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En las cercanías de las elecciones para el Congreso de los EE.UU., surge una diferenciación creciente en las posturas de los contendientes. Hasta el momento los hechos que los medios de comunicación resaltaban, tocan temas importantes en el imaginario de los ciudadanos pero que tienen su apoyatura en el contexto cotidiano. El modelo de tratamiento de las minorías, la temática migratoria, la modificación de las pautas culturales, etc..
No surgían elementos que pusieran en debate los contenidos conceptuales y las explicaciones del discurso oficial, que generaron la aceptación veloz de las normativas de control y regulación del comportamiento cotidiano de los ciudadanos después del 11 de septiembre.
Esta fecha produjo el efecto de un catalizador sobre la conciencia de la población, respecto a las dificultades de asumir la peligrosidad de la disputa por la seguridad internacional en los limites interiores de los EE.UU..
La crisis que se produjo en la concepción de la forma de resolución de conflictos en lo que atañe al accionar del terrorismo internacional, dio oportunidad a determinaciones pragmáticas que incrementaron actitudes extremas y limitaron las mediaciones o arbitrajes posibles en el campo tradicional de la diplomacia.
El fundamentalismo ideológico dio paso al fundamentalismo instrumental, que objetivamente modifico las pautas de las guerras de baja intensidad, que existían en las primeras etapas de la globalización y desencadeno conflicto de alta intensidad.
En el momento actual, surge a partir de una entrevista efectuada al ex Presidente Bill Clinton, el 24 de septiembre del 2006, en el programa del periodista Chris Wallace, en la cadena Fox News, una interpretación diversa de las políticas militares y de seguridad, con su trasfondo en lo relativo al modelo internacional de desarrollo.
En trazos muy simplificadores, podemos resumir que tomando ejemplos de sus decisiones, cuando era presidente en lo referente a las respuestas a los conflictos con el terrorismo internacional, Clinton genera un manto de dudas sobre la forma posterior en que se desarrollo la escalada militar internacional.
Refiere con permanencia a la postura de su asesor Richard Clarke, en su libro The looming tower, que pone en cuestión la interpretación de los datos que se dan oficialmente en el período actual del gobierno republicano.
Esto crítica formal, se acompaña por una profundización del debate en lo relativo al futuro del modelo de gobernabilidad internacional. La Clinton Global Initiative, respecto al Cambio Global, y los procesos de industrialización con tecnologías limpias que respeten las condiciones de reproducción en el planeta, continúan con la diversidad ideológica más sustantiva que existe entre demócratas y republicanos.
La política de seguridad posterior al 9/11, permitió desarrollar el impulso del proceso de acumulación del capital, teniendo como núcleo duro de la valorización a la generación de excedentes en el campo de la tecnología aplicada a las ramas que abastecen a lo militar y lo aeroespacial, así como a las derivadas de esas industrias industrializantes. De allí la necesidad del control sobre los recursos naturales, gas, petróleo y agua, como prioridades. Pero también con la justificación para la nueva inversión en fuentes alternativas de energía, como la que surge de los biocombustibles, o el revival atómico, a través de los generadores de fusión y los megaemprendimientos atómicos.
Esta estrategia de reproducción del capital con alta productividad basada en la utilización del stock de innovación tecnológico en reserva en los países del G7, pero especialmente en EE.UU., se acompaño con el déficit del presupuesto y un incremento desmedido del gasto público.
La propuesta de B. Clinton avanza en el sentido de reivindicar su modelo de acumulación previo, pero llevando adelante una reproducción en donde la aplicabilidad de la tecnología de punta, tiene más incidencia en ramas de producción vinculadas al consumo de masas y al aumento del volumen del comercio internacional de mercancías productivas, y no a la mera quema y destrucción de servicios y productos en lo militar espacial.
Esta inversión Clintoniana, recuerda el debate en los economistas posterior a la Segunda Guerra Mundial, en donde tanto Keynes como Schumpeter, pregonaban la ampliación del auge en el ciclo del capital con procesos de incremento de la demanda efectiva y el consumismo forzado.
Esta forma de desarrollo del capital, necesita un imaginario colectivo que la sustente y que cambie las pautas de movilización de la conciencia de masas para un proceso electoral representativo.
El impulso del sector industrialista, aparece representado en el discurso proclive al Cambio Global, a las definiciones de la Ronda Doha de la OMC y en la propuesta de Kyoto en las pautas de protección ambiental. El mecenazgo empresarial, como los fondos que aportan a distintas organizaciones no gubernamentales abonan esta búsqueda de una forma alternativa de expresión de un paradigma inclusivo en la globalización.
Como ejemplo podemos citar a Richard Branson, a Bill Gates, o a Warren Buffet, quienes aparecen citados también en el discurso-debate de Clinton con Wallace que tanto impacto produjo en los medios de comunicación en los últimos quince días en los EE.UU..
En este mismo marco de discusión que se genera en la puja electoral por la representación en el Congreso de los EE.UU., tenemos que analizar lo que esta ocurriendo al interior del Partido Laborista en el Reino Unido. El desplazamiento de Tony Blair de la conducción del partido y luego del gobierno, se explícita como el de un cambio de timón por desgaste y obsolescencia de propuestas de políticas de mediano y largo plazo, así como en la gestión inmediata. Sin embargo la actitud del anterior Ministro del Interior, en las declaraciones de esta semana, muestran el deterioro más serio en el vínculo internacional entre los grandes aliados históricos, EE.UU. y el Reino Unido. El cuestionamiento a la política respecto a Irak, y a la forma de decisión unilateral de los EE.UU. que arrastro prácticamente a la intervención del Reino Unido, son muestras de que el papel de liderazgo republicano sufre un desgaste también en las relaciones internacionales con su aliado más significativo.
Esto debilita el atlantismo de la participación internacional, y da pautas de validación a formas más elaboradas de intervención como las promovidas por los otros integrantes del G7.
Actualmente Italia, Alemania y Francia, buscan acotar el conflicto a actitudes de enfrentamiento focalizado, y desmerecer la intervención global, que genera reacciones sobredimensionadas, que terminan asumiendo en el extremo pautas que impactan en los pueblos constitutivos de la naturaleza del prejuicio, de la discriminación y del racismo.
Para concluir, aparece cada vez una consistencia en el debate entre demócratas y republicanos, que no existía en los últimos cinco años, y que es fundamental seguir, para que las relaciones internacionales vuelvan a tener un matiz de racionalidad y de progreso en el reconocimiento del otro, en el respeto de la alteridad y en la cultura del progreso de la civilización.
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