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Tortugas, dinosaurios y malevos
Por Hernán Invernizzi

Enojarse está muy mal visto. De todas formas, hay cosas que dan bronca.

Tiempo atrás falleció Rodolfo Fogwill. Un escritor extraordinario. Y lo que es peor, un amigo. Tantos periodistas lo admiraban, y tantos le debían favores (yo entre ellos), que se ganó en buena ley la gran cantidad de necrológicas que le dedicaron.

No es eso, entonces, lo que me da bronca. Me enoja, en cambio, que no se pusieran tanto espacio y entusiasmo cuando falleció María Elena Walsh.

Como diría Jauretche, un caso de tilinguería mediática. El pecado de María Elena fue su popularidad. La virtud de Quique, todo lo contrario: fue cualquier cosa menos popular.

Pero... ¡qué importa lo que digan los doctores en letras! Pensemos en la gente. En este caso ¿qué es la gente? La “gente” es esa especie que no puede evitar que en su memoria siempre estén presentes algunos versos de algunos poetas. Se los llama poetas populares.

Estos poetas atraviesan las clases sociales, las profesiones, las regiones, los géneros, las religiones y las políticas. Andan por todos lados. Hasta ahora, hay por lo menos tres grandes poetas populares en nuestro país. O sea, tres cuyos versos son los que recordamos. Tres cuyos versos están en nosotros a pesar de nosotros: Homero Manzi, María Elena Walsh y Charly García. (Seguramente hay otros).

En la guardería de la villa más miseria o en el jardín de infantes más careta de Recoleta, entre los asalariados y entre los patrones, entre los abuelos y los nietos, ahí siempre están Manuelita, Malena y el aguante...

No sé qué dirían Beatriz Sarlo o David Viñas de semejante definición; pero después de todo no importa, porque todo canon es siempre y por definición algo arbitrario.

Desde 1930 en adelante estos tres nos metieron palabras en la cabeza más allá de cualquier deseo, intención o proyecto de cada uno de nosotros. Estos tres se metieron en nuestras cabezas de manera tal que ya no somos nosotros si ellos no están en nosotros.

El tango ya existía desde antes, pero fue a principios de los años 30 cuando se consolidó su popularidad. Entonces, cuando se cerró el proceso inmigratorio desde Europa y cuando comenzaban las migraciones internas hacia las ciudades del litoral, empezó una cadena de abuelos, hijos y nietos que llega hasta hoy.

Gardel grabó por lo menos dos letras de Manzi: Milonga sentimental, que es de 1931, y Milonga del 900, de 1933. Milonga triste es de 1936. Y después vinieron Sur, Malena, Che bandoneón... Este tipo escribió más de 50 tangos...

Los bailaron y los cantaron nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y madres y ¡vamos! hay que admitirlo: nos cansamos de escucharlos en nuestra infancia. Están en algún lugar de nuestra cabeza. Versos sueltos de esos textos se nos aparecen sin que los llamemos. Ya ni sabemos desde dónde nos vienen, pero están metidos en nuestro cerebro. Aunque el tango no nos guste, aún cuando odiemos al tango, sabemos que Malena canta el tango como ninguna, para qué nombrarla tanto, no ves que está de olvido el corazón y que sur, paredón y después.

Después vinieron los años 60. Lo más cómodo es identificarlos con la explosión de la televisión, el Club del Clan, los hippies, el Cordobazo y los Chalchaleros. Pero resulta que Las canciones de Tutú Marambá son de 1960... Ahí pasó algo trascendente para la historia de nuestra cultura. Desde entonces sabemos que hubo una vaca estudiosa y que hay un reino donde nada el pájaro y vuela el pez.

Pero un día llegó el doctor... Tres años después aparecieron La mona Jacinta y Canción de la vacuna. Poco después aparece Manuelita... Y pensar que la tortuga todavía no tiene un monumento propio...

Mientras en París lo estudiantes hacían barullo, acá en Buenos Aires María Elena modificó el cancionero popular para siempre: Los ejecutivos, Zamba para Pepe, El 45 y hasta uno de los momentos más extraordinarios de la música popular en español: Serenata para la tierra de uno.

Hay que ser de lata para no que se te ponga la piel de gallina: Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy, con todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos...

Más o menos al mismo tiempo nacía el llamado rock nacional: La balsa es de 1967. Aparecen Manal y Almendra. El panorama de la música popular en nuestro país cambia para siempre.

Pero entonces llegaron los ’70. Eso ya es otra cosa. Estaban los tangos y el folklore del interior, estaban los boleros, el primer pop, el rock nacional y un genérico nunca claro llamado cancionero popular. Y si bien es mucho lo que vive y sobre vive de todo eso, en 1972 apareció el primer disco de Sui Generis. Los jóvenes argentinos se encontraron con Charly García, que nos acompaña desde hace casi 40 años.

Claro, no va a faltar alguno que diga: “Andá... cómo vas a comparar a Charly García con Manzi...” Le recordaría que en 2014 se cumplirá el 40 aniversario de Rasguña las piedras.

 

 
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