Enlaces


Decisión de inversión y proceso de acumulación del capital
Por Mario E. Burkún

La toma de decisiones respecto de la inversión, es un proceso temporal y localizado. Tiene un aspecto ambiguo, específico del sujeto capitalista, en su forma subjetiva y en su aspecto objetivo.

Desde la subjetividad, la psicología del decidor juega en la acción, con la forma de asunción del riesgo, así como con la política de adjetivar una oportunidad calificando a la misma de manera introspectiva, y cargada de percepciones irracionales, con expresiones espontáneas e inmanencias resultantes de las miradas semejantes.

En la otra faz de la decisión se desarrolla la lógica material, externa al sujeto en su exposición histórica, determinada y trascendente, como condición de reproducción del capital dada por el medio de la competencia del mercado, bajo su expresión en la concentración y centralización de las fracciones individuales.

Dicha materialidad tiene su estética en las formas de oligopolio y monopolio propias a la sumisión del trabajo al capital de dominancia intensiva posterior a la revolución científico tecnológica.

La disociación y la fragmentación particulares a la etapa de la globalización, permiten suponer que si bien el carácter subjetivo aparece como predominante en la praxis de la inversión individual, la base lógica y racional de la forma material no pierde vigencia e impide la autonomía relativa en la toma de decisiones.

Es de hacer notar que estos matices no son propios o exclusivos de la inversión privada, sino que también afectan a la inversión pública.
De allí que en los distintos momentos del ciclo económico se manifiestan de manera diversa pero sin que exista una ruptura en el comportamiento. Podemos decir que la inversión privada se influencia con mayor intensidad por el riesgo que la inversión pública.

Sin embargo esta última cubre opciones en ciertos momentos del ciclo de carácter más especulativo que la privada, por motivos diversos, políticos o necesidades colectivas propias de insuficiencias en el nivel de demanda efectiva o en los alicientes a la generación de excedente.


Condiciones objetivas en el mercado financiero.

El desorden económico internacional prevalece desde la eclosión de la crisis 2007-2008 y su lenta y dilatada salida 2009-2011.
En un comienzo la preponderancia de la forma financiera del capital sobre la valorización comercial y productiva caracterizo la llegada a la crisis y la imposibilidad de seguir prolongando el auge de demanda de inversiones bajo formas especulativas y ficticias.

El boom de los derivativos, así como de los valores de endeudamiento carente de respaldo solvente, y en consecuencia con dificultades de obtener un retorno del capital acorde con la media de las tasas de interés de mercado, produjo una quiebra de confianza en el sistema bancario y en la reproducción de las fracciones individuales.

El caos y la expansión de las quiebras y defaults públicos y privados se generalizo en los centros financieros, entre mediados del 2007 y mediados del 2009.
Esta situación, se reaviva en el 2011 en los países de menor densidad de la Unión Europea, como Grecia, Portugal, Irlanda, o de mayor dimensión en el riesgo in crescendo de España e Italia, pero sobretodo con el debate sobre el techo de la deuda de los E.E.U.U..

La autonomía relativa que habían alcanzado estos capitales ficticios finalizo en la desaparición de activos sin respaldo real, o en el maquillaje bancario, sostenido por el presupuesto de los Estados nacionales o supranacionales involucrados en salvar el sistema  financiero internacional, especialmente la red bancaria y las formas de crédito inmobiliario, así como el sistema de previsión social.

El cash flow empresarial, como sustento de liquidez inmediata para la decisión de inversión quedo afectado por el uso en malas prácticas crediticias y la decisión de inversión fue velozmente dominada por el efecto precaución.

Sin embargo la inyección de liquidez que se produjo en los EE.UU. y en la Unión Europea, durante la crisis y después a la salida de la misma, genero diversas reacciones y consecuencias.  En el mercado de capitales intento cubrir las necesidades de la restricción financiera, dilatando la ejecución de pasivos incobrables y postergando la posibilidad de transparencia del mercado de capitales.

En el mercado de valores genero un creciente endeudamiento público, mayor en los EE.UU. que en los países europeos, estos últimos jugaron con el endeudamiento de su banca privada para finalmente reasegurar el mismo endeudamiento con el Banco Central Europeo como garante-inversor de última instancia.

En la absorción de endeudamiento jugo un papel cada vez mayor la adquisición de valores por China Comunista, y por parte de los fondos financieros de los países con recursos provenientes del sector energético.

La existencia de una porción importante de los ahorros internos carentes de posibilidad de obtener rápidos beneficios en el sector real de la economía, lleva al sistema a licuar nuevamente, en operaciones de alta volatilidad, en bonos y títulos públicos, permitiendo reactivar las operaciones ficticias en la etapa de salida de la crisis.

El corto plazo y la especulación vuelven a dominar el movimiento de valorización, desviando las formas institucionales que buscan regular desde el origen el movimiento de la liquidez internacional y la aplicación de los fondos prestables en operaciones bajo formas de prácticas correctas y asentadas en operaciones de reproducción del capital real.

Los mercados off shore y el lavado del dinero siguen vigentes, así como la elusión y el fraude en operaciones de tributación internacional, impidiendo que las políticas fiscales se adecuen con las monetarias a una inducción del financiamiento en inversiones productivas.
El cimbronazo del período álgido de la crisis produjo una mutación en el conjunto del sistema, y dentro de la misma modificaciones parciales en distintas localizaciones, cuyos efectos todavía no han resuelto de forma permanente carencias en la gestión de los activos financieros.

La diferencia entre mutación y modificación, no es un matiz menor, ya que implica consecuencias diversas en el vínculo con las otras formas que asume la valorización en la faz comercial y productiva.

  1. La primer modificación significativa a remarcar es la absorción de las actividades de la banca de inversión a favor de la banca comercial, en el espacio dominado por los capitales de localización prioritaria en la plaza de los EE.UU..

  2. El capital financiero europeo sufrió una reestructuración importante ante la debacle de los sistemas bancarios en Islandia, Irlanda, Grecia, Portugal, y Hungría. La crisis genero también  una concentración en el sistema bancario en España, Italia, Bélgica y finalmente una predominancia de la banca de Alemania respecto al conjunto de la Unión Europea.

  3. La guerra por la competitividad productiva y por los tipos de cambio influye en las políticas económicas de los BRIC, países que se transformaron en potencias de orden intermedio, requeridos en la reproducción del capital, por ser mercados atractivos para la inversión directa, con rápidas valorizaciones basadas en el costo de producción con bajos salarios y la abundancia de materias primas necesarias para una demanda global en expansión para salir de la estagnación de la crisis.

  4. La baja persistente de la tasa de interés en EE.UU., Japón y la U.E. permite incentivar el gasto en consumo y busca recomponer la inversión inmobiliaria, pero no satisface plenamente el deseo del inversor individual de recuperar la eficacia marginal del capital previa al colapso del 2008. Esta baja de tasas tendrá un efecto de largo plazo, induciendo la inversión para incorporar tecnología en nuevo equipo de capital, cuando la industrialización requerida por la demanda efectiva oriente la inversión permanente.

  5. Mientras el período de generación de excedente acumulable se posterga temporalmente, en el corto plazo la inversión directa se absorbe por el crecimiento del producto y el out put generado en los BRIC, antiguos emergentes y en los nuevos (como Indonesia, Corea del Sur, África del Sur, Turquía,..).

  6. Junto a esta absorción de inversión directa en la “periferia”, la localización más abundante sigue siendo el proceso de concentración y centralización en los EE.UU.. Proceso de focalización de la inversión que se cristaliza en las ramas de punta productivas, como informática y comunicaciones, armamento, productos químicos y farmacéuticos, así como en el sector servicios.

  7. Esta capacidad “ociosa” de activos líquidos carentes de posicionamiento en la acumulación se acentúa por el “intercambio desigual” diverso al tradicional de la época del taylorismo y del fordismo. La especulación sobre el precio de las commodities, en especial las vinculadas a la alimentación y a los minerales no renovables, lleva a una inducción de la inversión directa en la apropiación de los espacios de inversión propios a dichos bienes.

Condiciones objetivas en el mercado real.

Dentro de la fase del ciclo donde la prospectiva avizora una nueva posibilidad de crecimiento sostenido que permita la recomposición del proceso de trabajo para un neo-fordismo en el uso de la fuerza de trabajo vital con una automación creciente sustentada por  procesos continuos con equipo de capital basados en robotización, máquinas de control numérico y proclives a la nano-tecnología, tecnologías limpias en el uso de la energía y en la recuperación de desechos, ..., surge nuevamente la violencia de la moneda.

Dicha violencia se expresa cada vez más en formas sociales de explotación y de inseguridad humana, es decir un impacto negativo en la reproducción poblacional y en la adscripción de la inclusión social como necesidad de sostén para la demanda global.

La tensión política que genera la violencia de la moneda, esta presente en sus formas de expresión material de dimensión humana  en la miseria y pobreza. Se constituye, a través del carácter libidinal que produce, en violencia colectiva alienada a la especulación sobre los bonos y valores ficticios presentes y a futuro del mercado de capitales.

La burbuja especulativa de capital ficticio se acompaña por la dificultad material para absorber en el mercado de trabajo a los que quedaron fuera del mismo en el período 2008-2009, junto con la entrada a la búsqueda del primer empleo de los sectores juveniles resultado del segundo baby boom de la última contienda mundial nacidos después de 1980.

Esto lleva a situaciones extremas de cuestionamiento del orden globalizado tanto en lo político como en lo económico-social.

Mientras tanto los conflictos bélicos y la expansión del hambre buscan facilitar la sumisión social a nuevas posibilidades de reproducción de la explotación. Para lo cual el orden jurídico internacional no esta validado por el comportamiento fáctico de las grandes potencias en la toma de decisiones de intervenciones políticas y militares.

Un rediseño de los organismos internacionales de acuerdos globales es una exigencia para la salida de la crisis. Aunque el pragmatismo inmediato sugiere el retorno a formas perimidas, como los ajustes estilo F.M.I., o las intervenciones de la OTAN. Esto conlleva una discusión sobre la problemática migratoria y poblacional a la salida de la crisis.

El contexto de salarios “bajos” que conduzcan a reducciones en los costos de producción y permitan la creación de más puestos de trabajo se contrapone con la necesidad de un salto cualitativo en los procesos de trabajo con inyecciones de equipamiento de tecnología de punta y alta productividad.

La flexibilidad del mercado de trabajo, se instala para acompañar el cambio de productividad, al igual que se instrumenta, como medida de política económica, la prolongación de la edad de actividad.

Esta elección de prolongación del tiempo de trabajo en la masa social ocupada, se instala cada vez más en los países de la economía del bienestar, y también forma parte del conjunto de los procesos productivos en los BRIC y en los periféricos en crecimiento sostenido.

Frente a este diseño de procesos de trabajo intensivos en fuerza de trabajo, aparece como necesario la prospección de la salida de la crisis mediante la transformación del sistema productivo.

El equipo de capital sufre de obsolescencia en la competitividad internacional, al mismo tiempo que su utilización es más amplia a medida que se entra en un ciclo de expansión y crecimiento.

La nueva inversión requerida por el mercado obliga a ampliar los horizontes de comercialización y de demanda solvente. La potencialidad de generación de mercancías tiene entonces un correlato en ampliaciones de mercado, que resultan durante el ciclo recesivo en barreras proteccionista de los espacios regionales.

La dimensión territorial del mercado cautivo, es entonces un marco de disputa en la OMC, en el grupo de los 20, y en las restricciones arancelarias y en los controles tributarios internacionales.

La logística y el transporte, son otro de los campos que necesitan una adecuación a las formas de producción para un período de auge en la economía. La preparación para esta fase de auge en el ciclo, exige de una planificación de la inversión productiva y comercial.

Lo financiero especulativo impacta como restricción, si la volatilidad de los activos líquidos justifica una renta diferencial vis-à-vis de la ganancia productiva. Una liquidez expansiva en el sistema financiero, aparece como una astringencia monetaria en la inversión “física” del sistema económico.

Esto a pesar del carácter activo que se le imprime a la moneda clave, mediante una baja permanente de la tasa de interés de referencia y una guerra de tipos de cambio.

Mientras tanto la vigencia de la revolución científico tecnológica produce un stock no aplicado de capacidad de innovación que no se puede insertar en el proceso de producción inmediato.

Este stock inutilizado de capacidad tecnológica es requerido para el auge, lo que llevaría a una robotización aún mayor del equipo de producción existente y a un salto de productividad y de intensidad para un crecimiento del out-put de mercancías.

En esta situación una prospectiva de nueva inversión, obliga a condicionar los mercados para una demanda solvente de mayor dimensión, que exige una distribución del ingreso acorde con un consumo de masas.

Condiciones subjetivas en el imaginario/”mercado” social.

En la etapa actual del capitalismo, especialmente en la transición que se produce con la crisis del 2007 al momento actual, la reflexión sobre la inversión es un capítulo pendiente del relato histórico.

El elemento profético acompaña los testimonios de las formas de inversión durante las crisis. El empresario schumpeteriano proclive al cambio tecnológico para poder seguir en la punta del proceso de concentración y centralización capitalista de la producción, dejo paso en los años de 1970 en adelante, al papel de la especulación salvaje del capital financiero.

Revertir esta tendencia en la subjetividad que prima en el comportamiento del inversor individual es una voluntad metafísica, con raigambre mística y romántica. Per se el empresario prefiere el resguardo precautorio de la especulación a riesgo sobre el precio de las materias primas y de los recursos naturales, o en moneda metálica como el oro.

Nadie arriesga inversión autónoma con recurso propio, salvo cuando la tasa de ganancia incorpora una renta diferencial de rango superlativo que justifica el riesgo y la incertidumbre.

Para saldar esta deficiencia del capital privado, el inversor requiere en la crisis la inyección de recursos por parte del Estado. El revival keynesiano marxista de recuperación del instrumento de intervención pública para financiar y administrar las políticas de inducción de la inversión privada se generaliza, tanto en las potencias centrales como en las emergentes.

La acción de solventar mediante liquidez y gasto público la nueva inversión, pasa a ser prioritaria, luego del salvataje inmediato del sector bancario que se produjo entre agosto del 2007 y la actualidad.

Este actor privilegiado que es el Estado exige la adecuación de las políticas públicas a una gestión más inclusiva y trascendente en tiempo y espacio.

Los primeros elementos a tomar en consideración son:

  • El fortalecimiento de la capacitación y entrenamiento de los funcionarios públicos que deben implementar las políticas, gestionar la administración y propagar los efectos de la inducción mediante formas creativas de trabajo vivo.

  • La planificación de las acciones y prácticas de inducción, identificando las oportunidades de negocios públicos y privados, la focalización que pueda tener efectos veloces, y la medición del impacto de propagación en otros campos afines.

  • La visión estratégica de su accionar en relación a las condiciones sociales de producción, tanto en el campo de la disminución de la fragmentación existente, como en el de la prospectiva de la salida de la crisis.

  • La interacción creciente entre las políticas económicas y las políticas sociales, distribuyendo las responsabilidades del capital público y del capital privado.

Lograr ordenar esta intervención estatal, obliga a que el núcleo duro de determinación política sea consciente de que la transición actual en el ciclo económico permite la transformación de situaciones estructurales históricamente instaladas en la traza de la memoria.

No es un período de mutaciones, si así lo asumiera la conciencia del grupo de decisores, equivocaría su accionar de forma irreversible, produciendo un retroceso de rasgo reaccionario conservador, y llevaría las propuestas de inducción a resultados efímeros en tiempo y lugar.

Obviamente la generación de formas transformadoras llevará a controversias y rechazos de parte de los sectores más atrasados de la conciencia social, incluso si la mayoría de los mismos se ve favorecida en los beneficios esperados al momento de realización de la tasa de ganancia.

En nuestro caso inmediato, nos referimos al caso argentino, la discusión sobre el reparto de ganancias al resultado del período de gestión en las empresas es un buen ejemplo de la carencia de educación para un capitalismo más moderno de nuestra dirigencia empresarial y de parte de nuestra elite decisoria.

El desconocimiento de las formas de incentivo material y de la modificación de las percepciones de la clase trabajadora frente a la posibilidad de recibir parte de los beneficios de las empresas forma parte del desconocimiento de las formas de reproducción del capital en el estadio actual de la crisis.

Al mismo tiempo podemos avanzar que un debate sobre cogestión empresarial sería adecuado para provocar una reforma sustantiva en el protagonismo de los trabajadores en el
Management de las actividades productivas.

Estos elementos de debate tienen que formar parte de una creciente intervención del Estado en la calificación de la dirigencia empresarial y sindical, al mismo tiempo que en la de los cuadros político-técnico que necesita el momento actual.

Para salir de la crisis se necesita el diseño de políticas y planes del Estado para el mediano y largo plazo. Pero junto a esta necesidad es preciso inducir un nuevo paradigma de uso del poder en relación a los cambios del imaginario social.

Una voluntad romántica de propagación de la inversión fuera de la lógica monetaria del tipo de cambio y la liquidez tiene que primar como una profecía a transformar en un comportamiento estructural.
El rasgo identitario de la alianza entre empresarios, Estado y trabajadores, debe surgir en la nueva inversión, con tecnologías limpias en el proceso de producción, crédito público y privado regido por una tasa de interés menor a la tasa de ganancia media esperada en el sector industrial, y finalmente con una inserción internacional inteligente para predecir la inestabilidad creciente en el ciclo internacional.

Un reconocimiento de la vivencia de un momento de auge y crecimiento, de carácter cíclico, pero que puede sostener un período quinquenal, debe ser asumido como rasgo de la etapa actual.

La motivación subjetiva tiene que ir desarticulando los síndromes históricos del capitalismo argentino productos de los efectos traumáticos de circunstancias político económicas que llevaron a las hiperinflaciones y a los golpes de Estado.

Las trazas de la memoria tienen que aceptar una resiliencia permanente que vuelva a dar credibilidad al riesgo de las fracciones individuales de capital, frente a la inversión directa. Una nueva “fiducia” del capitalismo reificado en la estructura de colocaciones de mediano y largo plazo en la producción y generación de ganancia empresarial es necesaria.

Asumir esta tarea cultural, parece ser el desafío del momento, para que la onda ascendente del ciclo transcurra con modificaciones del paradigma de percepción de crisis sistémica. Superar la dilación precautoria frente a la localización productiva de los capitales líquidos de alta volatilidad tiene un carácter más subjetivo, que las medidas del herramental monetario clásico en nuestro medio, como jugar con el tipo de cambio para dar previsibilidad a la generación de beneficio.

El carácter efímero del uso de esta herramienta, tergiversa la posibilidad de una real inserción productiva para el largo período, de forma de dotar a la acumulación del capital de una estructura material sólida. La coherencia entre los núcleos duros de dicha acumulación, a saber: el complejo agro-industrial-alimentario, y la cadena siderúrgico-automotriz, debe ser alcanzada en el mediano plazo.

Esta formalización de un ennegrecimiento de nuestra matriz de insumo-producto va a transformar la forma de acumulación argentina, permitiendo una macroeconomía regional con Brasil.

Esta regionalización internacional posiciona el auge en el ciclo actual para una nueva época en la historia económica.

 

Conclusión:

Resolver la búsqueda de un paradigma de mayor inclusión en la reproducción del capital aparece como la consigna política del momento. El sistema internacional debe dar una salida a la crisis no resuelta en el sistema financiero para alcanzar una limitación de la violencia de la moneda y permitir una expansión productiva y social consecuente con una globalización positiva.

El conflicto social es de esta forma focalizado en la inclusión social, con generación de trabajo y de reformas en las condiciones sociales de producción.
La regionalización es una transición necesaria para introducir las zonas marginales al capitalismo en la disputa del nuevo orden internacional.

En nuestra región Unasur o MERCOSUR ampliado, el paso de una base material que se encuentra con el chaleco de fuerza de la deuda externa y la pauperización cronificada, a una etapa de auge con distribución del ingreso y ampliación de la demanda solvente, es una posibilidad cierta.

Lograr esta consolidación en democracia y con inclusión social son diseños de políticas económicas en las que el papel del Estado en inducir y orientar la inversión pública y privada pasa a ser determinante.

El nuevo paradigma esta en construcción, tenemos que aportar a la cristalización de un bloque histórico político-económico-social.

Bibliografía.

Burkún M. y Vitelli G.: Crisis en la Madurez del Capitalismo. Argentina-E.E.U.U., Ed. Prometeo. Buenos Aires, 2010.
Burkún M. y Vitelli G.: La búsqueda de un paradigma. Grados de libertad de la Política Económica. Argentina  2000-2005. Ed. Prometeo. Buenos Aires. 2005.

Buenos Aires, 26/07/2011.

 

 
www.grupomayo.com.ar
  Restricciones Legales y Términos de Uso
Todas las notas, noticias y documentos publicados en esta revista
pueden ser reproducidos con la sola condición de citar la fuente y el autor.