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Las nuevas relaciones internacionales y la guerra frķa
Por Hernando Kleimans


Cuando el muro berlinés se derrumbaba irremisiblemente, el entonces presidente de la Unión Soviética Mijaíl Gorbachov le advirtió a su colega norteamericano Ronald Reagan: “no saben lo que van a tener que enfrentar”…

Y es que ese derrumbe no podía frenar el desarrollo de complejos procesos sociales y políticos que comenzaban a despuntar en el mundo a principios de la década del 90.
Las primeras apariencias triunfales de la unipolaridad, de la globalización neoliberal y del mentado estado de bienestar terminaron por develar sus verdaderos rostros: el estallido de la concepción unipolar provocado por la agudización de los conflictos regionales, la fragilidad y el esquematismo de esa globalización y, por supuesto, la desenfrenada agudización de la desigual apropiación de la renta social.

Hoy, veinte años después de aquellos memorables episodios, la guerra fría se ha reciclado dialécticamente en una nueva categoría. Ocurre que superficialmente son los mismos jugadores los que la impulsan pero, en una lectura más detenida y mucho más profunda surge incontrastable la potente presencia en la beligerancia de numerosos estados nacionales en desarrollo independiente y la mayoría de las veces con estrechas vinculaciones entre sí como medio para enfrentar a la metrópoli.

Bueno, claro, nada nuevo. Basta con revisar la historia de la caída del imperio romano. La poderosa Roma fue descuartizada por los “bárbaros” con sus armas ligeras, sus masas combatientes y sus vinculaciones tribales transversales. Roma se vio privada de sus fuentes naturales de abastecimiento, sus legiones se convirtieron en ejércitos de ocupación con todo lo que eso implica como degradación y corrupción y sus líderes fueron cada vez más mesiánicos.

En este caso, la modernidad impone sus nuevas tecnologías y métodos. Además, un criterio ético que muchas veces es hipócrita vela las salvajes matanzas que, en la época de los “bárbaros”, se explicaban por la necesidad de defender el imperio antes que por pragmáticos criterios de supervivencia. La respuesta de los atacados era, obviamente, simétrica. ¿Cuál puede ser la diferencia entre el incendio de una población en el Asia Menor y el incendio de Roma?

La misma diferencia que puede existir entre “Pax romana” y “globalización”…
Los avances científico-técnicos, el desarrollo impetuoso de los medios de producción y la aceleración de la acumulación de bienes decantan procesos que hasta hace poco tiempo atrás eran impensados e incluso impensables. El primero de ellos es el que comienzan a utilizar las naciones en desarrollo para apropiarse de esos avances. Pocos años atrás estas naciones recibían en calidad de dádiva lo que la sociedad post-industrial (el milliardo de oro) le arrojaba para salvarse de las producciones “sucias”. Hoy, muchos de esos Estados se han convertido en punteros de la revolución científico-técnica. En sustentadores de su desarrollo. En proveedores de los elementos necesarios (energéticos, insumos, nuevos materiales, etc.) para la alimentación de esa revolución.

De tal modo, el acceso a los nuevos medios de producción ha dejado de ser un hecho hermético, casi místico, enajenante. Por el contrario, las metrópolis se alejan cada vez más de las fuentes de la producción: materias primas, territorio, capacidad de reproducción, etc. La dependencia es hoy un concepto de mercadeo donde las grandes transnacionales deben atender cada vez con mayor subordinación los dictados y normas de los países en los que se asientan. Cuando no aceptan esta relación, son obligadas a retirarse pero –atención- sin dañar el patrimonio productivo generado que pasa a manos de los idóneos nativos.

La contradicción fundamental de nuestra época, sin dudas, reside en el enfrentamiento entre esta nueva realidad y la poderosa resistencia de las metrópolis a ceder posiciones. La falta de adaptación a los cambios sigue siendo el principal motor de sangrientas beligerancias que convirtieron al pasado siglo en el más mortífero de la historia de la Humanidad. En consonancia con ello, los pueblos se consolidan como los principales garantes de la paz mundial.

El auge en todo sentido –con todas las dificultades y anfractuosidades imaginables y evidentes- del grupo BRIC es una clara muestra de la tendencia general de desarrollo de la sociedad mundial. Las estadísticas indican que los países BRIC y sus consocios serán los líderes del futuro PIB en poco tiempo más.

El parangón romano sigue evidenciándose en la declarada liviandad con que se informa acerca de estos procesos socio-políticos. De la misma manera fellinesca con que los patricios romanos contemplaban las ruinas del imperio, actúa hoy en el plano internacional la estructura informativa y comunicativa de las metrópolis. Los medios de difusión, altamente tecnologizados, son empleados en plenitud para destacar la frivolidad de una sociedad que claramente está siendo reemplazada por nuevas estructuras sobre las cuales poco o nada se da cuenta.
Con una perfecta máscara de objetividad, las grandes cadenas informativas se dedican a presentar la realidad tal como la “necesitan” sus mandatarios. Con un gran despliegue técnico y a costa de grandes presupuestos financieros, intentan interferir en el desarrollo de esos procesos de cambio, modificándolos y virándolos según sean las directivas recibidas. La sofisticación con que abordan esta tarea muchas veces impide asumir los hechos tal cual ellos son. Deforma la evaluación de los factores que definen estos hechos. Distorsiona las características de sus protagonistas.

Sin embargo, el desenvolvimiento dialéctico de estos mismos hechos enfrenta a estas usinas con sus propios fracasos y, en muchos casos, con la ruina. La manipulación de la información, el “miente, miente…” tradicional conduce a ensanchar el abismo que separa estos manipuladores de la verdad y, por lo tanto, a generar cada vez mayores dificultades e impedimentos en su deformación lo que, finalmente, provoca la imposibilidad y la impotencia de toda la operación.
La actual revolución informática tiene, como principal motor precisamente la incorporación de grandes masas a las fuentes directas de los hechos. El acceso cada vez más irrestricto al conocimiento puro de la realidad. Sería realmente un contrasentido si el progreso de la base económica de las sociedades humanas produjera lo contrario: el aislamiento y la alienación de las amplias capas sociales.

Esta revolución informática ha evidenciado ser la síntesis de todos los desenvolvimientos económicos, tecnológicos y científicos de la actualidad. Por esta razón, concentra la máxima atención de los factores de poder tanto de uno como de otro lado de las barricadas. A diferencia de las doradas épocas del romanticismo periodístico, hoy el suministro de noticias se reviste de aparentes rigurosidad y eficiencia informática. Ello es necesario para solventar los procesos de desinformación y permitir la continuidad de esquemas de poder perimidos que frenan la asunción de nuevas formas de relaciones sociales basadas en la asimilación de los nuevos modos de producción.

Por lo visto, la tarea para la “vanguardia iluminada” es descubrir estas contradicciones y presentar el verdadero cuadro informativo acerca de la realidad. En especial este cometido es imprescindible en el plano internacional. La internacionalización del trabajo y la concentración de la apropiación de su renta convierten este plano en la principal arena de lucha entre lo nuevo y lo viejo, entre lo naciente y lo muriente, entre la demanda de las grandes masas de acceso al poder real y la agresiva resistencia de los sectores monopólicos que lo detentan.

En este sentido, la actualidad latinoamericana es arquetípica. Como resultado de prolongados y sacrificados movimientos populares, en la mayoría de sus países se instalaron gobiernos que, en mayor o menor medida, responden a los intereses de dichos movimientos. El cuadro internacional que proponen estos países difiere profundamente no sólo de la representación convencional que, como “patio trasero” de los EE.UU. estaba vigente, sino también de los propios intereses de Washington.

Resulta innecesario demostrar el fiasco de la conducta del Departamento de Estado para con los países latinoamericanos. La incomprensión, la irrealidad y la falta de medida en sus actitudes se muestran en cada paso que pretenden dar. En realidad, la indefinición en casos cuasi “domésticos” como los TLC no aprobados con países “amigos” como Perú o Colombia, o el desmoronamiento de una política migratoria interna que atienda los reclamos de la primera minoría étnica norteamericana, son parte del mismo criterio evanescente con que la Casa Blanca opera en Medio Oriente, en Asia Central o en Europa Oriental.

Las reflexiones o genuflexiones de ciertos ideólogos nativos todavía acaballados en las presuntas bondades unipolares o globalizantes de los 90, son exteriorizaciones de ideologías que todavía no comprendieron hacia dónde marcha la sociedad humana.
Rasgarse las vestiduras por acciones emprendidas por aquellos gobiernos que responden a movimientos populares, perfectamente soberanos y decididamente aptos, demuestra la falta de análisis científico y el grado de dependencia ideológica de estos “pensadores”.

La concatenación de los procesos internacionales con las situaciones domésticas obliga a tomar posiciones muy dinámicas, sensatas y consensuadas con el resto de los factores actuantes. A revalorizar categorías como “democracia”, “soberanía”, “bienestar social”, “pensamiento independiente”, “defensa popular”, etc. Es decir, a quitarle estas categorías a quienes las convirtieron en sobreentendidas y anquilosadas herramientas de preservación de relaciones sociales obsoletas.

Los recientes acuerdos entre Venezuela y Rusia, Bielarús e Irán sucritos por el presidente venezolano Hugo Chávez durante su reciente gira por aquellos países, lo mismo que la informal cumbre entre los presidentes Vladímir Putin y George Bush, sólo pueden ser apreciados en su justa dimensión si se los analiza con aquellos criterios.

En el primer caso, se refirmó la aptitud soberana de un estado a decidir sobre sus propios caminos en materias tan estratégicas como la energética o la defensa. Los tiempos han cambiado y los anteriores parámetros con que se medían determinados logros de la Humanidad fueron reemplazados por otros, mucho más amplios y abarcadores. El antiguo “club atómico” selectivo y segregador, es consecuentemente destruido por el acceso de un número cada vez mayor de países a la energía atómica. ¿Qué hacer? ¿Invadir a cada país que adquiera un reactor nuclear? Pero el caso norcoreano abunda en advertencias de que tal política es, hablando con cierta indulgencia, errónea.

La disponibilidad soberana de sus hidrocarburos permite a países como Venezuela o Bolivia discutir en un plano de igualdad con las petroleras mundiales. Algo que hasta hace muy poco era un disparate utópico e irrepetible.

La industria norteamericana del armamento pierde cada vez con mayor velocidad su condición hegemónica mundial. El deterioro de su capacidad innovadora, tanto en este plano como en el espacial impulsa a muchos gobiernos de responsabilidad popular a buscar alternativas para su defensa. En nuestro continente, además del conocido reequipamiento venezolano con armamento y equipos rusos, Moscú soporta el desenvolvimiento de la industria espacial brasileña, negocia suministros de defensa a Perú y Chile, acuerda importantes convenios con Cuba que reflotan su relación con la Isla y la convertirán en una de las bases de trasbordo aéreo más importantes de América Latina.

En materia energética, Chávez reemplazará las petroleras norteamericanas que no se avinieron a sus condiciones nacionalizadoras, con gigantes como “Lukoil” y “Gazprom”, que con mucho gusto se ocuparán de los trabajos en la faja del Orinoco, seguramente la principal reserva mundial de hidrocarburos. Una fuente de “Lukoil” señaló: “Venezuela tiene colosales reservas petroleras, aunque se trata de petróleo pesado. Ellas superan los indicadores de la propia Arabia Saudita. ‘Lukoil’ adquirió allí la posibilidad de trabajar varios yacimientos. Pero nosotros estamos interesados no sólo en extraer este petróleo, sino en refinarlo. Además, estamos interesados en suministrar equipamiento a Venezuela. No producimos sólo técnica militar, sino también alguna civil. En América Latina esta técnica es requerida”

En Bolivia, el cuadro es similar y Evo Morales mantiene intensas negociaciones con representantes de las petroleras rusas. Lula tiene acuerdos con Moscú para explorar la riquísima cuenca amazónica. “Zarubezhneft”, consorcio ruso que concentra el esfuerzo exterior de algunas grandes empresas, se apresta a desembarcar en la Argentina y está en condiciones de convertirse, junto con el gigante “Energy Power” de San Peterburgo, en pilares para el arduo trabajo de recuperación energética que tiene por delante nuestro país.
De modo que, pese a los esforzados silencios de los grandes centros informativos mundiales, esta es la tendencia. Países soberanos que buscan en otros países soberanos alternativas válidas para desembarazarse de seculares estructuras de dependencia y miseria.

Es la quinta vez que Chávez viaja a Rusia. Pero no es el único líder latinoamericano que lo hace. Quizá la relevancia mediática del venezolano hace pasar inadvertidas las visitas de Lula o las negociaciones de Evo. Estamos ante la evidencia del surgimiento de nuevos centros de poder internacional. Ellos aportan una nueva influencia basada en la compatibilidad de intereses. Una compatibilidad que es buscada a través de pruebas y contrapruebas, que como todos los movimientos presenta avances y retrocesos, pero que no deja de consolidarse, entrelazarse, incorporar nuevos elementos.

En tal sentido, el interés que despierta en Moscú la nueva realidad latinoamericana es evidente. Mijaíl Deliaguin, uno de los politólogos más reconocidos en Rusia, apunta: “La época del dominio único e indivisible de los Estados Unidos en América Latina se acaba. Los norteamericanos no tienen recursos para respaldar sus posiciones como dueños y señores únicos del mundo. Correspondientemente, el mundo se hace poli céntrico. Se eleva el grado de autonomía de América Latina, que durante largo tiempo fue el patio trasero de los EE.UU. En esos países acceden al poder líderes de izquierda. En el marco de la diversificación de nuestras relaciones políticas internacionales, incuestionablemente, es imprescindible fortalecer las relaciones con estos dirigentes”.

Este fortalecimiento, en el caso concreto del venezolano, se cumple inclusive en niveles insospechados. En Rostov del Don, donde asistió a carreras hípicas junto con Putin, Chávez recibió el certificado que testimonia su pertenencia al cuerpo de cosacos, del cual la ciudad es un centro tradicional. Además del correspondiente diploma, el presidente venezolano recibió el sable cosaco, un frasco de colonia y un cuadro. En él aparece Chávez con una faja en la cintura y una pierna colocada sobre el caído presidente George Bush, mientras su mano rompe la bandera norteamericana.

En el hipódromo, además de Putin y Chávez, estaban presentes los presidentes de Azerbaidzhán Ilham Alíev, de Uzbekistán Islam Karimov, de Moldavia Vladimir Voronin y de Armenia Robert Kocharian. El presidente de la república autónoma de Ingushetia, en el Cáucaso ruso, Murat Ziazikov, luego de saludar a Chávez afirmó que “él, por su carácter, se parece bastante a los ingushetios”.

Durante su encuentro con los diputados de la Duma de Estado (la cámara baja de la Asamblea Federal rusa), también ocurrieron memorables anécdotas. La vicepresidente de la Duma, Liubov Sliska, calificó el encuentro como “inolvidable”. La dirigente de la oficialista “Rusia Unida”, puntualizó: “nos fotografiamos, nos abrazamos y nos besamos. En la mejilla de Hugo quedaron huellas de mi lápiz labial”.

El anuncio hecho por Chávez en Moscú, acerca de un nuevo viaje de Putin a América Latina para fines de 2007 ya es sintomático. Putin inauguró la presencia de líderes rusos en nuestro continente hace un par de años. Ahora mismo asistió en Guatemala a la reunión del Comité Olímpico Internacional que decidió acerca de la designación del balneario ruso Sochi sobre el Mar Negro como sede de las olimpíadas de invierno 2014. Los viajes de Putin desencadenan como es lógico, frecuentes giras de diversos funcionarios y hombres de negocio rusos por un continente que hasta hace muy poco tiempo se consideraba “coto cerrado” norteamericano.

“Gracias presidente –le dijo Chávez a Putin-. Gracias hermano, gracias por tu invitación. Hablaremos de las principales tendencias en la historia, de la necesidad de retornar las ideas geopolíticas. Los países progresistas deben unir esfuerzos y formular un nuevo modelo del mundo”.

El resurgimiento ruso luego de la bacanal “ieltsinista” permite que estos movimientos tengan un buen correlato político y económico en el nivel más elevado de la gestión internacional. La destrucción del concepto unipolar viene acompañada por la desaparición de concepciones como el “fin de las ideologías” o “la guerra de civilizaciones”. En algunos casos, como los de Asia Central, son criterios que se vienen imponiendo a costa de grandes derramamientos de sangre, de tremendos dolores y angustias. En otros casos, como los de América Latina, se imponen a pesar de una tenaz contraposición informática, no menos cruenta que el enfrentamiento bélico.

La reciente reunión en Kennebunkport, la residencia de los Bush en Maine, confirma este análisis. Putin llegó al simpático puerto familiar inmediatamente después de recibir a Chávez en una atmósfera algo más que cordial. Una atmósfera que impulsó al eterno alcalde de Moscú Yuri Luzhkov a saludar enfervorizado a Chávez como a un “luchador antiimperialista”. Putin acompañó este antecedente con las exitosas pruebas de un nuevo sistema misilístico que hace trizas las actuales y futuras estrategias antimisilísticas del Pentágono. El “Bulavá”, además de tener múltiples cabezas nucleares, posee dirección inteligente y variable. Una respuesta varias veces más barata que la complicada e inestable estrategia cósmica de Washington.
Estos pasos condicionan, desde luego, la política norteamericana que trata de convertir a los países de Europa Oriental en fortines “contra el ruso”. La opinión pública polaca y checa ha tomado con gran sensibilidad las tratativas estadounidenses para establecer en esos países un sistema antimisilístico so pretexto de la “amenaza terrorista” de países como Irán o Corea del Norte y en realidad orientado a batir objetivos rusos.

Yuri Baluevski, el jefe del estado mayor de las fuerzas armadas rusas, definió categóricamente la situación: “no estamos preocupados por esto. Quienes deben estarlo son los checos y los polacos”. E inmediatamente advirtió sobre la posibilidad de orientar los misiles rusos hacia estos sistemas, en el caso de que sean instalados.
Conviene recordar aquí, es pertinente, la lista de armamentos negociados en Rusia por Chávez, ya que esto será tenido muy en cuenta por muchos países que están en vías de liberarse también de ese aspecto fundamental de la dependencia. Helicópteros Mi-35M de combate y Mi-26T de transporte, caza interceptores Sujoi-30, submarinos diesel misilísticos “Amur” y clase 636, sistemas anticohetes TOR-M1, equipos costeros antiaéreos y tierra-mar, armamento liviano, etc. En breve, tal como ocurre por ejemplo con la India, serán ofrecidos tanques T-80 y T-90, en reemplazo de los obsoletos blindados venezolanos, en muchos casos reformados por los propios venezolanos.

Pese a las declaraciones de Washington, este armamento no está vinculado ni con la amenaza terrorista ni con intentos ofensivos de los estados que los adquieren. En el caso de los submarinos, por ejemplo, los modernísimos 636 deberán reemplazar a los dos viejos submarinos alemanes clase 209 con que cuenta la armada venezolana. Según Chávez, ellos permitirán estructurar la defensa de la cuenca caribeña y sus yacimientos petrolíferos, de eventuales ataques norteamericanos. “Tenemos medio millón de kilómetros cuadrados de espacio marítimo –dijo Chávez en Moscú-. No hay nada de asombroso en que compremos submarinos. ¿Si va a llevar armamento a bordo? ¡Por supuesto!”

La amenaza terrorista es agitada como un espantapájaros por la dirigencia política norteamericana. Está claro que ni Irán ni Corea del Norte tienen misiles balísticos que puedan atravesar todo el continente europeo, el Atlántico y descargarse sobre blancos de la costa Este norteamericana. Esto deja al descubierto los verdaderos fines de esta estrategia: impedir la formación de nuevos polos políticos mundiales.

Este objetivo es una fijación enfermiza de la Casa Blanca, como lo admite “The Washington Times” en un material que el diario titula “Cumbre tenebrosa”, refiriéndose al encuentro Putin-Bush en Maine. “La actual elite (rusa) determina los objetivos estratégicos de Rusia en la creación de una alianza de hecho con el mundo musulmán, en particular con Irán y Siria, así como con China. El Kremlin extiende su mano también a otros jugadores que intentan violar el status quo, como el presidente de Venezuela Hugo Chávez”.
Sería muy interesante definir qué entiende el periódico de la Casa Blanca por “violar el status quo”. ¿De quién el status quo?
En Kennebunkport, Putin y Bush volvieron a refrendar la política de no proliferación de armas atómicas. Hasta allí llegó el consenso. Luego, cada parte sigue sosteniendo sus posiciones. Washington pretende interrumpir cualquier desarrollo nuclear en cualquier lugar del mundo. El Kremlin propone la creación de centros internacionales donde se pueda monitorear el empleo del átomo con fines pacíficos.

En este sentido, Chávez volvió a puntualizar su criterio de desarrollo independiente. En la reunión con los parlamentarios rusos, el presidente venezolano declaró que tanto su país, como Irán y la Argentina, tienen derecho a la utilización pacífica del combustible atómico. “Irán –agregó. Tiene derecho a desarrollar la industria atómica pacífica. Es un país soberano. El presidente del Brasil anunció sus iniciativas en el ámbito de la energía atómica pacífica. Brasil también tiene derecho a esto”. Declaración que, sin duda, inquietará a algunos dirigentes occidentales.
En Irán, Chávez refirmó esta postura al colocar la piedra basal en Assaluyeh, 920 kilómetros al sur de Teherán, de un complejo industrial conjunto para la producción de metanol. Ambos países financiarán la obra, con un presupuesto superior a los 700 millones de dólares. Una planta similar será levantada también en Venezuela.

De regreso a Caracas, Chávez acaba de poner como ejemplo el modelo iraní para incorporar zonas deprimidas del país en el complejo petroquímico a levantar.
Chávez y el presidente iraní Majmud Ajmadinedzhaj firmaron 17 convenios de cooperación. Ellos profundizan una relación que eriza los ánimos de la Casa Blanca, que la califica como otro hito en la alianza antidemocrática de los países que fomentan el terrorismo.

Mientras tanto, ninguna señal permite deducir que Washington está realmente empeñado en la modificación radical de las condiciones que sirven de caldo de cultivo al terrorismo. Las permanentes matanzas de afganos e iraquíes o la existencia del ignominioso campo de concentración de Guantánamo, la encubierta existencia de prisiones ilegales en países de Europa Oriental, la abrupta reducción de los derechos individuales en el propio territorio norteamericano (Patriotic Act) o el fusilamiento de centenares de inmigrantes ilegales mexicanos por año son, otra vez hablando con indulgencia, acciones lejanas a ese objetivo y, por el contrario, provocadoras de nuevos actos terroristas.

Con un barril de crudo WTA a 71 dólares y sus reservas casi agotadas, Washington debería ser más cuidadoso con sus estrategias políticas internacionales. Tanto en sus acciones inmediatas como en sus líneas de conducta permanentes. La administración norteamericana suele caer en ridiculeces como la proclamación del etanol como alternativa de los hidrocarburos. Con lo que logra, únicamente, elevar el precio de los cereales en su propio mercado pero ni una gota más de combustible. Para ello, está claro, hacen falta grandes inversiones por algunos años.

En Moscú no excluyen la posibilidad de que los Estados Unidos financien este desarrollo. “Los norteamericanos –dicen expertos rusos- tienen una gran demanda por etanol. Brasil es el único país en el mundo donde la producción de biocombustible, incluso tomando en cuenta la parte impositiva, es realmente rentable. Para los brasileños, se trata de una espléndida perspectiva de cooperación. Pero habría que cuidarse mucho en decir que Brasil es un estado pro-norteamericano”.

Vladímir Davydov, director del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de Rusia, señala que su país necesita de América Latina. La cooperación energética, dice este doctor en economía “debe estimular el retorno ruso al continente latinoamericano”. Pero advierte que “no pienso que para Rusia, Venezuela debe reemplazar a la Cuba de la época soviética. El Kremlin no aspira a construir un coto cerrado en América Latina”. Ante la afirmación de Chávez de que ya es tiempo de inaugurar una nueva era en las relaciones entre Rusia y América Latina, Davydov concuerda con ello e indica que “nosotros podemos ser una alternativa a Washington para poner fin al mundo unipolar”.

 

 

 

 
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