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Los tiranos son malas personas
Por Hernán Invernizzi

 

En La Nación del 31 de julio el escritor Marcos Aguinis publicó un artículo titulado “Psicología del tirano”. Explica que abordó “este este asunto en el programa Hora clave,  y como recibió “tantos pedidos para que lo escribiera” decidió ceder al reclamo. “No dije nada original – puntualiza -  porque ya lo había desarrollado en uno de mis libros. En él me baso de nuevo ahora”.

Según el autor de La cruz invertida, “existe un ‘romance secreto’ con los tiranos, a quienes se llama, según las épocas, caudillos, dictadores, ‘mano dura’, personalidad carismática o jefe autoritario. Por ejemplo, los caudillos, dueños de vidas y haciendas, eran adorados por su valentía, su crueldad, su viveza, su obstinación y hasta su generosidad caprichosa. Gobernaban como un rey, pero no como cualquier rey, sino como un tirano, según el clásico modelo que nos viene de la antigua Grecia”.

El diccionario de sinónimos debería enriquecerse: “tirano” ha pasado a ser sinónimo de “caudillo”, “dictador”, “mano dura”, “personalidad carismática” y también de “jefe autoritario”. De donde serían lo mismo Facundo Quiroga y De Gaulle, Hitler y Emiliano Zapata; Pisístrato sería lo mismo que Leonidas y Perón sería lo mismo que Videla...

También deberíamos reformular todas las teorías conocidas acerca de la historia argentina, ya sean de raíz liberal, revisionista, marxista, etc. Pues hasta donde se sabe, nuestra historiografía encontró líneas de continuidad entre tradiciones españolas y los caudillos federales, por ejemplo, pero ni en Levene, Irazusta, Palacio, Saldías, Rosa, Romero, Ramos, Alperín Donghi, etc., en ninguno de ellos encontramos una línea de continuidad que enlace a los caudillos con “el clásico modelo que nos viene de la antigua Grecia”...

DE LAS HIPOTESIS
Después de esa original incursión en la historia política, Aguinis se sumerge en la historia de la cultura griega y dice: “Ricardo Moscone, mientras realizaba una prolija investigación para componer su exhaustiva biografía sobre Sócrates, revisó las frecuentes condenas a la tiranía que realizaban los autores de aquel tiempo. Advirtió que Sófocles quizás haya intitulado su tragedia inmortal con el nombre Edipo, a secas. Dijo que tal vez haya preferido Edipo tirano . No Edipo rey , porque la palabra "rey" sólo es pronunciada una vez, hacia el final. La palabra "tirano" es repetida siete veces”.

El resto del artículo está apoyado en esas hipótesis:
- los autores “de aquel tiempo” formulaban frecuentes críticas a la tiranía;
- Sófocles “quizás” tituló a su tragedia sólo “Edipo”;
- y “tal vez prefirió” titularla Edipo tirano en vez de Edipo rey.

Muchos “quizás”, demasiados “tal vez”... Sobre tantos condicionales es complicado armar una teoría consistente.

Al menos en griego, la tragedia del personaje que mata al padre, se casa y tiene hijos con su madre se llama Edipo tirano, esto es: Oedypus Tyrannos (faltan los acentos del griego ático). Muchas veces las traducciones titularon Edipo rey, Oedypus the King, etc. por diferentes errores que no vienen al caso. Y no es necesario referirse Moscone para sostener que la obra “podría” llamarse Edipo tirano. Es algo que saben los filólogos y los estudiosos de la cultura griega clásica desde hace décadas. Para confirmarlo no hay más que revisar los catálogos de ediciones clásicas, en donde la obra aparece con su verdadero nombre.

Se llama Edipo tirano porque el protagonista de la obra no es un rey de Tebas sino un “tirano de Tebas”. (En realidad, es un rey durante la presentación y el desarrollo del texto, y se descubre que además también era rey recién al final. De donde hasta podríamos escribir un ensayo en donde se sostenga que esta obra cuenta cómo un tirano descubre que es un rey...)

Para la teoría política de los “griegos” entre los siglos VIII y V AC no era lo mismo un dictador que un tirano. En primer lugar diferenciaban a la monarquía de la democracia por el sencillo principio de que el rey lo era por derecho de herencia (no era ilegítimo) y el gobernante democrático por derecho electivo. Sobre una distinción tan sencilla aclaraban que un rey – como un gobernante democrático - podía ser bueno o malo independientemente del origen de su poder.

Siglos antes, cuando comienza a definirse la idea de “lo griego” (que entonces eran una confederación inestable de ciudades alternativamente aliadas o enemigas, sin idioma nacional y sin moneda unificada, que comenzaba a construir una identidad étnica, los helenos) había ciudades monárquicas así como ciudades más o menos democráticas y otras gobernadas por tiranos (sobre todo terratenientes).

En aquel entonces comenzó a llamarse “dictadura” al gobierno que tomaba el poder por la fuerza. Y llamaban “tiranía” (pariente de la “aristocracia”) al gobierno del mejor. “El mejor” no llegaba al poder por la fuerza sino porque era reconocido como tal por los ciudadanos de la ciudad. Por lo general se utilizaba el procedimiento de la “aclamación”. Acerca de este procedimiento para acceder al gobierno existen numerosos testimonios mitológicos – uno de los cuales es, precisamente, el mito de Edipo.

La identificación de tiranía con dictadura es posterior: habría que viajar hasta la Grecia clásica para encontrar esta identificación. Dicho de otro modo, para los griegos también pasaba los años: no es lo mismo hablar de la Grecia del siglo VII que la del siglo V. Apenas 200 años, pero para ellos fueron importantes...

Las palabras tienen historia: resulta chocante a nuestros oídos del siglo XXI, pero para ellos dictador y tirano no eran lo mismo. Por lo general y medidos por su manera de acceder al poder, los tiranos de aquel período no eran necesariamente ilegítimos. Y podía ser un buen o un mal tirano según la “calidad” de su gestión. Podemos citar el caso del mencionado Pisístrato – un tirano que gobernó Atenas en el 560 AC, o sea, 64 años antes del nacimiento de Sófocles...

Pues bien, Edipo – como otros casos de origen mitológico – fue un “tirano”. Y al mismo tiempo, de manera paradojal (como corresponde a las tragedias sofocleanas) también fue rey por derecho de herencia.

Pero cuando hablamos del personaje Edipo es imprescindible hacer una aclaración. Una cosa es el personaje mitológico llamado Edipo, y otra cosa es el protagonista de la tragedia escrita por Sófocles en Atenas cerca del año 430 AC.

El personaje mitológico tiene su propia historia, o para ser precisos, hay varias versiones de su cuento. En algunas variantes no tiene hijos con Yocasta, en otras tienen dos y en otras cuatro (Antígona, Ismene o Ismena, Etéocles y Polínices); hay una versión en la cual Yocasta “lo engaña” para hacer el amor con él y otras en las cuales se reconocen a tiempo – cosas que pasan con los mitos... es muy raro que un mito tenga una sola versión.

En cambio, el personaje de la tragedia tiene una sola versión: la de Sófocles, que puede ser motivo de diversas interpretaciones, por supuesto, pero el cuento escrito por Sófocles en su tragedia está escrito y lo mejor que se puede hacer es leerlo. En algunos aspectos el mito y la obra de teatro coinciden. En otros, no.

Coinciden en que Edipo es un “tirano” porque fue elegido por aclamación por los tebanos. La cosa fue así: Edipo derrota a la Esfinge, libera a la ciudad colapsada por el asedio del monstruo, lo reciben como a un héroe y lo invisten con el cargo de tirano porque con su hazaña demostró ser “el mejor”, el que podía velar por todos y el que fue capaz de hacer lo que nadie más pudo hacer, uniendo inteligencia y coraje en un solo hombre. Pero a su vez – cosa que todos ignoraban en ese momento – Edipo era “rey”, porque era hijo del fallecido Layo (al cual había matado sin saber que era su padre) y de la reina viuda Yocasta, con la cual se casará el flamante tirano sin saber que se trata de su madre.

Volvamos a Aguinis: ¿por qué Sófocles trata a Edipo de “tirano” siete veces y sólo una vez – y al final – como “rey”? Simple: porque durante el desarrollo de la obra nadie sabe que Edipo es el rey. Y como lo ignoran, lo tratan de “tirano”: es el tirano porque lo eligieron como tal. Recién al final, cuando se devela el misterio, la mayoría de los personajes descubre que es el rey y lo tratan de rey. Y lo hacen sólo una vez porque ahí se termina la obra...

Aclaremos ciertos detalles: en realidad, Tiresias y el Pastor ya sabían quién era Edipo, pero el pastor aparece en escena precisamente al final, y Tiresias- de triste papel en esta obra – había callado su conocimiento de la verdad. En cambio, Yocasta, Creonte, el Coro y los ciudadanos implícitos, ignoraban la verdadera identidad del protagonista.

Aguinis, que no ha leído bien Edipo tirano ha fijado una hipótesis equivocada. Como sabe cualquier que estudió metodología, está en un problema.

Otra de sus hipótesis dice que “en aquella época” (se supone que refiere a los contemporáneos de Sócrates) los autores solían criticar a las tiranías. En este punto también son necesarias algunas aclaraciones, porque si bien Aguinis se estaría refiriendo a los autores del período socrático, deberíamos reconocer que se está haciendo referencia a una coyuntura de intenso debate político y cultural en general.

Si se trata de los contemporáneos de la obra y de Sócrates, se debería admitir que en aquellos años Atenas vivió un convulsionado período político en el cual se alternaron períodos de dictadura con otros de democracia. Había teóricos para todos los gustos. El más célebre fue Platón, que no sólo teorizó enfáticamente contra la democracia y a favor de los gobiernos aristocráticos (no hay más que repasar La República o Las Leyes), que no sólo pertenecía a una familia que apoyó todos los “golpes de estado” del período, sino que además había sufrido cómo la democracia condenaba a muerte a su maestro Sócrates.

Si se refiere a autores posteriores a la obra, bueno, eso puede ser tan arbitrario o metodológicamente tan acertado como relacionar a Santo Tomás, Marx o Hobbes con la tragedia de Sófocles.

Y si se trata de los autores de “aquella época” en la cual se creó el mito de Edipo (por lo menos siglo XIV AC) pues bien, de esos años hay tan pocos testimonios de filosofía política, que sólo en un acto de prestidigitación intelectual se podría decir que formulaban frecuentes críticas a la “tiranía” los posibles contemporáneos de la Guerra de Troya – en la cual pelean descendientes de Edipo...

Si nos vamos hasta los orígenes del mito, no hay testimonios para sacar conclusiones generalizadas. Si nos vamos al período inmediatamente anterior al llamado Siglo de Oro, los tiranos no estaban tan mal vistos. Y si tomamos a los contemporáneos de Sófocles y Sócrates, fue un período de fuertes polémicas políticas. Las hipótesis de Aguinis hacen agua – si bien sólo dice que se formulaban “frecuentes” críticas a los tiranos, lo cual es tan impreciso o lo suficientemente ambiguo como para volver imposible un análisis sistemático. Sería como decir que hoy se formulan “frecuentes” críticas al funcionamiento democrático, cosa que podría confirmar cualquier que ingrese “críticas a la democracia” en el buscador Google.

Ahora bien: más allá de las polémicas doctrinarias sobre democracia, dictadura, aristocracia, etc., no debe olvidarse que estamos hablando de una sociedad esclavista. La tan mentada “democracia ateniense” era democracia de ciudadanos: no incluía a las mujeres ni a los extranjeros. Y por supuesto no alcanzaba a los esclavos, que según los estudiosos de la economía griega clásica, eran más del 50% de los habitantes totales de la ciudad.

No debe olvidarse, además, que se trataba de la llamada “democracia directa”. Atenas podía darse el lujo de utilizar ese sistema porque eran relativamente pocos ciudadanos (alrededor de 10.000 en el siglo V AC) y porque tenían esclavos que se ocupaban de trabajar para ellos. Cualquier ciudadano podía aspirar a un cargo electivo, pero como esos cargos eran ad honorem, sólo quienes tenían suficiente poder económico (basado en esclavos) eran quienes se presentaban. Según estudios ya clásicos, todo esto daba como resultado que los participantes de la “democracia directa” de Atenas representaban más o menos el 10% de la población de la ciudad. O sea, una democracia directa elitista.

A su vez, si bien este sistema es recurrentemente celebrado por intelectuales de diferentes tendencias, recordemos que este tipo de democracia tuvo sus daños colaterales. Por ejemplo, condenó a Sócrates por “subversivo”, malcrió al bello renegado Alcibíades, encabezó un imperio que cometió toda clase de crímenes contra sus colonias, etc.  

O dicho de otro modo, deberíamos revisar el contexto socio-económico y político de los teóricos que en aquellos años realizaban “frecuentes” críticas a las tiranías. Porque, por mucho que las tiranías merezcan críticas, siempre es bueno recordar en qué contexto y a favor de qué clase de democracia se formulan tales críticas. En aquellos años, las críticas a las tiranías se realizaban dentro de los límites de una democracia directa y elitista, en el marco de una sociedad esclavista y bajo gobiernos que cometieron las peores atrocidades contra sus colonias – por no decir sistemáticas violaciones a los derechos humanos, porque eso sería salirse de contexto histórico.

Y DÓNDE ESTÁ EL TEXTO?
Luego de señalar el aporte freudiano con relación al caso Edipo, Aguinis aclara que hubo un aspecto de la obra que no fue motivo de análisis suficiente: “ la tiranía, que esa obra expone de un modo magistral”.

Es por lo menos discutible que esta obra exponga de manera magistral a la tiranía. Acá estamos frente a un problema de interpretación, de abordaje, de lectura o como se prefiera llamarlo. Es legítimo hacer interpretaciones acerca de textos, pero las mismas deberían estar sostenidas por el texto mismo o por datos externos complementarios.

Es decir: la tiranía, como es obvio, forma parte de la obra, es uno de sus elementos de contexto dramático, pero de ahí a decir que la obra está dedicada a este asunto, o que expone al mismo, hay una gran diferencia. Sería como decir que Hamlet de Shakespeare es una obra que expone de manera magistral el sistema de gobierno de la Dinamarca medieval... Parecería que hay otras cosas que se pueden decir de Hamlet además de eso!

Dice Aguinis que la peste que asolaba a Tebas “no eran ratas o piojos o culebras venenosas. La peste innominada, en realidad, eran la tiranía y sus manejos”. Se trata de una inferencia aventurada.

Sófocles no habla de esa clase de “bichos”, seguramente porque no tenía a mano un microscopio... Los griegos de entonces no sabían de bacterias, virus y alimañas microscópicas en general. Pero de todos modos podían llorar la muerte que esos bichos provocaban – como nos pasaba a nosotros con el SIDA, hasta que supimos de qué se trataba. Todo parece indicar que se trató de un caso de fiebre tifoidea bajo las condiciones de la Guerra del Peloponeso.

La peste es del año 429. Y Edipo tirano sería del año 430... Poco antes del estreno de la obra, Atenas padeció esa notoria peste cuya existencia Aguinis no debe ignorar. Tan notoria que provocó la muerte del famoso Perícles y, según algunos estudiosos, la muerte de más o menos un tercio de la población de Atenas. Edipo tirano poco después de aquel desastre... Según Aguinis la peste en la obra es la tiranía, pero los datos sugieren que la peste en la obra es la peste en la ciudad.

Dicho de otro modo, estamos frente a un recurso dramático: Sófocles utiliza a la peste reciente como recurso para generar identificación e interés en los espectadores – del mismo modo en que lo hacía Shakesperare con la historia de Inglaterra, o como hoy lo hacen los guionistas de cine y televisión para “enganchar” al espectador.

Observemos, en primer lugar, que en términos de técnicas dramático-narrativas, la peste en esta obra funciona como disparador. Hay un universo (la ciudad de Tebas, gobernada por Edipo) en el cual estalla un problema (la peste) que pone a todos en acción. Sin peste la obra no se desarrolla, quedaría en puro planteo de situación.

En segundo lugar, lejos de referir a la peste como tiranía, en Edipo la peste coloca al protagonista frente al mismo problema que los espectadores habían padecido poco antes. De ese modo, el espectador “comprende” mejor la desesperación del gobernante por terminar con el flagelo, y comprende mejor el padecimiento de la ciudad de ficción (Tebas) porque ellos en la realidad cotidiana (Atenas) acababan de padecerla. Es la misma clase de recurso que un narrador talentoso como Aguinis utilizaría se le pareciera necesario.

Si analizamos todas las variantes conocidas del mito de Edipo (en el cual se inspira Sófocles) veremos que en ninguna de ellas aparece una peste. Tampoco hay registros de pestes ocurridas en la ciudad de Tebas durante la Grecia antigua. La presencia de la peste en medio de este mito es un genial invento de Sófocles. Trasladó la peste ocurrida en la Atenas histórica a la Tebas mitológica. Esta genialidad de Sófocles no tiene nada que ver con la tiranía: esta puesta allí para hacer “más dramática” a la tragedia.

LA PSICOLOGÍA DEL TIRANO
Sigue Aguinis: “ Edipo es un tirano que reúne en su personalidad y conducta todas las lacras. Desconoce la jerarquía y dignidad del prójimo debido a su narcisismo. Tiene tanto odio que enajena antiguos vínculos y hasta lazos de sangre. No ama ni le alcanza lo mucho que ya tiene. Lo asaltan accesos de furia... “ Etc.

Está muy claro que Edipo no es precisamente un tipo encantador. Pero... tampoco lo son los restantes protagonistas de las tragedias de Sófocles. El protagonista de las tragedias griegas suele llamarse “héroe trágico”: son tipos bastante complicados.

Podrían ser héroes trágicos si no fueran personajes especialmente defectuosos? Edipo tiene exactamente la clase de personalidad que le impide resolver el problema frente al cual lo coloca el autor. Si Edipo no fuera calculadamente imperfecto no podría protagonizar la tragedia.

Pero ahí no terminan las características de un héroe trágico. Si estos héroes fueran apenas un montón de desperfectos no serían héroes trágicos. Serían personajes malos. Edipo no es Hannibal Lecter ni Macbeth, no es un serial killer ni un ambicioso dispuesto a todo. Edipo es memorable, seguimos hablando de él, perdura, por varias razones. Una de ellas – bien lo sabe Aguinis – es porque de manera simbólica todos fuimos Edipo alguna vez, de algún modo.

Pero también es memorable porque se trata de un modelo de héroe trágico al estilo griego – no al estilo isabelino. O sea, tiene un defecto terrible y tiene, a la vez, una virtud extraordinaria.

Su defecto, su “hybris”, le impide comprender la verdad que está “frente a sus ojos” (a los cuales se arranca, lógicamente). Y su virtud es, precisamente, aquella que le permite llegar hasta el final: su inquebrantable voluntad. La voluntad lo hace avanzar a pesar de todo. El defecto le impide encontrar la solución.

Esta es la paradoja presente en todos los grandes héroes trágicos como Edipo o Antígona. Están construidos para intentar resolver algo que no pueden resolver. Por eso los admiramos: porque no pueden pero lo intentan, a pesar de todos y contra todo. El héroe trágico irá hasta contra los mismos dioses si fuera necesario, pero no podrá resolver el problema. (Criterio que vale para Sófocles y Eurípides pero no siempre para Esquilo, cuyo concepto de la tragedia era todavía un tanto arcaico).

En su Poética dice Aristóteles que Edipo tirano es la más perfecta de las tragedias griegas. Hegel, en su Estética, decía algo semejante. Conviene no olvidarlo a la hora de analizar un texto a la vez tan simple y tan complejo.

Edipo, fuera de duda, no es un modelo de personalidad. Tiresias le dice la verdad a su manera, pero Edipo no puede entenderla (no puede verla). Creonte utiliza argumentos de una lógica aplastante, pero Edipo no cede a ellos (ni cede ante nada).

Pero, del mismo modo, Tiresias, el profeta, el sabio, siempre supo la verdad y no la dice hasta que Edipo lo interroga, lo maltrata y lo amenaza. Tiresias sabía que Edipo había matado a su padre, sabía que se había acostado con la madre y sabía que la peste era un castigo- no contra Edipo sino contra la ciudad... Tiresias sabía, pero no lo dice hasta que Edipo lo obliga. Nada es simple en una tragedia griega...

Creonte, que había sido el regente hasta la llegada de Edipo y que era su leal primer ministro, representa al poder político de la ciudad: es el poder que mantuvo al asesinato de Layo en la impunidad. O sea, el poder político co-responsable de la peste: la peste es el castigo que los dioses imponen a Tebas porque no hicieron justicia ante el asesinato de su rey.

Edipo es un tipo difícil, pero los demás no le andan lejos. El Pastor que da la clave para resolver el misterio, es un cobarde y es un esclavo, que había huido de la ciudad cuando observó que el nuevo tirano era el asesino del rey anterior... (Y no hablamos de Yocasta para evitar que nos traten de machistas...) Nada, nada es simple en una tragedia griega...

No se puede entender la psicología de un personaje por fuera del sistema de personajes de la obra. Y mucho menos, como bien señaló Aristóteles, en la más perfecta de las tragedias griegas.

Además, en nombre de su diatriba contra los tiranos, Aguinis omite el rasgo de grandeza de Edipo. A saber: el personaje tiene el poder y nadie se lo disputa, no obstante, en nombre de la salvación de su pueblo, lleva adelante con una investigación que ningún poder le impone y que lo conduce directamente a la ruina personal y política. Edipo prefiere su propio sacrificio antes que la calamidad de su pueblo. La obra bien podría plantear la forma en que un “tirano” aprovecha su poder para eludir sus responsabilidades. Pero, en vez de eso, Sófocles opta por mostrar la grandeza moral de un personaje desagradable que prefiere la verdad a la impunidad.

Y entonces Aguinis aclara lo siguiente: “ La obra también revela que una tiranía puede instalarse por decisión popular. Edipo es elegido por los ciudadanos de Tebas. En este aspecto, no podemos sino redoblar nuestra admiración por Sófocles, que hace 2500 años nos advertía que los tiranos pueden acceder al poder con aplausos y felicidad comunitaria. Hitler fue elegido. Chávez fue elegido. Eso no garantiza que una vez en el trono, mantengan la ley y merezcan ser alabados como demócratas...”

No es la obra quien revela que una tiranía se puede instalar por decisión popular. Eso es algo que revela el conocimiento de la historia griega. O acaso Aguinis se enteró de eso a través de Sófocles? De ese tema ya se había ocupado Esquilo en su trilogía sobre Prometeo, o en Los Persas; de eso se ocuparon también los teóricos pro democráticos a los que Aguinis invoca sin mencionar, etc., por dar algunos ejemplos. Basta con haber tenido un buen profesor de historia en la secundaria para saber ciertas cosas, sin necesidad de leer a los trágicos griegos.

Sófocles –que fue un verdadero genio, en eso coincidimos - no le advertía a sus contemporáneos cosas que ellos sabían muy bien y que discutían apasionadamente en sus ciudades día a día.  Más bien, Sófocles le hablaba a sus contemporáneos acerca de cosas que en general todavía no sabían, como en suelen hacer los grandes artistas. Por algo Freud se preguntó en una carta a su amigo Fliess, qué tendrá Edipo de Sófocles que no podemos dejar de hablar de ella... Y la respuesta que dio no fue precisamente una teoría de las tiranías sino los fundamentos del psicoanálisis.

Muchos psicoanalistas, con deformaciones reduccionistas, pretenden que Edipo tirano es sólo una obra acerca del complejo de Edipo. No se debería caer en reduccionismos equivalentes, proponiendo que Edipo tirano es una obra sobre la tiranía, o sobre la decadencia de la religión tradicional de los griegos - más varios etcéteras. Es una obra acerca de varios temas a la vez, como en general ocurre con los grandes clásicos.

Agrega Aguinis: “El retumbante coro de la tragedia Edipo tirano exige conservar las leyes. Porque son las leyes lo primero que profana el tirano, esa singular peste de la sociedad. Después el coro señala que la intemperancia engendra a los tiranos y que, si llegan muy arriba, se despeñan, con dolorosas consecuencias para todos”.

Dónde dice Sófocles que las leyes son lo primero que profana el tirano? Dónde que  “la intemperancia engendra tiranos”?  Dónde que si los tiranos “llegan muy arriba, se despeñan con dolorosas consecuencias para todos”? Dice, en cambio, cosas parecidas. Pero no dice eso.

De otra parte: es que acaso el personaje Edipo incumple con alguna ley durante la obra? Todo lo contrario. Es precisamente él quien cumple con las leyes (escritas y no escritas) cuando decide investigar un crimen impune. Y fueron sus conciudadanos y el gobierno anterior quienes no cumplieron con las leyes (escritas o no) al dejar ese mismo crimen en la impunidad.

LA CEGUERA INTELECTUAL
Según Aguinis, Edipo “es un negador tenaz de la realidad, a la que le impide que llegue a su retina. Por eso, Edipo termina arrancándose los ojos: ojos que se negaron a ver”.

Edipo explica porqué se arranca los ojos... Pero no dice lo mismo que Aguinis... A quién creerle?

Cuando el Coro le pregunta, Edipo explica: con qué ojos podría mirar en el Hades a su padre Layo, al cual había matado... No se los arranca porque “se negaron a ver”. Se los arranca para no tener que ver – para no mirar a la cara al padre que mató. Hasta podríamos aventurar que se los arranca porque esos ojos se negaron a ver que su madre era su madre, o que no vieron que Layo era su padre... Pero sería un poco forzado, porque Sófocles armó la trama con cuidado matemático, para que Edipo no pudiera saber que se casaba con su madre, y mucho menos que pudiera saber que ese anciano prepotente, Layo, era su padre...

Y si nos ponemos un poco más psicoanalíticos, podríamos señalar que también se los arranca porque inmediatamente antes de la mutilación había visto el cadáver desnudo de su madre. Y así, podríamos dar más motivos de porqué Edipo se arranca los ojos. Nada es simple en las tragedias griegas...

A continuación el autor comenta: “Es notable que, cuando ya había perdido su cetro y, pese a semejante debacle quería seguir mandando, su sucesor, el tirano Creonte, le reprochó: "No quieras mandar en todo, Edipo, cuando incluso aquello en que triunfaste no te ha dado provecho en la vida".

Es cierto y es uno de los mejores momentos de la obra. Edipo tampoco podía ver que ya no mandaba, que se había convertido en un ex rey y en un ex tirano, pero esta vez – ahora que Edipo ya atravesó la crisis – las palabras sensatas y hasta piadosas de Creonte lo hacen entrar en razón. Justamente eso es lo que Aguinis no señala, que Edipo admite en los hechos las palabras de Creonte, que Edipo, por primera vez en la obra, escucha al otro y admite su razón. Lo terrible es que haya debido atravesar semejante tragedia para llegar a eso...

Aguinis cierra su artículo con dos o tres párrafos en los cuales sale del marco de la tragedia griega, cita a Plutarco, a Canetti y concluye que “cualquier semejanza con nuestra realidad nacional no es pura coincidencia, sino que queda a criterio del lector”.
De modo semejante, cualquier semejanza del artículo comentado con la historia del arte y de la filosofía griega también queda a criterio del lector.

El artículo de Marcos Aguinis puede ser consultado en el siguiente link:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1034982&high=aguinis



 

 
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