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Mercosur: La Herencia de los Libertadores.
Por Hernando Kleimans

 

La cumbre del MERCOSUR en Córdoba cierra un periplo que comenzó hace un par de semanas en Caracas, con la adhesión plena de Venezuela a la organización regional.

Cierra una etapa. No es la primera. Es, quizá, la última etapa de un ciclo fundacional, donde los encajes comerciales, las concertaciones reglamentarias y los chisporroteos económicos han tenido el suficiente tiempo de maduración. En quince años, el bloque sudamericano ha adquirido carta de ciudadanía, se graduó en solidez y adquirió la autoridad necesaria para pasar a una etapa más compleja: la integración política.

Merece la pena puntualizar que el Mercado Común Europeo tardó casi cincuenta años en hacer este mismo camino. Es cierto que el mundo ha cambiado. Pero también es cierto que Europa en estos últimos cincuenta años no atravesó las calamidades y los ataques que han tenido que soportar nuestros pueblos. Desde el analfabetismo crónico hasta las brutales dictaduras militares, torvas asesinas de nuestras mejores esperanzas.

Así estamos. Nuestros pueblos han evidenciado tal grado de madurez que en estos últimos años han generado, libremente, en esencia democrática, una nueva escala de líderes, más apegados a la realidad, debidamente consustanciados con las necesidades básicas de su gente, con el reflejo adquirido de la responsabilidad de gobierno.

En Córdoba participaron los presidentes de los cinco estados miembros: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, más los de los dos asociados: Chile y Bolivia, más los cancilleres de Perú, Ecuador y Colombia.

En la cumbre del "G-8" efectuada a mediados de julio en San Peterburgo, los presidentes brasileño y mexicano tuvieron tiempo de analizar el ingreso de México al MERCOSUR. Lula le aseguró a Vicente Fox que, como nuevo presidente pro tempore iba a acelerar al máximo los tiempos de adhesión mexicana a la organización regional. Pese a los optimismos del antiguo supervisor de ruta de Coca-Cola, su entusiasmo por la conformación de la Alianza de Libre Comercio de las Américas, el ALCA, no le facilitó el diálogo con su vecino del Norte y, por el contrario, le produjo los suficientes sufrimientos como para repensar su distanciamiento con el MERCOSUR.

Como dijo Lula en la reunión de clausura de la Cumbre cordobesa: "Dejamos nosotros de hablar del ALCA y nadie más habló de él. Porque para hablar del ALCA, primero hay que hablar del MERCOSUR". Y adelantó su visión de futuro: lo que denominó "MERCOAMERICA".

Tomando simplemente las previsiones del futuro inmediato, el MERCOSUR se convierte en la primera fuerza continental: más del 80% del PIB continental, casi 400 millones de habitantes, comercio inter-miembros de unos cincuenta mil millones de dólares.

En política internacional, esto puede volcarse casi en lo inmediato, en una ONU reorganizada por lo plantea su secretario general Kofi Annan, en una membresía permanente en el Consejo de Seguridad (Brasil) y en otra membresía alterna (Venezuela). En septiembre, en la renovada organización de No Alineados que, a instancias de Chávez habrá de volver a reunirse, el MERCOSUR sin duda tendrá la voz cantante. De aquí en más, resultará imposible que las reuniones del "G-8" pasen sin la presencia de representantes de la organización regional latinoamericana.

A partir de Córdoba, comienza la etapa de formación, dentro del MERCOSUR, de organismos tan importantes como el Banco del Sur, el consejo de notables y otras comisiones políticas, el parlamento del MERCOSUR, etc. Comenzarán a funcionar el Bonosur y otros mecanismos financieros tendientes a dotar de recursos para que los países "pequeños" puedan desarrollar sus proyectos básicos.

Además, dentro del mecanismo "mercosureño" comienzan a ser de práctica las reuniones bilaterales para allanar conflictos interestatales. Así es que se convierten en temas internos del MERCOSUR la salida al mar boliviana, los precios de los productos energéticos, la libre transportación de bienes y servicios, la participación abierta de todos en las licitaciones y concursos públicos, etc.

Proyectos como la integración gaso-petrolera o la distribución regional de electricidad, se convierten ahora en la base del desarrollo conjunto de la región. Una región que, a partir de la integración venezolana, dispone de la cuarta reserva mundial de hidrocarburos, la primera de agua potable, la primera producción de commodities agropecuarias como soja, oleaginosas, carnes, ingentes reservas de minerales. Una población homogénea, un único idioma, una historia común y tantas otras cosas que quedaron reflejadas en las sesiones tanto caraqueñas como cordobesas de los presidentes del MERCOSUR.

Es inevitable advertir el cambio fundamental operado en la vida de la organización tras la aparición de líderes como los actuales. Lula, Chávez, Kirchner o "el Evo" se caracterizan por sus originales y apasionadas formas de funcionamiento. Esto se reflejó en una mínima escena registrada durante el traspaso de la presidencia de Kirchner a Lula: "me cuesta mucho ser formal", dijo el argentino, y se levantó para entregarle los "atributos del mando" al brasileño: ¡el martillo de sesiones! Y Lula lo aceptó con toda naturalidad para luego cambiarse de asientos y sentarse. ambos en medio de las delegaciones cruzadas: Lula entre los argentinos y Kirchner entre los brasileños.

Por cierto, nadie intenta volver a la contraposición "personalidad-organización". Desde que Perón plantara en medio de la conciencia política continental aquella definición contundente de que "la organización vence al tiempo", esa contradicción dejó de tener valor. Empero, una cosa es que esa organización la encabecen los "Alveares" de turno, y otra cosa que lo hagan los "Bolívares" o los "San Martines". Porque los segundos, además son los impulsores de figuras claves como Castelli o Sucre, o Páez, o Güemes, o de hechos heroicos como los llaneros o los negros de San Martín.

Se da la enorme y nada casual coincidencia de una pléyade de líderes nacionales elegidos por la libre expresión de sus propios pueblos. Cargados de motivaciones democráticas, de cambio, de solidaridad. Despojados de los "pathos" seudo-revolucionarios que facilitaron en las épocas negras a los sectores más cavernícolas descargar la represión más bestial e imponer el modelo neo-liberal exterminador de nuestras soberanías, estos dirigentes responden orgánicamente, visceralmente, sin alternativas, a los reclamos populares. Ese modus operandi tan "original" se traslada sin solución de continuidad al trato inter-MERCOSUR.

En Caracas, además, vimos en acción a uno de los principales impulsores de este nuevo MERCOSUR: el comandante Hugo Chávez. Su relación con su pueblo, la forma de encarar la comunicación con los distintos sectores sociales, su permanente diálogo en medio de la gente, el respaldo absoluto con que cuenta "allá abajo", el empuje con que mueve los programas sociales, ya sean "el Batallón 51", "Barrio Adentro", las misiones, la campaña de alfabetización. Todos elementos que contribuyen a consolidar la impresión de que estamos delante de uno de los líderes que más ha asimilado el "estilo Perón".

Volcado al MERCOSUR, ese estilo está dando excelentes resultados. Contra los agoreros que pronostican el fin de la organización, su desintegración y su inutilidad, y con ello la inevitable subordinación a la "globalización" dictada por Washington, los resultados de Córdoba demuestran que los dirigentes mercosureños saben encontrar los caminos alternativos que permiten superar divergencias y litigios.

Para destacar: la dinámica de superación de los estados de crisis que han vivido todos los países de la región, sin excepción, genera y seguirá generando distintos conflictos y diferencias entre ellos. Es natural. Pero esto está lejos de significar rupturas y finales. Por el contrario, existe una firme toma de posición en el sentido de buscar siempre los puntos comunes y desarrollarlos. La "unidad en la diversidad" que proclama Michele Bachelet implica un desarrollo dialéctico de los desniveles y asimetrías. El punto central es saber encontrar, con la paciencia que demanda Lula, los caminos del desarrollo común.

Hay que tener en cuenta que a las puertas del ingreso al MERCOSUR se encuentran otros países y que, finalmente, no podrá conformarse una homogeneidad ideológica en el bloque. Por eso, tanto más es acertada la postura adoptada en el final de la cumbre cordobesa. En Caracas tuvimos oportunidad de comprobar un ejemplo concreto de esta nueva "unidad en la diversidad". Los presidentes Hugo Chávez, Álvaro Uribe de Colombia y Mario Torrijo de Panamá, inauguraron el gasoducto transcaribeño que desde el noroeste venezolano y a lo largo de casi 300 kilómetros, provee de gas a Colombia y Panamá. Para las tres naciones este gasoducto significa un enorme paso adelante y no sólo en sus desarrollos económicos. En la región venezolana que atraviesa, el gasoducto genera fijación de la población originaria, miles de nuevos puestos de trabajo, asentamiento de centros educativos y de salud, nuevas radicaciones productivas y sólida vinculación con otras regiones.

En tal sentido define Caracas el gigantesco proyecto del Gran Gasoducto del Sur. Su trazado abarcará todos los países del MERCOSUR y permitirá la optimización de los grandes recursos en hidrocarburos de Venezuela y Bolivia en función de las necesidades de sus colegas mercosureños. En la capital venezolana, inmediatamente antes de la reunión cumbre que incorporó a Venezuela a la organización regional, los ministros del sector de todos sus países miembros iniciaron la coordinación del proyecto. En esos mismos días, como corolario de la inauguración de la primera empresa conjunta entre PDVSA y Petrobras, sus directivos se reunieron con representantes del gigante gasífero ruso Gazprom y de la brasileña Odebrecht (ambos con operaciones en marcha en Venezuela) para tratar la planificación de la obra.

Por cierto, su posición de quinto exportador mundial de hidrocarburos le permite a Caracas avanzar en la concreción de este proyecto. Sin embargo, esto también le permite continuar con la compra de los bonos de la deuda argentina, acordar con Paraguay la prospección de yacimientos de hidrocarburos en el Chaco paraguayo, financiar grandes proyectos económicos y sociales en Bolivia y seguir avanzando en la integración energética caribeña.

Durante nuestra estadía en Caracas, el Palacio Miraflores completó los 1.200 millones de dólares en bonos argentinos, que luego coloca en su sistema financiero con interesantes ganancias.

Esto no le resta capacidad al presidente Chávez para impulsar activos programas de inclusión social. Hemos comprobado el alto ritmo de construcción de viviendas que se entregan gratuitamente a los habitantes de los "barrios" caraqueños y del interior del país. A propósito de los "barrios". Así se denominan las enormes favelas caraqueñas, que se levantan en las laderas de los cerros que encierran a Caracas por todos lados. Construcciones de precario material se enciman y trepan por la montaña, creando un complicado panal de necesidades y carencias. Sus moradores nos decían: "en cuarenta años nadie hizo nada. Nuestro presidente está entregándonos casas todos los días".

No es fácil para un turista desprevenido ingresar a los "barrios". Por su propia construcción son muy cerrados, laberintos en los que hay que contar con gente del lugar no sólo como guía sino como salvoconducto. En su interior, el gobierno de Chávez los ha provisto de agua potable, luz eléctrica y, lo que es más importante, de los centros "Barrio Adentro". Verdaderas misiones en las que se presta asistencia médica básica y se atienden las urgencias sanitarias de los habitantes.

Hablábamos de la nueva raigambre socio-política de los líderes latinoamericanos. Al tornero Lula, al pastor aymará Evo o a la pediatra Bachelet siempre los han rodeado instancias populares en las que vivieron insertos. Con el resto de los dirigentes continentales podríamos referir las mismas circunstancias. Esto tornó natural el desenvolvimiento de acciones de intercambio que ayudan a mejorar la calidad de vida.

La ahora famosa "Operación Milagro" ya es un operativo en el que los médicos cubanos que lo iniciaron sólo mantienen una gestión de control pero en el que participan profesionales venezolanos, chilenos, bolivianos, argentinos o uruguayos. En las montañas venezolanas actúa el "Batallón 51" integrado por médicos de toda América Latina, que prestan sus servicios a comunidades indígenas de la cuenca del Orinoco o de las estribaciones occidentales de los Andes.

El presidente Tabaré Vázquez ha dispuesto la transferencia de tecnología para la instalación en Venezuela y en Bolivia de sendos centros médicos de alta complejidad, cuyo "know how" es uruguayo.

En la celebración del Día de Proclamación de la Independencia, el 5 de julio pasado, junto con los efectivos venezolanos desfilaron en Caracas efectivos del Regimiento de Granaderos General San Martín, ante la mirada de los presidentes Chávez, Kirchner y Morales. Nada nuevo. Los granaderos terminaron su combate contra la dominación colonial no lejos de allí, en tanto que los llaneros de Sucre lo hacían en el altiplano boliviano.

Sería una redomada ingenuidad terminar esta relación en un tono de inmarcesible optimismo. El camino hacia la unidad latinoamericana es difícil y costoso. No está todavía claro su derrotero. Asistiremos a muchas marchas y contramarchas y cometeremos muchos errores. Sin embargo, la nota dominante sin duda es el esfuerzo por lograrlo, el intento de considerar las divergencias, la determinación de hallar las complementariedades.

Estamos recién en el inicio de un proceso que a otras regiones, la europea por ejemplo, les lleva décadas de consolidación. Sigue siendo una utopía pensar en variables de unidad política para la región. Pero la simple definición de pautas económicas como las logradas en Caracas y en Córdoba ya son aperturas hacia esas variables.

En la Avenida Universidad esquina con El Chorro, pleno corazón comercial caraqueño, un vendedor ambulante de aripas me dijo algo que anoté en mi memoria: "soy llanero, como mi presidente Chávez, por eso yo no ando con vueltas y disculpa si soy brusco. Dejémonos de vainas y hagamos lo que soñaron Bolívar y San Martín. Eso sí que será chévere, mi hermano".

 

 

 

 
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