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"Esta es la desgracia" pensó, "no la mala suerte que llega, insiste, infiel y se va, sino la desgracia, vieja, fría, verdosa. No es que venga y se quede, es una cosa distinta, nada tiene que ver con los sucesos, aunque los use para mostrarse; la desgracia está, a veces. Y esta vez está, no sé desde cuándo [...] lo único que queda para hacer es precisamente eso: cualquier cosa, hacer una cosa detrás de otra, sin interés, sin sentido, como si otro[...] le pagara a uno para hacerlas y uno se limitara a cumplir en la mejor forma posible, despreocupado del resultado final de lo que hace. Una cosa y otra y otra cosa, ajenas, sin que importe que salgan bien o mal, sin que no importe qué quiero decir. Siempre fue así; es mejor que tocar madera o hacerse bendecir; cuando la desgracia se entera de que es inútil, empieza a secarse, se desprende y se cae".
El Astillero, Juan Carlos Onetti.
I
El jueves 25 de mayo el cartel " La Patria Somos Todos" en el escenario oficial convocaba a todos los argentinos que pudieran llegar a la Plaza de Mayo. A pesar de la presencia de la cerca de seguridad que distancia a la Casa Rosada de la movilización social, la plaza se pobló de militantes de movimientos sociales, sindicatos, autoridades, funcionarios, el Partido Justicialista y autoconvocados. No sabemos si la suma final da por resultado mayoritariamente una movilización por simbólicas y materiales prebendas que aquélla que llevó a ciudadanos expectantes, pero el jueves 25 de mayo entre 150 y 200 mil personas se acercaron a la Plaza de Mayo y sólo ese dato habla de un momento histórico si nuestra memoria repasa los últimos 20 años de movilizaciones. Muchos quisieron estar presentes, para acompañar hoy, para discutir mañana.
El recorrido de la jornada a través de sus actores sociales, la cartelería, el discurso y todo el folclore patriótico y partidario, impuso en el escenario algo con mucha evidencia: las contradicciones que sentimos hace por lo menos tres años. El 25 de mayo fue un lugar más donde presentarlas y un momento más para pensarlas. Y nos lleva a buscar una significación política en la presencia de las mismas. Esto se puede hacer con alegría: si hay contradicción es porque algo esta pasando, algo puede estar cambiando.
Sin embargo la persistencia de esta alegría, se ve amenazada ante la incertidumbre que despierta, oportunamente, el carácter coyuntural de la interpelación de cambio que quiere protagonizar el Gobierno Nacional. La construcción de discursos y anuncios basados en hechos consumados al mismo tiempo que evade la inclusión de ideas y proyectos futuros, dificulta la comprensión acerca del horizonte hacia donde nos dirigimos.
II
Bajamos por la Avenida de Mayo, camino al río. Los pasacalles de "Kirchner 2007" enmarcaban las banderas y a la gente. No llegamos hasta la Plaza sino después del discurso del Sr. Presidente, que escuchamos bajo una bandera que azarosamente decía: "Kirchner Presidente. Quindimil Conducción". En cualquier repaso histórico sobre transformaciones sociales encontramos asociadas las contradicciones a una imagen de ruptura y continuidad. Los últimos tres años el escenario nacional ha intentado mostrar una imagen de movimiento que algunas veces parece estar asociada a una idea de renovación al tiempo que persisten diferentes maneras de hacer y pensar la política que no solo hablan del pasado sino que pelean vigorosamente por prevalecer.
La Movilización de una multiplicidad de actores diferentes, al mismo tiempo que opositores entre sí, unidos a través de la necesidad de estar presentes en la Plaza denota la primera contradicción a resaltar. Aquí las continuidades y rupturas se hicieron visibles a través de la convivencia de las prácticas asociadas a lo que algunos denominan "la vieja política" y las motivaciones que aluden a una búsqueda de una "nueva política". En esta convivencia, la movilización estimulada por los aparatos partidarios puestos al servicio del clientelismo, no solo denotó una permanencia sino una fuerte resistencia. Pero esta vieja ingeniería, si bien fue oficialmente activada, no fue saludada desde el escenario. Esta omisión de las viejas estructuras desde el pacto oficial, parece responder a la necesidad de conquistar la adhesión de sectores que sumaron su presencia con el objetivo, y otros la esperanza, de cambiar esas viejas prácticas, desafiar los punteros territoriales y la política de cooptación, entre ellos la juventud.
Y el Presidente tenía un mensaje para todos: construyamos un país plural. Ese día, la construcción del poder kirchnerista también mostró sus contradicciones. La fragmentación que caracteriza al escenario político de los últimos años encontró espacio al interior del kirchnerismo a través de la idea inicial de transversalidad y la actual insistencia de la pluralidad, pero al parecer, cada vez más afincada en la columna vertebral que supone el Partido Justicialista. En este tejido de relaciones la presencia de gobernadores y otras autoridades electas asociadas al perfil de la política más abigarrado a prácticas corruptas y una forma delegativa de entender el desempeño de la democracia, se hicieron presentes con una motivación principal que solo denota continuidad: reelección. Al mismo tiempo la convocatoria del 25 (re)instaló, por un lado, a la política como promotora de una vinculación entre diferentes actores con el fin de construir un espacio concertado y, por otro, (re)situó la importancia de la movilización y la presencia de la "gente" en la construcción del poder.
Preguntarnos por la significación política que tuvo la presencia mayoritaria de los sectores pobres y empobrecidos en la Plaza también abre interrogantes en términos de contradicción. Esta participación no es históricamente novedosa pero se torna principalmente importante dado el contexto socioeconómico que atraviesa el país y en que se desarrolló el acto. La continuidad, al tiempo que nos habla de una permanencia sólida del modelo económico neoliberal, se hizo notar a través de una ausencia de decisión y exigencia, no sólo desde el palco oficial sino también en la cartelería que hablaba por cada uno de los sectores que se acercaron a la plaza, en relación a uno de los enemigos más poderosos que doblega a la sociedad argentina de los últimos tiempos: la pobreza. Si bien el discurso presidencial resaltó la necesidad de consolidar una Argentina inclusiva, unida al fin de los requerimientos internacionales que supuso el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, no destacó que en Argentina las políticas sociales continúan siendo mandatos monetarios de organismos como el Banco Mundial, que lejos están de buscar una solución estructural a la pobreza. El rumbo económico sólo se hizo notar a través de una mención a políticas heterodoxas que, mientras tanto, no dejan manifestar públicamente la necesidad de una real redistribución social.
Se puede decir que hubo mejoras en los últimos años y cambios en los modos de concebir la política social de manera tal que esta no sea pensada únicamente como asistencia, pero la deuda de redistribución del ingreso no ha sido saldada. Las discusiones sobre una transformación tributaria y sobre la generación de trabajo no vinculado con la obra pública no aparecen en la agenda oficial, salvo en contados casos en que se ha dejado sentado que no están en discusión. Por eso el apoyo masivo de los sectores pobres y empobrecidos abre interrogantes. La opción más torpe y cómoda es pensar que "todos fueron llevados por el aparato". Si bien es de conocimiento general el hecho de que no sólo el aparato partidario sino también los movimientos sociales facilitaron la llegada de estos sectores a la plaza, consideramos que esta opción de pensamiento subestima las reales intenciones de su participación. Es decir, el punto de ruptura que encontramos en este aspecto esta situado en la posibilidad de que estos sectores interpelen al Gobierno Nacional con su presencia masiva en la plaza y sume en el futuro, de esta manera, exigencias a la agenda oficial. Consideramos que no prestar atención a lo que esta presencia implica, sobre todo por un gobierno que vuelve a sentir que el poder de hacer esta anclado en la "gente", es un error de lectura política. Claro que para que la interpelación suceda las organizaciones deben actuar como representes reales de su base social y no ser meros sujetos de cooptación. De esta manera, el ingreso de los movimientos y organizaciones de base a la estructura estatal que se ha dado en los últimos años, siembra de incertidumbre la actuación futura de las mismas. Que aprovechen una coyuntura de apertura de las estructuras estatales con el objetivo de discutir los lineamientos "desde adentro" en pos de una construcción a largo plazo no nos preocupa. Nos preocupa que la coyuntura los absorba y los imposibilite de llevar adelante los reclamos y los proyectos por los que la "gente" los elige como espacio de identidad y participación.
Finalmente nos gustaría sumar una última reflexión respecto a la cuestión social. La participación activa de los Gobernadores justicialistas e intendentes bonaerenses en la movilización a La Plaza , como actores principales del "aparato pejotista" (no en su esencia kirchnerista) sólo parecen denotar una ganadora base electoral, pero no aseguran ser una estructura de poder real que respalde al Gobierno Nacional ante el eventual escenario de cuestionamiento opositor que provocaría cualquier decisión de cambio del modelo económico de exclusión actual -grupos económicos dominantes; esto es medios de comunicación, privatizadas, el campo-. Así las viejas formas de hacer política hoy no parecen poder romper con la espuria asociación que han tejido los últimos treinta años con el modelo económico neoliberal.
III
Todo lo nuevo tiene algo de lo viejo. En este caso estamos frente a la irrupción o reinstalación de ideas en un escenario en donde no hubo prácticamente renovación de actores ni de formas de organización, que resisten el pasar de los años. Sin embargo, que esta irrupción se de en el contexto de "un país en llamas" agiliza la escucha de sectores desmoralizados y empobrecidos que hoy están expectantes de la posibilidad de un cambio.
Durante los últimos 30 años las nuevas generaciones crecimos con una política malversada por la impunidad no sólo política, sino también social y económica. Es por eso que la sociedad, y especialmente la juventud que nace en medio del silencio y del terror, desconfía y desacredita a la misma como herramienta de cambio. Hoy en la calle transita una juventud radicalmente diferente a los ´60 y ´70, con una participación basada principalmente en microespacios (ONG´s, asociaciones civiles, etc.) sin relación entre sí.
Es por eso que la búsqueda de un cambio inclusivo tampoco puede recabar en la nostalgia de aquellos años 70. La nueva política que tenemos intención de construir debe generar nuevos diagnósticos referidos a la realidad de los actores sociales propios de la estructura social que consolidó el modelo económico neoliberal, e identificar los nuevos enemigos, como la pobreza estructural.
En este sentido la actual gestión nacional sí sumó un aporte esencial para saldar la deuda social. La derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, y el izamiento de la bandera a favor de los derechos humanos, significan un eslabón básico en la recuperación de la política como generadora de identidad: la lucha contra la impunidad.
Por estas razones, la participación de entre 150 y 200 mil argentinos, la presencia de un aparato que se activa pero que no es ni el principio ni el fin de la movilización, la (re)instalación de la política como generadora de identidad y promotora de una vinculación entre diferentes actores, la (re)valorización de la movilización y la presencia de la "gente" en la construcción del poder, y la bandera de los derechos humanos, son todos puntos de ruptura que queremos apoyar y destacar.
Pero no son suficientes. Y no solamente porque se dan sobre una plataforma política y económica que no ha sido renovada, sino porque muchas veces vemos a los actores que hoy quieren representar el cambio llevar adelante prácticas que dicen lo contrario. La celebración del último 25 de mayo es sòlo un momento que elegimos para repensar los discursos y las prácticas. Y a pesar de encontrarnos con más elementos de continuidad que de ruptura, consideramos que el sólo movimiento y corrimiento de "verdades únicas" estancadas transmite esperanzas. La cita de Juan Carlos Onetti participa de nuestro texto para ilustrar justo esta sensación.
Ahora bien esperar con esperanza es una actitud fatigosa, irresponsable y muy probablemente nos conduzca hacia una nueva desilusión. La presión para que el Gobierno Nacional no pueda desoír lo que la "gente" quiere y necesita se tiene que hacer con la misma insistencia y asiduidad con que el gobierno envía mensajes para instalar en la agenda de todos su visión de lo que sucede.
Así las cosas, y retomando la retórica oficial que insiste en tener una vocación por terminar con los lineamientos internacionales que durante años trazaron las vigas de un modelo económico difícil de desestructurar, queremos insistir en la necesidad de instalar de una vez la discusión acerca de un modelo económico inclusivo, que envuelva a su interior a una Nueva Justicia Social.
Una "Argentina justa y digna" debe abrigar una Justicia social más amplia, que no sólo incorpore los derechos humanos, sino una redistribución del ingreso con inversión, los trabajadores y la incorporación de los excluidos, no sólo un estado que controle al sector privado sino también que rinda cuentas a la ciudadanía. Si bien insistimos en que esta búsqueda no puede sostenerse sólo en los viejos anhelos, sí esa vieja generación de los 70´ puede insistir y trasmitir que esta lucha tiene que tener a su lado a la juventud.
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