El 27 de diciembre se informó que la Presidenta sufre un cáncer de tiroides y que será operada el 4 de enero de 2012. Al día siguiente bromeó: “Voy a pelear por la presidencia honoraria del congreso de los que vencieron al cáncer”. Los gorilas celebran discretamente. No deberían celebrar, ni siquiera en voz baja, porque para voltear a la Presidenta necesitan “munición más gruesa”. Como bien dice el refrán popular: lo que no me mata, me fortalece.
La coyuntura postelectoral, en tanto, se desarrolla tal como era de esperar: no se produjeron cambios relevantes en la política económica, la Presidenta mantuvo la iniciativa y la oposición confirmó su pobreza política. Tanto es así que desde el Día del Camionero quedó claro que el único presunto “opositor” capaz de generar política por sí mismo es el Secretario General de la CGT, o sea, un dirigente peronista.
+ La actual política económica comenzó hace casi diez años, con lo cual se constituye en una verdadera rareza en la historia de la economía argentina. Teniendo en cuenta que el general Perón asumió su primer mandato en junio de 1946, esta es la primera vez desde entonces que una política económica perdura tanto tiempo. Esto pudo ser así debido a la clave maestra sobre la cual está apoyada esta perdurabilidad: el llamado desendeudamiento llevado adelante por Néstor Kirchner. En un país dependiente, el pragmatismo neo-keynesiano persistente desde hace una década sólo es viable a partir de la renegociación de obligaciones con los organismos multilaterales de crédito. El único proyecto serio por modificar esta estrategia fue la crisis desatada a partir de la Resolución 125, que terminó en un estrepitoso fracaso opositor y la reciente consagración de Cristina Fernández en las últimas elecciones generales.
La coyuntura internacional favorece la estrategia oficial. La mayor parte de Europa está sometida a un brutal chantaje financiero por parte de los bancos privados y los organismos multilaterales, a tal punto que hasta pone en cuestión la idea misma de la democracia liberal inaugurada a fines del siglo XVIII: el cuidado de los intereses del capital financiero se consagró pública y explícitamente como un bien más importante que las mayorías electorales o que el “bien común” - menos en los países nórdicos, que observan entre estupefactos y desconfiados cómo el resto de Europa se suicida en el altar comunitario. Estados Unidos se mantiene como primera potencia apoyado en la máquina de fabricar dólares, el mayor nivel desempleo de su historia, su estructura industrial-militar y la calculada estrategia china de sostener la deuda norteamericana mientras le convenga al gigante amarillo. La descomunal potencia económico-cultural que caracterizó a los Estados Unidos durante más de un siglo no encuentra el rumbo.
Así, mientras los países que lideraron el siglo XX padecen la crisis, los BRICS (y en general nuestra región) tratan de aprovechar la coyuntura: apuestan a crecer o a no estancarse con recetas heterodoxas que se miden, pragmáticamente, por los resultados inmediatos. En este contexto internacional, confirmada la alianza con Brasil y con el 54% de los votos a favor, ninguna razón política o económica justificaría un cambio de estrategia macro- económica. Sólo cabe hablar de “ajustes” o “sintonía fina”, como pasó con algunos subsidios, con la advertencia a los grandes operadores financieros para que no especulen contra la política monetaria o con el aviso de controlar las negociaciones paritarias.
+ Desde las elecciones de 1973 (el peronismo obtuvo el 62% de los votos) que no se daba un caso de comicios generales tan obvios y previsibles como los de 2011. A partir de allí la Presidenta confirmó su liderazgo político-social a través del sencillo procedimiento de seguir haciendo lo que hizo durante los meses previos: gobernar y promover su gestión. Tan sencillo procedimiento inclusive mejoró su imagen positiva, que según algunos analistas ya superó el 54% de su caudal electoral de octubre. Y lo que es más, ratificó que la iniciativa político-cultural está en sus exclusivas manos. Desde hace varios años el gobierno K es el único actor político capaz de interpelar a la compleja sociedad argentina actual.
En tanto, las fuerzas opositoras se debaten en el desconcierto. Las medidas progresistas del gobierno descolocan tanto al radicalismo (o lo que queda de aquel partido, por el momento reducido a un frente de dirigentes locales) como a la izquierda parlamentaria (la cual queda en la necesidad de apoyar las medidas en general, limitarse a discutir cuestiones puntuales o reclamar por “lo que falta”). Mientras que el pragmatismo económico también descoloca a las fuerzas conservadoras y de derecha (liberales o no), en la medida en que si bien el gobierno insiste en su conflicto con “la corpo” y controla el sistema de costos a través de Moreno, no promueve oficialmente una nueva legislación impositiva ni cuestiona al poder bancario-financiero (al cual se limita a ponerle límites cuando desata iniciativas especulativas).
+ El poder de la CGT para generar política es uno de los resultados de la política económico-social de la última década. La mejora de los niveles salariales y del empleo (y por lo tanto de las afiliaciones), la gimnasia paritaria, el relativo recambio generacional de militantes y dirigentes, etc. colocan a la CGT en una situación análoga a la de décadas atrás, cuando “la clase obrera organizada” no era sólo un espacio reivindicativo gremial sino además un actor político estratégico. Las palabras del Secretario General de la CGT se inscriben en esa lógica que articula lo gremial con lo político.
El “análisis del discurso” es apenas una herramienta del análisis político. Por lo general el “discurso político” esconde o disimula objetivos, intenciones, causas, proyectos, intereses que por alguna razón se evalúa necesario no poner a la vista. Si nos limitamos al puro “análisis del discurso” las cosas parecen claras. Hugo Moyano formuló reclamos políticos y sindicales. Los reclamos políticos son conocidos: la CGT pretendió colocar al candidato a vice-presidente, reclamó mayor presencia de referentes sindicales en las listas de candidatos a cargos electivos (nacionales, provinciales y municipales), etc. Justos o injustos, adecuados o no, ninguno de esos reclamos tuvo éxito. Hoy su Secretario General exhibe un “pagaré” contra esos reclamos no atendidos. Las demandas sindicales también son conocidas: la CGT reclamó por fondos que el Estado le adeudaría a las obras sociales, o por diferencias entre la inflación oficial y la inflación real. Según esta diferencia, considerando que durante los últimos años el país creció alrededor del 8%, el trabajo recibió menos que el capital. De donde, si hubiera que controlar las paritarias, lo lógico sería que el capital aporte parte del plus que recibió durante los últimos años en detrimento del trabajo.
Mezcladas con las reivindicaciones políticas y gremiales aparecieron en “el discurso” argumentaciones políticas de presunto contenido ético. Por ejemplo, que la CGT respaldó al gobierno durante la crisis de la R 125 y que una vez superada la coyuntura no obtuvo el reconocimiento esperado o esperable. En realidad, en aquella crisis la CGT hizo lo que tenía que hacer: defendió sus intereses, y por lo tanto defendió al gobierno del ataque comandado por la Mesa de Enlace.
Por detrás del puro discurso, detrás de las palabras como herramientas de la política, están las causas y los objetivos, los intereses y las necesidades. Hay dos ejes que resumen el porqué y el para qué Hugo Moyano expresó aquel discurso. Por un lado, porque ante la nueva coyuntura (pasaron las elecciones, hay nuevo gobierno) el Secretario General de la CGT sabe que debe revalidar su liderazgo frente a sus bases y aliados (que no coinciden exactamente con las bases y aliados del gobierno, que son más amplias). Sin esa ratificación no puede liderar un espacio dividido, contradictorio y complejo. Si bien el poder económico-social de los asalariados organizados es creciente, estas bases, aunque voten oficialista, reclaman y reclamarán por lo menos más de lo mismo.
Y por otro lado, porque en algún momento a mediados de 2012 (las negociaciones fijarán la fecha definitiva) se concretará la reunión del Comité Centra Confederal, órgano máximo de la CGT, en el cual se elegirán las nuevas autoridades de la central obrera. Los preparativos del Confederal comenzaron el Día del Camionero. El kirchnerismo ya negocia en vistas a esa reunión plenaria y la actual dirigencia sindical oficial no puede ceder pasivamente en negociaciones en las cuales se elegirá la nueva conducción de la CGT, que estará vigente cuando se realicen las elecciones legislativas de 2013 y las generales de 2015.
De modo que la posición expresada por el Secretario General de la CGT, en realidad, nada tiene que ver con que se pasó a la oposición. Por el contrario, a mediano y largo plazo, para el proyecto K será una buena noticia que en el 2012 resulte elegida una conducción representativa y legítima de la CGT, porque eso sólo puede fortalecer la alianza de clases en que se apoya “el modelo”. Salvo que algún ingenuo crea que el proyecto K es viable sin el respaldo de la clase obrera organizada en la CGT. Cuanto más representativas sean las conducciones obreras, tanto más sólido será el proyecto K. Lógicamente esto hace que las negociaciones con “la política” sean más complicadas: siempre es más difícil negociar con un aliado poderoso y representativo, pero eso no debería quitarle el sueño a una dirigencia nacional y popular...