Reproducimos a continuación el discurso del Primer Ministro ruso, Vladimir Putin, con el cual inauguró el 28 de enero de 2009, la 39° edición del Foro Económico Mundial de Davos. Se trata de un documento de perfil estratégico en el cual se articulan el análisis y las propuestas rusas para enfrentar la crisis económica internacional. Como en general los grandes medios locales se limitaron a glosar este discurso, nos parece necesario publicarlo en su totalidad, como forma de contribuir al debate acerca del tema.
Respetado señor Schwab, señor Presidente, damas y caballeros. Estoy muy reconocido al profesor Schwab por las buenas palabras sobre Rusia. Con frecuencia he participado en el foro de Davos, cuando trabajaba en San Peterburgo. Me resulta agradable que se le haya concedido a Rusia la posibilidad de expresarse sobre los problemas de la economía mundial en un período bastante complejo de su desarrollo.
Estoy reconocido a los organizadores del Foro por la posibilidad de compartir mis consideraciones sobre lo que ocurre en la economía mundial y en Rusia y relatar sobre nuestros planes y propuestas.
El Señor Schwab en su introducción propuso no remover en especial el pasado y no revolver las causas de los acontecimientos en curso. No voy a hacer en esto un acento especial pero, sin hablar de las causas que condujeron a la economía mundial a la actual situación, no podremos elaborar las recetas correctas para curar esta enfermedad.
Ho el mundo se enfrentó con la primera crisis económica realmente global. Pero además la velocidad de desarrollo de los fenómenos críticos bate todos los récords.
La actual situación es comparada con frecuencia con la Gran Depresión de finales de los años 20 y comienzos de los 30 del siglo pasado. Los paralelos, realmente, tienen lugar. Pero existen diferencias conceptuales. En la época de la globalización la crisis atañe a todos, a todos los países sin excepción, independientemente de su sistema político o económico. Todos están en el mismo bote.
Existe un conocido dicho: la tormenta ideal. Cuando los elementos naturales desencadenados se juntan en un punto reproducen en varias veces su fuerza destructiva. La crisis actual es parecida precisamente a una “tormenta ideal”.
Por supuesto, los economistas y políticos responsables e idóneos deben siempre estar preparados para un desarrollo semejante de la situación. Pero de todas formas ella llega inesperadamente. Así como el invierno entre nosotros, en Rusia: siempre estamos preparados para el invierno pero ella siempre llega inesperadamente. Así ocurrió esta vez en la economía mundial: la crisis pendía literalmente en el aire. Sin embargo la mayoría no deseaba ver la ola que se levantaba. Los últimos meses prácticamente cualquier manifestación sobre el tema de la crisis comienza con una desplegada crisis de lo que ocurrió en los Estados Unidos.
No estoy ahora dispuesto a profundizar en este tema. Recuerdo sólo que apenas un años atrás desde esta tribuna resonaron las palabras de nuestros amigos norteamericanos sobre la estabilidad fundamental y las perspectivas sin nubes de la economía de los EE.UU. Hoy en cambio el orgullo de Wall Street, los bancos de inversión, prácticamente dejaron de existir. En un año tuvieron que reconocer pérdidas que superaron sus beneficios por un cuarto de siglo. ¡Qué escala! Sólo uno de estos ejemplos refleja mejor que cualquier crítica la situación real de los hechos.
Ha llegado el tiempo de madurar. Es necesario entender tranquilamente, sin malignidad, sin revolver en estos problemas, en forma objetiva, las causas profundas de lo ocurrido e intentar mirar hacia el futuro.
Desde nuestro punto de vista, la crisis fue generada por la conjunción de varios factores de golpe.
El fracaso del sistema financiero conformado, resultado de la baja calidad de regulación, debido a lo cual enormes riesgos resultaron fuera del debido cálculo.
Los desbalances colosales acumulados en los últimos años. En primer lugar, entre las escalas de las operaciones financieras y el valor fundamental de los activos, entre la creciente demanda sobre recursos crediticios y las fuentes de su provisión. El mismo sistema de crecimiento económico global presentó serias fallas. En este sistema un centro prácticamente en forma ilimitada y descontrolada imprime dinero y consume los beneficios, y otro produce mercancías baratas y acumula el dinero emitido por otros estados.
Agrego que en tal sistema regiones enteras del mundo, incluyendo en parte incluso la afortunada Europa, resultaron en la periferia de los procesos económicos globales y esto significa que tras los marcos dentro de los que se adoptan las decisiones claves en materia económica y financiera.
Además, el bienestar generado se distribuyó en forma bastante inequitativa, tanto dentro de los países, entre las capas de la población, y esto atañe incluso a los estados altamente desarrollados, como entre distintos países y regiones del mundo.
Para una parte significativa de la humanidad, como siempre, siguen siendo inaccesibles la vivienda confortable, la educación o la medicina de calidad. Y el auge mundial de los últimos años no cambió radicalmente esta situación.
Por último, esta crisis es también un engendro de expectativas exageradas. Fueron inflados injustificadamente los apetitos de las corporaciones en relación con la demanda en permanente crecimiento. La carrera de los índices de fondos y la capitalización evidentemente comenzó a dominar sobre la elevación de la productividad y la real eficiencia de las empresas.
Por desgracia, estas exageradas expectativas existían no sólo en el medio de negocios. Ellas plantearon el crecimiento rápido de los standards de consumo personal, antes que nada, en los países desarrollados. Un crecimiento –esto es necesario reconocer directamente- que no fue respaldado por las posibilidades reales. Esto resultó ser un bienestar no elaborado, sino un bienestar adeudado, a cuenta de las futuras generaciones.
Toda esta “pirámide de expectativas” debía derrumbarse tarde o temprano, lo que propiamente ocurre ante nuestros ojos.
* * *
Estimados colegas:
Es sabido que durante la crisis es fuerte la tentación de adoptar decisiones simples y populistas. Pero si se tratan sólo los síntomas de la enfermedad, como resultado se puede obtener complicaciones mucho más pesadas.
Se sobreentiende que los gobiernos de todos los países, los líderes del negocio están obligados a actuar con la máxima resolución. Sin embargo, incluso en medio de estas circunstancias de fuerza mayor, es importante evitar pasos que en el futuro haya que lamentar. Y por eso quisiera comenzar de lo que, desde nuestro punto de vista, no correspondería hacer, y de lo que nosotros en Rusia estamos dispuestos a evitar.
No podemos permitirnos resbalar hacia el aislamiento y el irrefrenable egoísmo económico. En la cumbre del “G20” los líderes de las principales economías del mundo acordaron abstenerse de levantar barreras en el camino del comercio mundial y del movimiento de capitales. Rusia comparte esta visión. Incluso si en condiciones de la crisis resulta inevitable un determinado fortalecimiento del proteccionismo lo que nosotros, por desgracia, observamos hoy en día, en esto todos nosotros tenemos que conocer el sentido de la medida.
El segundo posible error es la excesiva intervención en la vida económica por parte de los estados, la ciega fe en la omnipotencia del estado.
Sí, el fortalecimiento de su papel en condiciones de crisis es una reacción natural a los fracasos de la regulación de mercado. Sin embargo, en lugar de ocuparte de perfeccionar los mecanismos de ese mercado, apareció la tentación de ampliar al máximo la participación directa del estado en la economía.
La faz opuesta de las medidas anticrisis casi en todos los países es la concentración en manos del estado de los activos excesivos.
En la Unión Soviética en el siglo pasado el papel del estado fue llevado a lo absoluto. Lo que, al fin de cuentas, condujo a la total incompetencia de nuestra economía y por eso hemos pagado muy caro. Esta lección nos salió cara. Estoy convencido de que nadie quisiera repetir esto.
No se puede cerrar los ojos a que en el curso de los últimos meses tiene lugar el lavado del espíritu de emprendimiento. Entre ello, del principio de la responsabilidad personal del ser humano –empresario, inversor, accionista- por sus propias resoluciones. No existe ningún fundamento para suponer que traspasando la responsabilidad al estado se pueden lograr mejores resultados.
Aquí en la sala se sientan muchos líderes del negocio. Yo comprendo que siempre existe la tentación de acoplarse a la fuente del bienestar estatal. Pero en primer lugar esto es una fuente que se agota y, en segundo, no siempre es efectiva.
Más aún, en lo que respecta a la directa zona de responsabilidad del estado, la contraposición a la crisis no debe convertirse en un populismo financiero, en el rechazo de una política macroeconómica responsable. El aumento infundado del déficit presupuestario, la acumulación de la deuda estatal son tan destructores como el juego aventurero con los fondos.
* * *
Respetados damas y caballeros:
Por desgracia, estamos todavía lejos de la comprensión de los auténticos alcances de la crisis. Pero algo es evidente: su profundidad y la duración de la recesión en mucho habrán de depender de la exactitud con que nosotros determinemos la dirección de nuestras acciones y del acuerdo y el profesionalismo con que hemos de trabajar.
En nuestra visión, lo primero que es imprescindible adoptar en el futuro inmediato es en el sentido más amplio de la palabra trazar una línea sobre el pasado. Como se dice, “abrir las cartas” y trasparentar la real situación de los hechos.
Al negocio le es imprescindible borrar las deudas incobrables y los activos “malos”. Por desgracia esto habrá que hacerlo. Sí, es un proceso muy doloroso y desagradable. Y no todos van a hacerlo con agrado, temiendo por su capitalización, los bonos o sencillamente por su prestigio.
Pero apartarse de la limpieza del balance significa “conservar” y estirar la crisis. Considero que el mecanismo del borrado debe ser efectivo y corresponder a las realidades del día de hoy, de la economía actual.
Segundo. Junto con la limpieza de los balances, llegó el tiempo de liberarse de los dineros virtuales, de los informes inflados y de los dudosos ratings. Las representaciones sobre el estado de la economía mundial y la situación real de las corporaciones no deben estar prisioneras de ilusiones. Incluso si estos ilusionistas son grandes firmas auditoras y analíticas.
El sentido de nuestra propuesta radica en que en la base de la reforma de los parámetros de la auditación, del cálculo contable, del sistema de ratings debe ser colocado el retorno a la concepción del valor fundamental de los activos. Es decir las evaluaciones de tal o cual negocio deben construirse sobre sus capacidades para generar valor agregado y no sobre representaciones subjetivas de distinto tipo. Desde nuestro punto de vista, la economía futura debe ser una economía de valores reales. Por supuesto, surge la pregunta sobre cómo lograr esto. Es una pregunta válida. No tengo respuesta para ella. Hay que pensarla en conjunto. Pienso que para esto nos juntamos en estos foros, gracias al señor Schwab.
Tercero. La excesiva dependencia de, en esencia, la única divisa de reserva es peligrosa para la economía mundial. Pienso que esto ya es evidente para todos. Por eso sería conveniente facilitar el proceso objetivo de aparición en el futuro de varias divisas fuertes regionales. Ha llegado el tiempo de comenzar un diálogo a propósito de cómo hacer fluido e irreversible el traspaso a un nuevo modelo.
Cuarto. La mayoría de los países del mundo coloca sus reservas internacionales en divisas extranjeras y quisiera confiar en su seguridad. A su vez, los emitentes de las divisas de reserva y de cálculo están objetivamente interesados en que sus signos dinerarios se utilicen por la demanda y la confianza de los demás estados. Es decir que son evidentes el interés mutuo y la mutua dependencia.
Por eso es conceptualmente importante la mayor transparencia en la realización de la política de crédito y monetaria de los países emitentes de las divisas de reserva. Más aún, estos países deben asumir la responsabilidad de conducirse por las reglas internacionales de disciplina macroeconómica y financiera. Según nuestra opinión, tal planteo de la cuestión no es excesivo.
Al mismo tiempo requiere cambios no sólo la construcción de las finanzas globales. El círculo de problemas es bastante más amplio.
Se trata de que en reemplazo de la obsoleta construcción unipolar de la economía mundial debe sobrevenir un sistema fundado en la interacción de varios grandes centros.
Pero para que este mundo multipolar no sea un mundo de caos e imprevisibilidad, es necesario fortalecer el sistema de reguladores globales fundados en el derecho internacional y en el sistema de acuerdos multilaterales. Se sobreentiende que precisamente por esto es tan importante repensar el papel de las organizaciones e institutos mundiales líderes.
Estoy convencido de que podemos conformar una arquitectura económica mundial más justa y eficiente.
En el marco de la presente exposición es imposible caracterizar en detalle todos sus parámetros. Y no hay ahora necesidad de ello. Pero es evidente que en tal sistema todos los países deben detentar un acceso garantizado a los recursos imprescindibles de aseguramiento vital, así como a las nuevas tecnologías y fuentes de desarrollo. Deben ser conformadas las garantías que permitan minimizar los riesgos de repetición de nuevas crisis semejantes a la que hoy atravesamos.
Por supuesto, la discusión de todos estos temas debe ser continuada, incluso en los marcos de los foros internacionales, en la ya mencionada cumbre del “G20” en Londres.
* * *
Las decisiones que adoptamos deben ser no sólo adecuadas para la situación actual, sino que también deben considerar las necesidades un mundo nuevo, post-crisis.
En la etapa de salida de la crisis la economía global puede enfrentarse con la banal carencia, por ejemplo, de recursos energéticos y resultar bajo la amenaza de “desconectar” el futuro crecimiento.
Hace tres años, en la cumbre del “G8” planteamos la cuestión de la seguridad energética global y convocamos a la responsabilidad compartida de vendedores, transportadores y consumidores de recursos energéticos. Considero que llegó el momento para lanzar los mecanismos realmente eficientes de esta responsabilidad.
El único camino para asegurar la auténtica seguridad energética global es la conformación de la interdependencia, incluso sobre la base de intercambio de activos, sin ningún tipo de discriminación o de parámetros dobles. Tal interdependencia es la que genera la real responsabilidad de todos.
Por desgracia, la actual Carta Energética no llegó a ser un instrumento activo, capaz de regular los problemas que surjan. Sus principios no son respetados incluso por los países que la firmaron y la ratificaron. Son benévolamente olvidados cuando es necesario aplicarlos. Proponemos ocuparnos de la elaboración de una nueva base internacional de acuerdo y de derecho en el ámbito de la seguridad energética. La realización de nuestra iniciativa podría jugar un rol económico comparable con el efecto producido por la firma del Acuerdo sobre la unión europea del carbón y del acero. No lo dudo ni un instante. Es decir, por fin lograríamos vincular a consumidores y productores en una asociación energética única fundada sobre una estricta base de derecho.
Cada uno de nosotros comprende bien que las oscilaciones abruptas e imprevisibles de los precios sobre portadores energéticos representan un colosal factor de desestatización de la economía mundial. La actual caída general de precios puede conducir al crecimiento del consumo irracional de recursos.
Con esto, de una parte, se reducirán las inversiones en el ahorro energético y en las fuentes alternativas de energía y, por la otra, se reducirán las inversiones en la extracción petrolera a lo que seguirá su inevitable caída lo que, en resumidas cuentas, se convertirá en un crecimiento no dirigido de precios en la etapa del auge económico. Esto significa colocar nuevas minas bajo este auge, es decir esto se convertirá en un camino hacia una nueva crisis.
Es imprescindible volver a los precios equilibrados, construidos en el balance entre la demanda y la oferta, limpiar al máximo, en todo lo que esto sea posible, la formación de precios de la influencia de los componentes especulativos, generados por numerosos instrumentos financieros secundarios.
Uno de los serios problemas que restan es el aseguramiento del tránsito de recursos energéticos. Existen varios modos para su resolución. Todos ellos deben ser utilizados.
El primer modo es el paso definitivo a los principios de mercado aceptados por todos para la formación de tarifas sobre los servicios de tránsito. Ellos pueden ser fijados también en documentos internacionales de derecho. Esto debe abarcar tanto la materia prima de hidrocarburos como el combustible atómico y en cierta medida la energía eléctrica.
El segundo es el desarrollo y la diversificación de rutas de transportación de recursos energéticos. Nosotros hace rato y activamente trabajamos por estas direcciones.
Sólo en los últimos años construimos los gasoductos “Iamal-Europa y “Torrente azul” a la República de Turquía. La vida evidenció que ellos han sido muy requeridos y actuales y trabajan con eficiencia.
Estoy convencido que son también imprescindibles para la seguridad energética europea tales proyectos como el “Torrente del sur” (gasoducto por el fondo del Mar Negro a Bulgaria) y el “Torrente Norteño” (por el fondo del Mar del Báltico directamente a Alemania). Su capacidad total aproximada es del orden de los 85.000 millones de metros cúbicos de gas al año. Pero ahora algunos de nuestros socios, socios europeos, proponen aumentar esta potencia. Estamos considerando estas propuestas y pienso que ellas son actuales.
“Gazprom”, conjuntamente con sus socios, las empresas “Shell”, “Mitsui” y “Mitsubishi” en el tiempo más cercano lanzarán potencias para licuar y transportar el gas natural extraído en el Lejano Oriente, en la isla Sajalín. Esto también es un aporte de Rusia a la seguridad energética global. A propósito, el desarrollo de las tecnologías y del mercado de GNL es, por supuesto, muy promisorio, entre otras cosas desde el punto de vista de proveer a la seguridad energética.
Desarrollamos la infraestructura de nuestros petroductos. Ya se realizó la primera etapa de la creación del Sistema de ductos del Báltico, el que asegura el suministro de hasta 75 millones de toneladas de petróleo al año. Señalará que en un plazo muy pequeño, literalmente en algunos años, desde cero en el campo abierto se construyó el puerto y se tendió el sistema de ductos. En algunos años, literalmente, llevamos el trasbordo hasta 75 millones de toneladas. Ahora se efectúa el trabajo de proyectar la construcción de la segunda etapa del sistema en la ribera sur del Golfo de Finlandia –DTS-2 – lo que significan otros 50 millones de toneladas. En general en esta región habremos de trasvasar hasta 140 millones de toneladas de petróleo y subproductos.
Planeamos crear la infraestructura de transporte en todas las direcciones. Está en la etapa de culminación la construcción de la primera parte del sistema de ductos “Siberia Oriental-Océano Pacífico”. Su punto final estará formado por el nuevo puerto petrolero y la refinería en la región de Vladivostok. En perspectiva y paralelamente al petroducto, habrá de tenderse el gasoducto en dirección al Océano Pacífico y a China. Junto con Turkmenistán y Kazajstán empezamos a realizar el proyecto de construcción del ducto a través del Caspio. Por supuesto, y esto quiero subrayarlo especialmente, al realizar todos estos proyectos y otros del mismo tipo, en primer lugar debemos pensar sobre los programas de carácter ecológico. La realización de todos estos proyectos, quiero subrayarlo, siempre es acompañada entre nosotros por una expertize ecológica y por las correspondientes inversiones de capital en la restauración de la naturaleza.
Al hablar delante de ustedes no puedo dejar de referirme a la incidencia de la crisis global sobre la economía rusa. Por supuesto que ella no tocó también a nosotros y de la manera más seria.
Sin embargo y a diferencia de muchos países, nosotros realmente acumulamos reservas significativas y ellas amplían nuestras posibilidades de pasar con seguridad a través del período de inestabilidad global.
La crisis desnudó los problemas que teníamos. Esto es la excesiva orientación en materia prima de nuestras exportaciones y de la economía en general, el débil mercado financiero. Todavía es más agudo el problema del desarrollo de una serie de institutos básicos de mercado, antes que nada el medio competitivo.
Sobre estos problemas sabíamos, por supuesto, con anticipación e intentamos resolverlos en consecuencia. La crisis sólo nos obliga a movernos más activamente por las prioridades declaradas sin cambiar, por supuesto, la propia estrategia cuya esencia es la renovación cualitativa del país en el curso de los próximos 10-12 años.
Nuestra política anticrisis está encaminada a respaldar la demanda interna, a la defensa social de la población, a la creación de nuevos puestos de trabajo. Como muchos otros países, reducimos los impuestos a la producción dejando el dinero en la economía y optimizamos los gastos estatales.
Pero, repito, junto con las medidas de reacción operativa, trabajamos en la creación de una plataforma para el desarrollo postcrisis.
Estamos convencidos que aquellos que creen condiciones atractivas para las inversiones globales ya hoy mismo se convertirán en líderes del restablecimiento de la economía mundial. Entre nuestras prioridades se encuentra la formación de un medio empresarial favorable, el desarrollo de la competencia, la creación de un sistema crediticio estable, basado en suficientes recursos internos, la realización de proyectos de transporte y de infraestructura, sobre algunos de los cuales ya hablé.
Rusia ya hoy es uno de los más grandes exportadores de una serie de mercancías alimenticias y nuestro aporte a la seguridad alimenticia global habrá de aumentar.
También habremos de desarrollar activamente los sectores innovadores de la economía, antes que nada de aquellos en los que Rusia tiene prevalencia competitiva. Tengo en cuenta el cosmos en el sentido más amplio de esta palabra, la energía atómica y la aviación. Por estas direcciones ya estamos estableciendo activamente la cooperación tecnológica con nuestros socios en el mundo.
Uno de los temas promisorios para el trabajo conjunto puede ser el ámbito del ahorro energético. Precisamente la elevación de la efectividad energética es para nosotros uno de los factores claves de ahorro energético y del futuro desarrollo.
Continuaremos las reformas en la energética nacional y la introducción de un nuevo sistema de conformación interna de precios, en cuya base residen tarifas económicamente fundadas. Esto es importante, además, para estimular el ahorro energético. Conservaremos el curso a la transparencia para las inversiones extranjeras.
Considero que la economía del siglo XXI es una economía de la gente y no de las fábricas. El componente intelectual en el desarrollo económico global ha crecido de modo incomparable. Por eso planeamos concentrarnos en la creación de posibilidades complementarias para la autorrealización de los ciudadanos.
Ahora mismo somos una nación altamente desarrollada y altamente educada. Pero necesitamos que los ciudadanos rusos reciban la educación más calificada y más actual, la más requerida en el mercado de trabajo. Con hábitos profesionales que sean ampliamente requeridos tanto en el mundo actual como en el por venir. Por eso vamos en adelante con máxima actividad a desarrollar los programas educativos, a ocuparnos de los intercambios, incluyendo los internacionales, a crear las condiciones para que los mejores científicos, profesores, docentes –independientemente de su ciudadanía y pertenencia nacional- elijan como lugar de trabajo y residencia a nuestro país.
La historia le ofrece a Rusia una chance única. El desarrollo de los acontecimientos exige tenazmente de nosotros reconstruir nuestra propia economía y modernizar la esfera social. No estamos dispuestos a dejar pasar esta chance.
* * *
Quisiera por separado referirme a problemas que salen de los marcos del orden del día estrictamente económico pero, pese a ello, son bastante actuales en las condiciones de hoy.
Por desgracia suena cada vez con mayor frecuencia la tesis de que el incremento de los gastos militares ayudará a resolver los actuales problemas socio-económicos. La lógica aquí es bastante simple: las asignaciones militares complementarias, por supuesto, en una primera etapa conducen a la creación de nuevos puestos de trabajo. Este es un hecho evidente.
A primera vista es una variante en la lucha contra la crisis y el desempleo. Posiblemente en una perspectiva a corto plazo semejante medida dará algún efecto. Pero en realidad, la militarización no ayuda a resolver el problema sino que lo tira más al fondo, exprimiendo de la economía enormes recursos financieros y materiales a los que se les podría encontrar una aplicación mucho mejor.
Estoy convencido de que una razonable contención en los gastos militares –junto con el fortalecimiento de la estabilidad y la seguridad globales- obligatoriamente acarreará también sólidos dividendos económicos.
Confío en que este punto de vista prevalecerá en el mundo. Por nuestra parte estamos dispuestos a un activo trabajo en la problemática del desarme. Quiero también llamar la atención acerca de que la crisis económica puede atraer tras de sí la profundización de aquellas negativas tendencia que existen en la política global.
En los últimos años el mundo se enfrentó con un increíble crecimiento de manifestaciones agresivas. Tengo en cuenta la aventura de la actual conducción georgiana en el Cáucaso, los actos terroristas en la india y la escalada del conflicto en el sector de Gaza. En apariencia estos sucesos no están directamente vinculados entre sí. Pero en su desarrollo se observan varios momentos comunes.
Antes que nada, la incapacidad de los actuales institutos internacionales para proponer soluciones constructivas de los conflictos regionales y ocuparse de regulaciones positivas de las contradicciones interétnicas e interestatales. En esencia, los mecanismos políticos multilaterales resultaron tan poco eficientes como los institutos de regulación financiero-económica global.
Seamos francos, la provocación de la inestabilidad militar-política, de conflictos regionales y de otros es también un cómodo modo de distraer la atención de la gente de los propios problemas sociales y económicos dentro de tales o cuales países.
Por desgracia, no es posible excluir que tales intentos habrán de emprenderse en el futuro.
Para no permitir un desarrollo semejante de los acontecimientos debemos elevar esencialmente la eficiencia del sistema de relaciones internacionales. Hacerlo más seguro y estable.
En el orden del día global hay no pocos temas actuales, donde los intereses de la mayoría de los países del mundo objetivamente concuerdan. Esto es tanto la superación de las consecuencias de la crisis económica mundial sobre la que hablamos hoy, como los esfuerzos conjuntos para reformar los institutos financieros internacionales, el perfeccionamiento de los mecanismos reguladores y la provisión de una confiable seguridad energética. Pero también en la agenda se encuentra la disminución de la agudeza de la crisis alimentaria en el mundo. Esta cuestión no pasa de ninguna manera a un segundo plano.
Rusia está dispuesta a hacer su aporte en la resolución de las tareas prioritarias que se plantean ante la comunidad internacional. Calculamos que todos nuestros socios, tanto en Europa como en Asia y en América, tengo en cuenta la nueva administración de los EE.UU. a la que le deseamos éxito, manifestarán su interés hacia un trabajo conjunto y constructivo.
Respetadas damas y caballeros. Como conclusión quisiera decir lo siguiente.
El conjunto de problemas presente ante la comunidad mundial es excepcionalmente complejo. A veces pareciera que resolverlo simplemente es imposible. Pero nosotros en Rusia utilizamos un dicho que sé que también se utiliza en otros países: “Se hace camino al andar”.
Debemos buscar el respaldo en aquellos valores morales que aseguraron el progreso de nuestra civilización. La honestidad y laboriosidad, la responsabilidad y la fe en nuestras fuerzas sin duda conducirán al éxito.
No debe existir agobio alguno. Con la crisis es posible y necesario luchar tomando en cuenta la unión de nuestros recursos intelectuales, espirituales y materiales.
Tal consolidación de esfuerzos es impensable sin la confianza mutua. Y no sólo entre los participantes de la vida comercial. Ahora muchos hablan de la crisis de confianza en el sistema bancario. Yo ampliaría este problema. Se trata, antes que nada, sobre la confianza entre estados.
La asunción de la confianza mutua es la tarea clave que nos corresponde resolver entre todos.
Precisamente la confianza y la solidaridad nos ayudarán a superar las actuales dificultades, a evitar muchas conmociones, a lograr el florecimiento y el bienestar en el siglo XXI.
Les agradezco su atención.