a los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo una delegación oficial rusa, que fue recibida con toda cordialidad por el presidente Figueroa Alcorta y su gobierno, lo que impulsó al jefe de la misión, P.Maxímov, a escribir a su canciller, A.Izvolski, que "las relaciones que se han establecido (entre la Argentina y Rusia) son las más favorables."

Desde principios del siglo XX esta definición de Maxímov tuvo su correlato concreto en las viculaciones comerciales, lo que permitió a la Argentina colocarse en el primer lugar en Sudamérica por el volumen de comercio con Rusia. Pese a que en su gran mayoría, este intercambio se encontraba en manos de intermediarios extranjeros lo que dificultaba grandemente su diversificación y ampliación.

El auge de estas relaciones tuvo manifestaciones especiales en el tendido de ferrocarriles en la Argentina , lo que en ese tiempo era uno de los grandes factores del crecimiento de nuestro país. A principios del siglo XX las fábricas metalúrgicas del sur de Rusia cumplieron encargos argentinos entregando tres millones de unidades de rieles.

La falta de una vía regular de vapores entre los puertos de ambos países y la presión contraria principalmente de Inglaterra, obraron en contra de la apertura de esa línea marítima, lo que recién pudo concretarse en 1913, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. El giro comercial por ese entonces se había cuadriplicado superando los dos millones de dólares oro.

La Argentina , a su vez, vendía a Rusia alimentos y en los años de la Gran Guerra su exportación a Rusia aumentó en más de 17 veces.

En su faz política, esta consolidación de las relaciones bilaterales tuvo expresiones muy contundentes. En 1907, en la Conferencia de Paz de La Haya , Rusia respaldó la doctrina presentada por el representante argentino Luis María Drago sobre la inviolabilidad de la soberanía de los estados y la prohibición de la utilización de la fuerza para "el reclamo de deudas" entre ellos. El ministro Drago fue condecorado por el zar Nicolás con la orden de San Stanislav en II grado.

No es mi propósito desarrollar en este trabajo todos los episodios de la más que centenaria historia de las relaciones entre Rusia y la Argentina. Me propuse simplemente destacar algunos hitos significativos, que confirman la coherencia y la razón dialéctica que se manifiestan a todo su largo. Cuando ambas raíces fueron violadas por la acción irracional de los hombres, nuestro país sufrió las consecuencias.

Por lo tanto, me permitirá saltar etapas y evitar relatos que pueden ser encontrados en las apropiadas fuentes históricas.

De inmediato luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, el gobierno argentino emprendió una serie de intentos para restablecer el contacto con el gobierno de la URSS y acordar el establecimiento de las relaciones diplomáticas. Obsérvese que luego de la revolución soviética en 1917, las relaciones preexistentes no fueron reconfirmadas por el gobierno argentino, aunque a lo largo de las décadas del 20 y del 30 nada impidió el desarrollo de importantes vínculos comerciales. A finales de esos años, infantiles actos de hostilidad por parte de bandas fascistas provocaron el cese de esas actividades, con lo que la Argentina se privó de un importante mercado consumidor.

Una especial actividad en estos intentos de reanudación diplomática fue desplegada por Juan Domingo Perón, por entonces candidato a presidente, vicepresidente y ministro de Guerra en el gobierno de facto del general Edelmiro J. Farell. A pedido de Perón hizo de intermediario para esta reanudación el presidente brasileño Getulio Vargas. Él fue quien estableció los contactos entre los representantes argentinos y soviéticos. En octubre de 1945 las negociaciones parecieron llegar a su exitosa culminación pero la destitución de Perón y los ulteriores acontecimientos políticos demoraron la gestión por varios meses.

Uno de los puntos de la campaña electoral de Perón fue, precisamente, el establecimiento de relaciones diplomáticas con Moscú. En abril de 1946 una delegación oficial de la URSS llegó a Buenos Aires para abrir las negociaciones oficiales. El primer resultado fue el cierre de varios contratos por los que la URSS suministraba a la Argentina vehículos de carga, tractores, motores de aviación y otros equipos industriales, a cambio de alimentos y materias primas agropecuarias.

El 6 de junio de 1946 ambos gobiernos comunicaron el establecimiento de relaciones diplomáticas.

Unos años después, todavía en el segundo gobierno de Perón, la Argentina y la URSS suscribieron un convenio comercial de pagos, el primero entre Moscú y un país latinoamericano. Argentina compraba en la URSS el 13% de los metales y el 51% del gasoil que importaba. A su vez, suministraba a la Unión Soviética el 26% de su exportación de aceite de lino, el 13% del cuero, el 12% de la carne y el 25% de la manteca. Argentina ocupó el quinto lugar en el comercio soviético con los países capitalistas.

Como advertí, el objetivo de esta tercera entrega de mi trabajo es definir dónde estamos parados con respecto a Rusia, para qué necesitamos esa relación y cómo hacer provechar la favorable situación internacional que Moscú ostenta para nuestro propio provecho como país.

La sucinta excursión histórica simplemente atiende a la necesidad elemental de fundamentar argumentos en esa dirección, en hechos acaecidos a lo largo de ese vínculo y que, de una manera contundente, demuestran que cuando descuidamos esa relación quien sufrió en plenitud fue la Argentina.

En estos sesenta años que median desde aquel junio de 1946 hasta nuestros días, la relación con la Unión Soviética y luego con Rusia fue espasmódica, arbitraria, influenciada por cuanto acontecimiento político sucediera en nuestra vida interna, presionada y desplazada por factores externos que nos sacaron del mercado una y otra vez y, finalmente, manejada en algunos casos excepcionales y aislados por profesionales con conocimiento de la situación.

Como decía mi abuela: "a quien le caiga el sayo que se lo ponga". Lo lamentable de este dicho es que lo sufrimos todos y el deterioro provocado por claros ejemplos de indolencia e irresponsabilidad ha consolidado, hasta ahora, una imagen lo suficientemente ambigua de la Argentina en Moscú como para merecer el comentario del primer ministro Fradkov instalado en el acápite de este texto.

En algún momento, sin duda, volveremos sobre descollantes episodios de esta historia, como la misión Liceaga o los convenios firmados por José Ber Gelbard en 1974. Así como sobre las demarche de las dictaduras militares de turno. Habrá que analizar a fondo cómo fueron las relaciones con la última dictadura, que desobedeció el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos y llevó el giro comercial con la URSS hasta superar los 3.000 millones de dólares anuales. Bernardo Grinspun, ministro de Economía de Raúl Alfonsín, se jactaba de que pagaba los servicios de la deuda externa argentina con las ganancias que dejaba el comercio con la URSS.

Habrá que hacer especial análisis de las visitas oficiales de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem a Moscú. Para qué se hicieron y qué resultados concretos produjeron.

En fin, de una vez por todas habrá que investigar el papel jugado por la Unión Soviética en la guerra de Malvinas. Tanto mito, tanto secreto y tanta falta de información que rodea a este episodio amerita un profundo estudio del tema.

Todo eso quedará para otros trabajos y, Dios así lo quiera, otros especialistas. Aunque algunos de ellos en otras épocas debieron realizar sus trabajos en los Estados Unidos o en Francia, porque nuestra Patria no los cobijaba. En 1966, flamante licenciado en Historia y con postgrado en relaciones económicas internacionales hecho en el Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú, llegué a Buenos Aires en plena dictadura de Juan Carlos Onganía, para escuchar de algún burócrata militarizado una espléndida sugerencia cuando vio mis diplomas: "Aquí usted no tiene ningún futuro. Con su especialidad a usted se lo disputarían en los Estados Unidos".

En 1990, una vez más, viajé a Rusia determinado a desplegar gestiones para promover los negocios entre nuestros países. El entonces canciller, Domingo Cavallo, coincidía en la necesidad de hacerlo y en la práctica había derivado en su estrecho colaborador, el doctor Carlos Sánchez, la atención de ese tema.

La veda sobre la carne argentina, impuesta internacionalmente a raíz de los brotes de aftosa y el cese de la compra de cereales por parte de Moscú, habían desinflado las brillantes cifras de nuestro intercambio y desnudado algo que Mijaíl Gorbachov le había advertido a Raúl Alfonsín en 1986, durante la visita de nuestro presidente a Rusia: había que diversificar la oferta argentina y potenciar la escuálida contrapartida soviética, so pena de perder ese mercado.

No se hizo. Perdimos el mercado.

Sin embargo, los esfuerzos individuales apuntaban en dirección correcta, demostrando que la Argentina tenía un gran campo de acción por delante y, por sobre todo, un campo que no era discutido por nadie. No podía serlo. Nuestro país tiene ciertas ventajas comparativas en relación con el resto del mundo, que hace que muchas veces sea considerado como un caso especial. Además de sus características naturales que lo tornan único, es un país de clase media. Pero nuestra clase media se rige por cánones de calidad superiores a los de otras clases medias de otros países. Tenemos altamente desarrollados los sistemas de servicio, el comercio, la producción de confort y bienes de consumo.

Con una Unión Soviética y luego Rusia, devastada por la guerra fría, con sus estructuras económicas obsoletas y falladas, con viejas relaciones socio-económicas quebradas y sin nuevas consolidadas todavía, el panorama era, además de desolador, altamente propicio para nuestro país.

En 1990 se emprendieron varias gestiones que, a la distancia, parecen cada vez más increíbles. Me voy a permitir no mencionar los participantes concretos en ellas por varias razones: no sé qué ha sido de ellos, no quiero remover viejas historias y, fundamentalmente, deseo evitar vergonzosos recuerdos.

Uno de los más importantes frigoríficos argentinos, ya desaparecido y sus instalaciones transferidas a otra empresa, concretó la primera sociedad conjunta con partners rusos: Argorus SA. Su objetivo era, en las enormes y vacías instalaciones de la empresa moscovita, producir hamburguesas. La materia prima, es decir la carne, iba a ser suministrada en parte por la Argentina y en parte por reactivados productores locales. En ese mismo momento un emprendimiento similar fue encarado por la española Campofríos. Hoy Campomos se ha convertido en líder en producción y comercialización de embutidos y fiambres en el mercado ruso. El proyecto Argorus se diluyó ante la quiebra de la sociedad argentina. Durante el proceso de quiebra, sus propietarios arguyeron que habían invertido en Rusia. diez millones de dólares (¡!).

Una de las líderes en electrodomésticos en la Argentina integró una joint venture con una subsidiaria de BelAz, la principal fábrica de camiones de Bielorrusia. En una ciudad cercana a Minsk se registró Belarg SA, para la fabricación de procesadoras de cocina. La parte bielorrusa presentó inclusive garantías bancarias por la presunta inversión argentina. Compró materia prima por varios centenares de miles de dólares. Equipó una planta con fundidoras de plástico y otras maquinarias. Presentó a sus socios argentinos en programas especiales de la TV de Minsk. La necesidad de ese producto era tan grande en toda la URSS (antes de iniciar la fabricación ya había encargos tomados) que los ingenieros de la fábrica viajaron a Buenos Aires y aceptaron matrices de los años 60 para producir en Bielorrusia. El emprendimiento finalmente no se realizó porque. se pelearon los miembros de la familia propietaria de la firma argentina. Durante muchos años, los amigos bielorrusos guardaron el recuerdo amargo de la aventura con "los argentinos".

En 1992, con un gran trabajo previo de lobby que contribuyó a la destrucción del monopolio de la burocracia centralizada sobre la exportación directa de vehículos, un grupo empresario argentino comenzó a importar en directo, desde Moscú, automóviles rusos. A diferencia de los "Lada" que se importaban desde su base de trasbordo en Panamá, estos automóviles se embarcaban en el puerto de San Peterburgo hasta Buenos Aires. Poco después y como resultado de esta actividad en una fábrica que carecía de otros clientes de comercio exterior directo, comenzó a instrumentarse por primera vez en Rusia un sistema de ahorro previo y círculos cerrados para la adquisición de autos. La perspectiva era inmejorable: convertirse en poco tiempo en socios de la planta, modernizar su producción y transferir tecnología argentina. El punto máximo se registró en 1994, cuando se negoció un gran contrato para la provisión de motores cordobeses (el gran déficit de la industria automotriz rusa) para esos vehículos. Los partícipes argentinos intentaron quedarse con los fondos recaudados por los círculos cerrados y el sistema se derrumbó. Hoy, la fábrica ha sido adquirida y reciclada por una de las más importantes automotrices francesas.

En esa misma época, uno de los más prestigiosos estudios de arquitectura argentinos, innovador en materia de construcción de centros comerciales, intervino en el concurso para la reconstrucción y modernización del GUM, la gran galería comercial ubicada en frente del Kremlin, Plaza Roja de por medio, y lugar emblemático de Moscú. En abierta y aguda competencia con ingleses y norteamericanos, los arquitectos argentinos impusieron su proyecto. El presupuesto de la obra, 250 millones de dólares, convirtió el concurso en un hecho político en el que intervinieron altas autoridades de los gobiernos norteamericano, británico y alemán. Los representantes argentinos, desprovistos de todo respaldo oficioso de nuestro país, sucumbieron. Sin embargo, su proyecto era tan válido que ningún otro grupo logró el contrato y fueron los mismos arquitectos rusos que pasaron un entrenamiento en Buenos Aires, quienes se encargaron de la reconstrucción parcial del GUM. Quien hoy visite el lugar, encontrará evidentes similitudes entre ese gran centro comercial y algunos porteños.

En 1993, el primer embajador latinoamericano que visitó el Centro de Control de Vuelos cósmicos fue el argentino. En la reunión con el académico Vladímir Utkin, su dirigente máximo, al diplomático se le propuso preparar y enviar al espacio al primer cosmonauta argentina. Esta propuesta se hizo muchos años antes de que el primer cosmonauta brasileño Marcos Pontes viajara al espacio en una "Soyuz". El Instituto Central de Investigaciones de Construcción de Maquinarias (eufemismo que encubría el centro coordinador de la producción de equipamiento cósmico) y su filial en el poblado cerrado de Golitsino, en las afueras de Moscú, para esa misma época había preparado, a pedido de un grupo empresarial argentino, el proyecto para el primer satélite argentino de comunicaciones. Competiría con otros grupos en una licitación donde el proyecto ruso fue moneda de cambio para obtener "mejores condiciones" con el licitante ganador. Los científicos rusos, desolados, no entendían cómo fue posible que su enorme proyecto, con grandes ventajas operativas y de costos, ni siquiera hubiese sido incluido en el concurso.

Entre 1994 y 1997 se desarrolló una intensa tarea de lobby para levantar la veda al ingreso de carne vacuna argentina a Rusia. Llegó incluso a crearse el Centro de la Industria Cárnica Argentino-Ruso que tuvo, como participantes rusos, a la Academia de Biotecnología Aplicada, el Instituto de la Carne y la Unión de Carnes de Rusia. A posteriori, como participante argentino se incorporó la Cámara de Frigoríficos Regionales. Las autoridades del Ministerio de Agricultura y Alimentos de Rusia respaldaron el proyecto, calificaron a la Argentina como "socio estratégico" y enviaron a Buenos Aires una delegación integrada por el veterinario jefe de Rusia.

Sin embargo, una errática conducción de las negociaciones, a mi juicio, motivó que recién pasados ocho años se liberase por completo la introducción de carne argentina en Rusia.

En 1995 los bancos centrales argentino y ruso (Roque Fernández y Tatiana Paramónova) firmaron un convenio por el que en la práctica se establece un mecanismo de compensación y garantía de inversiones. Las negociaciones fueron largas y complejas. Pero mucho más prolongado fue el período de refrendación de ese documento por parte de la Argentina. El convenio, firmado y refrendado, nunca fue puesto en práctica pese a sus evidentes ventajas y preferencias.

Más de cien tratados, convenios, protocolos y documentos de cooperación han sido suscriptos y refrendados entre la Argentina y Rusia. Habría que trabajar duramente para descubrir que alguno de ellos esté en aplicación.

Experiencias con un similar grado de frustración se han dado en diversos campos, desde la modernización de ferrocarriles y construcción de subtes hasta genética animal, desde programas de solución definitiva para las inundaciones hasta la instalación de refinerías de aceite comestible en Rusia. Obvio abundar en cada una de ellas pero aseguro que son reales, han sucedido y seguirán sucediendo a poco que no entendamos claramente la necesidad de definir:

  1. un mecanismo de investigación permanente del mercado ruso en todas aquellas direcciones donde la Argentina pueda participar;
  2. una política concreta y a largo plazo de relación económica y comercial con Rusia;
  3. los medios y los modos para su instrumentación;
  4. un programa que incentive al empresariado argentino en el despliegue de sus potencias y posibilidades en el mercado ruso.

 

El ejemplo brasileño

¿Cuál es la situación en las relaciones entre Rusia y los países latinoamericanos? No se trata aquí de abundar en cifras y en estadísticas. Ellas son abiertas y están a disposición de cualquier poseedor de una computadora y conexión con internet. Tampoco de describir el panorama país por país. Aunque en algunos de ellos, como México, Venezuela, Colombia o Chile, el desarrollo de estas relaciones es un movimiento sostenido y enriquecido a lo largo de muchos años, en forma ininterrumpida.

Dejemos de lado situaciones coyunturales como la planteada por la prohibición a la exportación de carne argentina, que ha dejado al país sin su principal cliente en este rubro y a Rusia sin su principal proveedor. Ello provocó la presencia importante de compradores rusos en Uruguay o en Paraguay, donde incluso se ha registrado la adquisición de frigoríficos locales por parte de dichos compradores.

Veamos el paradigmático ejemplo de Brasil, que ha pasado a ser, por definición del propio presidente ruso Vladímir Putin, el nuevo "socio estratégico" en la región, desplazando a la Argentina de ese lugar privilegiado.

En la actualidad, su nivel de intercambio supera los tres mil millones de dólares y, según estimaciones de fuentes rusas, puede llegar hasta los diez mil millones anuales. Brasil se ha convertido en el segundo socio exterior ruso en el Hemisferio Occidental, luego de los Estados Unidos.

¿En qué se basa este desarrollo sostenido del intercambio económico entre ambos países? Por el lado del Brasil, Rusia recibe soja, carnes, cafés y otros productos primarios. En cuanto a la carne, Brasil es principal proveedor, en la actualidad, de carne aviar y porcina a Rusia. Con respecto a la carne bovina, los brotes de aftosa que se registran en diversos estados brasileños hace que el suministro no se incremente al ritmo que podría hacerlo aunque, de todas formas, es también el abastecedor fundamental. Incluyendo ahora algunos contratos para organizar el procesamiento de carnes en Rusia.

A estos temas de alimentos se le agregaron recientemente coproducciones industriales en ambas partes. Brasil, a su vez, recibe equipos industriales, insumos y tecnología de punta, además de cada vez mayores contingentes turísticos.

Los presidentes Lula y Putin, durante la visita del primero a Moscú en octubre de 2005, fijaron los objetivos a largo alcance de esta relación, que incluye la consolidación de su interacción tanto en el grupo de "países BRIC" como en el vínculo MERCOSUR-CEI. Estos objetivos ya habían sido definidos cuando el propio Putin viajó a Brasil, en noviembre de 2004, en una visita que comprendió también a Chile pero que eludió cuidadosamente a la Argentina . Entre otras cosas, Moscú respalda plenamente la intención de Brasil de convertirse, mediante la próxima reforma estructural de la ONU , en miembro permanente de su Consejo de Seguridad.

Con gran fuerza se desarrolla la cooperación en el sector aeroespacial. La empresa brasileña "Embraer" culmina las negociaciones para producir en Rusia aviones de cabotaje ERJ-145, de 50 plazas, en conjunto con plantas rusas. Entre ellas, la empresa "Maquinarias Rusas", un holding de construcción de maquinarias propiedad del multimillonario Oleg Deripaska. El empresario, además, es dueño de "RusAl", la segunda productora mundial de aluminio, que recibe suministros de mineral de empresas brasileñas desde hace varios años.

En la base espacial de Alcántara los especialistas rusos han desplegado una intensa actividad. Rusia participó en la reconstrucción de Alcántara después del fracasado lanzamiento de un cohete portador en agosto de 2003, y participa en el armado de varios satélites de comunicaciones que serán lanzados hasta 2010 con un nuevo cohete portador, el VLS.

El canciller ruso Serguéi Lavrov definía las relaciones económicas de la siguiente manera: "Rusia y Brasil trabajan coherentemente en la ampliación de la cooperación en sectores de tecnologías de punta, conforman una alianza tecnológica en la conquista pacífica del espacio cósmico, de la biotecnología, de la energética (incluída la atómica), de la industria aérea y el complejo militar industrial. Se amplía la cooperación en la agricultura, en la producción de maquinaria agrícola y en la incorporación de inversiones brasileñas en el agro ruso".

En materia energética, se prevé la participación rusa en la construcción de hidrocentrales y provisión de equipo energético por varios centenares de millones de dólares. En especial, se acentúa la cooperación en el tendido de gasoductos y oleoductos, en la exploración y explotación off shore y en la cuenca del Amazonia. El monopolio ruso del gas, Gazprom, y la brasileña Petrobras tienen firmado un convenio por el cual la empresa rusa podrá participar en el tendido del gasoducto transcontinental que unirá Venezuela con Brasil y la Argentina.

La automotriz rusa AvtoVAZ adquirirá una planta de motores diesel brasileña para sus vehículos en una operación superior a los mil millones de dólares. La brasileña Vale do Rio Dolce se adjudicó una importante licitación para explotar una mina de carbón coquificable en el norte de Rusia.

Durante su visita a Moscú, Lula fue explícito: "Brasil es la puerta a través de la cual Rusia puede ingresar a los países de América Latina. A su vez, Rusia es la puerta de nuevas posibilidades para Brasil".

 

La alternativa argentina

Volvamos a las relaciones entre la Argentina y Rusia.

Se trata de un replanteo operativo que defina acciones concretas y que supere las penosas experiencias pasadas. Esto presupone, como primera aproximación al tema, subsanar de inmediato un grave error que está costando grandes esfuerzos de inteligencia suplementaria y de incorporación incidental de conocimientos.

Desde junio de 2004 la Argentina no tiene embajador residente en Moscú. Por primera vez en la centenaria historia de las relaciones, este cargo deja de ser ocupado durante tanto tiempo.

Tanto más penosa la situación cuanto que el último representante diplomático argentino, el embajador Juan Carlos Sánchez Arnau, desplegó una actividad muy importante, despejó caminos que parecían cerrados por mucho tiempo más, como la comercialización de la carne argentina, y efectuó un trabajo de investigación sobre las posibilidades del mercado alimentario ruso, conjuntamente con el Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de Rusia, que debe ser considerado material permanente de estudio para todo aquel que se ocupe de las relaciones con ese país.

Como metodología, ese trabajo debe servir de patrón para cualquier otra investigación sobre cualquier otro campo de las relaciones bilaterales. Y, por supuesto, tendría que ser tomado por los correspondientes departamentos de nuestra Cancillería para desarrollar un estudio integral del vínculo con Rusia, que permita -como se dijo ya en este trabajo- establecer parámetros permanentes de acción y una definición política del sentido y los fines de la relación con ese país.

Sánchez Arnau es el realizador y redactor de las conclusiones finales de un seminario sobre economía comparada de ambos países, que reunió en Moscú a importantes economistas argentinos y rusos y generó, poco después, la publicación de un libro con todas las intervenciones. Otra pieza a tener en cuenta como referencia obligada.

Habida cuenta de los factores permanentes que inciden en estas relaciones bilaterales por la parte argentina, la tarea a realizar tendría que ser plenamente accesible. Entre esos factores conviene destacar el nivel tecnológico tradicional de nuestro país, su mano de obra capacitada entre las mejores del mundo, sus proverbiales riquezas naturales, su dinámico sentido de conocimiento mutuo, etc.

Hoy, por otra parte, existen otros factores coyunturales como la estable situación política y económica interna, el funcionamiento regular de organismos regionales y la gestión de un gobierno que proclama su interés en diversificar sus respaldos políticos y económicos internacionales.

Por el lado ruso, además de todo lo expuesto con respecto a su actualidad interior y a sus gestiones internacionales, contribuyen a la conformación de un programa conjunto de trabajo elementos tales como la complementariedad económica, la necesidad de desarrollar en Rusia un moderno complejo agroindustrial, las posibilidades de desarrollar sistemas de servicio inexistentes, deficientes o precarios hasta el momento en Rusia, etc.

De tal modo, la existencia de premisas semejantes brinda el marco para un intenso desarrollo de las posibilidades económico-comerciales y científico-técnicas. Ese es, precisamente, el título de la Comisión Intergubernamental creada en 1974, durante la visita a Moscú del entonces ministro de Economía de Perón, José Ber Gelbard. Una comisión que arrastra una existencia formal y que hasta ahora no ha incidido en absoluto en el progreso de las relaciones bilaterales. Por su parte, Rusia utiliza estas comisiones para lograr grandes adelantos en sus vínculos económicos con el propio Brasil, con los Estados Unidos o con los países de la Unión Europea.

En síntesis, habrá que replantear el trabajo tanto de la representación diplomática como de esta Comisión Intergubernamental. Su tarea deberá ser alcanzar los instrumentos necesarios para una superación cuantitativa y cualitativa en las relaciones con Rusia. En ambos casos existen los proyectos adecuados para cumplir con ese cometido. Basta con que se comprenda la esencial importancia del mismo y se manifieste el correspondiente interés para llevarlo a la práctica.

Aunque están presentadas las correspondientes propuestas para ese replanteo, quisiera terminar este trabajo con una enumeración de los temas que pueden ser abordados. En cada uno de estos grandes temas existen actores interesados en llevarlos a la práctica. Basta con instrumentar el mecanismo de promoción y encaminamiento necesario.

Entonces:

  • energía: provisión rusa a la Argentina de equipos generadores de conformidad con requerimientos (termo, hidro, sol, eólica, etc.); de combustible apropiado para el funcionamiento en la Argentina (directo, sin triangulación); de proyectos energéticos en todo sentido (hidrocarburos, atómicos, hidro y gasoeléctricos, no tradicionales, etc);
  • desarrollo agroindustrial: cooperación en la producción y comercialización mundial de maquinaria agrícola de todo tipo; cooperación e integración productiva en cárnicos, oleaginosos y farináceos; desarrollo de proyectos agropecuarios en ambas partes; transferencias tecnológicas;
  • transporte: en la Argentina y con aporte tecnológico, industrial y financiero ruso, renovación de infraestructura, redes y equipamiento ferroviario, electrificación de ramales; renovación y reequipamiento de la red de radares civiles; integración productiva en la industria aeronáutica; repotenciación de astilleros para navegación fluvial y marítima;
  • obras públicas: en la Argentina y con aporte tecnológico, industrial y financiero ruso, programa integral de solución definitiva para inundaciones; construcción y reequipamiento de puertos marítimos y fluviales; construcción de líneas de subtes; canalización y dragado;
  • desarrollo industrial: integración productiva en ambas partes en la industria automotriz; aplicación de tecnología de punta rusa en la Argentina en los sectores energético, electrónico, metalmecánico; integración productiva en aluminio, petroquímica e industria extractiva;
  • inversiones rusas: sector financiero puro; agro y agroindustria; sectores industriales como aluminio, extractivo, automotriz, alimenticio;
  • colocaciones argentinas: aceites comestibles, carnes, vinos, soja, tés-yerbas, pescado, cítricos y frutas, productos y tecnologías vinculados con alimentación, salud, servicios y confort, tecnologías y know-how vinculados con multimedia, etc;
  • colocaciones rusas: insumos industriales, fertilizantes, productos químicos, insumos medicinales, partes y repuestos, combustibles, etc;
  • seguridad: Equipamiento de nuestras fuerzas guardafronteras (Prefectura, Gendarmería) con sistemas de detección temprana e interceptación al contrabando económico y del narcotráfico y contra la depredación de nuestras riquezas ictícolas; equipo radioeléctrico de detección temprana, de defensa, de transporte y armamento apropiado para las fuerzas de seguridad;
  • desarrollos conjuntos: programas de intercambio financiero, intercambio de know how en temas como los previsionales, bancarios y financieros, turísticos, deportivos, etc. Programas determinados como fondos de pensión o medicina pre-paga;
  • finanzas: aplicación de líneas concretas de crédito de los bancos rusos para obras de infraestructura; soporte financiero para operaciones de comercio exterior, compra de equipos y maquinarias rusos, etc;
  • MERCOSUR: desarrollo de programas concretos de coparticipación e integración con la Comunidad de Estados Independientes y los países del Espacio Económico Único, intercambio de especialistas, programas turísticos, vinculación financiera.

Este es el final de un trabajo imperfecto, lleno de caminos colaterales, con muchos espacios blancos para llenar. Como todo lo que tenga que ver con la realidad y especialmente con las relaciones internacionales, tiene un ritmo dinámico y cambiante. De modo que no debe sorprender que pueda encontrarse algún elemento ya "en desuso".

Lo importante, a mi entender, es el grado de apreciación de los temas aquí expuestos y la capacidad que se pueda reunir para atender a su estudio e implementación.

En esa inteligencia, están todas las vías expeditas para la discusión, la corrección y el mejoramiento de estos textos. Con una sola condición: recordar siempre las palabras de Ortega y Gasset: "¡Argentinos, a las cosas!". Y aplicarlas, claro. Nos hace falta.

 

 
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