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Ingenuos y Paranoicos
Por Hernán Invernizzi

 

Era un viernes a la tarde. Tenía que encontrarme con un viejo amigo en ese bar de Corrientes y Montevideo. En el sector fumadores un grupo de conocidos conversaba – con pasión propia de otras épocas – acerca de la polémica entre “el campo” y el gobierno. Como mi amigo todavía no había llegado, me sumé a la charla.

Eran cinco alrededor de la mesa. Todos entre 45 y 55 años. Sólo una mujer. Cualquiera que haya tomado más de tres cafés en ese bar durante los últimos 30 años, puede imaginarse el ambiente general.
Célebre en el ambiente militante debido a su pasión por los Parissienes y su fanatismo bostero, Silvio vociferaba y murmullaba a la vez – parece una contradicción, pero se trata de una especial habilidad militante, el murmullo a los gritos... – que el único error que podía adjudicarse al gobierno, consistía en la macana de unir a los chacareros de la Federación Agraria con sus principales enemigos de clase, los garcas de la Sociedad Rural.

Alejandro, contador, antes elegante por naturaleza y ahora a fuerza de gimnasio, esperó con una media sonrisa provocativa hasta que Silvio terminó de explicar que defendía al gobierno a pesar de algún error político. Y entonces le saltó al cuello:
- O sea que para vos sólo hay que criticarles un error táctico…
- Y claro! Vas a ver que en el mediano plazo las cosas vuelven a su lugar natural, la Federación Agraria a sus luchas tradicionales y la Sociedad Rural a sus grandes negocios…
- Y a vos te parece que esto de unir las contradicciones es nada más que un error político, pura táctica… como juntar por error a Alzogaray con el Che, a Lilita con Perón, a Delía con Macri… No te parece raro?
Silvio se rió como el torero que ve cabecear al toro vencido. Sintió que lo tenía a su merced:
- Vos sos un tipo formado… No va a ser la primera vez que se unen y después algunos se arrepienten. Ya pasó con la Unión Democrática, al PC le pasa cada dos por tres – aprovechó para chicanear a la única dama, Alicia, alguna vez cuadro dirigente de la Fede y en los ’90 la más peronista de las frepasistas.
- No es lo mismo! En la Unión Democrática se unieron para defender intereses comunes, acá, en cambio, se unen para defender intereses enfrentados.
- Cómo que intereses enfrentados! Qué te pasa! Todos están defendiendo lo mismo…
- No compañero, no y no. – Alejandro apoyó los codos sobre la mesa, arqueó las cejas y con aires de profesor perdona vidas explicó midiendo cada palabra:
- Estamos ante al caso insólito de un frente relativamente orgánico que dice usar la misma estrategia para defender intereses contradictorios. Vos sabés muy bien que todos estos tipos defienden intereses políticos, sociales y económicos contradictorios. Pero los defienden todos juntos. No te parece raro?
- Mirá que novedad! Hace tres meses que todos hablamos de eso. Por eso te decía que acá cometimos un error táctico y que los melones ya se van a acomodar andando el carro.
- Los melones se acomodan cuando todos son parte del mismo carro. Los intereses de un tipo que tiene 500 hectáreas y los de uno que tiene 5.000 no pertenecen al mismo carro. Van en carros distintos desde hace décadas.
- Justamente por eso se van a acomodar las cosas. Porque no pueden seguir juntos y ellos lo saben. Ahora están juntos para aprovechar la coyuntura, cada cual en defensa de lo suyo, pero en el mediano plazo, cada cual vuelve a su quintita.
Alicia sabe que los hombres no escuchan a las mujeres cuando hablan de política: levantó apenas un poco la voz, lo exactamente necesario para que los varones le prestaran atención:
- Por eso el gobierno usa la estrategia de estirar el conflicto y de dividirlos. En estos casos el desgaste es la mejor política: Buzzi no soporta a Miguens, los chacareros no soportan a los terratenientes… en poco tiempo o se pelean o se equivocan.
- Sabés una cosa? Yo no creo que el gobierno esté tratando de dividirlos… - insisitió Alejandro.
Recién allí intervino Luís, a punto de convertirse en un obeso, el único de la mesa al que yo no conocía de antes:
- No, pará, che! Como que no los quiere dividir… Dos cosas: una, que necesita dividirlos, y la otra, que hace todo lo posible para que se dividan, toda clase de maniobras, políticas, técnicas, mediáticas, de todo…
- Mirá, si los quisiera dividir, pueden hacerlo en cinco minutos. Con la caja que tiene el Tesoro, la división se arregla rápido: se reparten tantos pesitos a los que tienen menos de mil hectáreas y entonces deberían dividirse por lo menos en dos partes.
- Vos sabés que esas medidas no se aplican así de fácil… - le retrucó Alicia, que durante el gobierno de la Alianza tuvo que lidiar con la burocracia estatal para distribuir “dos mangos” en las villas que ella supervisaba desde un ministerio: - Repartir guita del estado siempre es un bolonqui, hacen falta cálculos técnicos y todo eso. Además, y vos sabés de estas cosas: nunca está del todo claro quién tiene 1000 hectáreas y quién diez mil. Todos mienten. Y todos ellos tienen contadores y abogados doctorados en cómo cagar al estado.
- Hace falta una decisión política! Después venimos los técnicos – recordemos que Alejandro es contador – y arreglamos las cosas. No me jodas.
Luís, entre indignado y sofocado por la obesidad en ciernes, insistió en participar:
- Y vos… qué pensás? Explicame por qué no toman una decisión política… Son tarados? Me vas a decir que al gobierno le gusta pelearse con sus aliados!
- Ahí está el problema. Cuáles son los aliados del gobierno? Los chacareros de la Federación o los grandes capitales del campo?
- Ah no, paremos un poco... – La pregunta de Alejandro a Silvio le sonó a provocación gorila: - Si vamos a plantear que este gobierno es aliado de los terratenientes y enemigo de los pequeños propietarios, entonces me equivoqué de mesa.
Alejandro trató de contemporizar un poco y suavizó:
- Estamos todos en la mesa correcta tratando de entender algo que no entendemos.
- Vos sos el que no entiende. Acá la cosa es muy simple: se cometió un error y estamos tratando de arreglarlo sin bajarnos los pantalones.
- Yo no estoy tan seguro de que haya sido un error. A mi me parece que tomaron una medida... como todas las medidas económicas tiene ganadores y perdedores, y eso lo sabían desde el primer momento. Si no pienso así, entonces tengo que pensar que son tarados o que no saben nada de economía. Y una cosa es segura: ni son tarados ni son ignorantes, todo lo contrario. Son brillantes y están muy capacitados.
- A dónde querés ir? – le preguntó Alicia con una mezcla de desconfianza y curiosidad. 
- Quiero decir que desde el primer día sabían que el paso a las retenciones móviles tal como se plantearon, jodía a los chicos y no afectaba a los grandes.
Luis volvió a meterse mientras acomodaba la corbata rebelde contra la panza: - Yo a vos no te entiendo... Por qué un gobierno va a atacar a sus aliados? La mayoría de estos chacareros votó a Cristina... gracias al “3 a 1” pudieron levantar sus hipotecas... etcétera etcétera...
- Sí, todo lo que quieras, pero ese no es el asunto. – Silvio se sintió obligado a insistir con que toda esa discusión se debía a que Alejandro no aceptaba algo tan simple como cometer un error y tratar de resolverlo con el menor costo político posible: - Detrás de tu planteo está la idea de que los compañeros nunca cometen errores... Mirá, nos equivocamos como todo el mundo. Lo que pasa es que cuando comete un error un gobierno peronista entonces se trata de alguna maniobra maquiavélica o la típica incompetencia de los gronchos. Pero eso sí… si el que se equivoca es un liberal, si el error lo admite y trata de corregirlo un radical, ah, no.... en ese caso se trata de un noble ejemplo de civismo... Vamos!
- Eso es cierto, pero lo que pasa es que acá no hay error! Decime una cosa Gordo (a Luis): cuántos son los chacareros? Cuántos pequeños y medianos productores del campo están metidos en este problema? De cuánto hablamos?
- Son un montón! Preguntale a Schiaretti cuántos son! Preguntá en Santa Fe...
- Para Schiaretti son importantes, a nivel provincia son importantes, pero a nivel nacional... En Santa Fe son importantes, pero vos fijate que  para la local votaron a Binner y para nacional a Cristina. En las provincias donde mandan los cultivos regionales se hacen los boludos... Si revisás provincia por provincia te vas a llevar unas cuantas sorpresas. Además, no te olvides que hay una verdadera multitud de pequeños productores del campo que no tienen representación en este lío. Los que son pequeños en serio no están cortando rutas, están criando dos chanchos y tres gallinas en miles de lotes de cinco hectáreas. Pero ese no es el problema importante. El asunto pasa por lo que estos tipos representan en la economía nacional y en el modelo de acumulación que se está consolidando.
- Ah! Cagamos! Llegó la hora de la crisis del capitalismo mundial! – lo gastó Silvio.
Alejandro le contestó con la autoridad que le daba haber sido un activo crítico del neoliberalismo de los ’90 y funcionario del gobierno actual: - Vos no me vas a negar que el menemismo promovía un modelo de acumulación y que nuestro gobierno promueve uno diferente, verdad?
- Dale, no me gastes! Qué querés decir? – Silvio se estaba empezando a impacientar.
- Simple: Lousteau firmó una medida que jode a los llamados pequeños y medianos porque esos chacareros, hoy por hoy, no le importan a nadie. En el mejor de los casos no hacen falta, y en el peor de los casos, joden, molestan, hacen ruido en un modelo de acumulación que en el caso del campo se apoya en la gran escala, en los grandes pools de siembra, incorporación sistemática de tecnología, altos niveles de productividad, etcétera. En ese esquema, el tipo que tiene 100 o 500 hectáreas es una molestia para el estado, no es costo-eficiente.
- No, no y no. En primer lugar, este gobierno, y vos lo sabés, está de verdad comprometido con pequeños y medianos productores en general, en la industria y en el campo... Es el primero en décadas que apoya la exportación de vinos, por ejemplo, es el que subsidia, es el que apreta a los bancos... En fin, vos lo sabés mejor que yo. Pará, pará... – Silvio no se dejó interrumpir por Alejandro: - Además, este gobierno también es el que sostiene el dólar alto, con todo lo que eso significa para el conjunto de la economía... y la verdad es que me daría risa tener que contarte todo esto justamente a vos que siempre defendiste a muerte estas cosas, no? O cambiaste de vereda?
- Silvio, nadie cambió de vereda. Lo que pasa es que estos tipos representan apenas un 11% de la producción agropecuaria. Y lo que es peor, no generan puestos de trabajo. Y lo que es todavía peor, la mitad del poco trabajo directo que generan lo tienen en negro y mal pago. Y encima que producen poco, aportan muy poquito al sistema impositivo. O sea que ni siquiera son importantes a los efectos recaudatorios. En este siglo, estos tipos son un sector conservador, que invierte poco, no incorpora tecnología, no genera mano de obra, no produce de manera significativa y su incidencia impositiva es menor. Entonces decime una cosa: por qué el gobierno debería desarrollar políticas activas en beneficio de un sector semejante?
- Por una simple cuestión de justicia! Somos peronistas, no somos liberales! – le retrucó Silvio con orgullo.
- En eso estamos de acuerdo. Pero acá el problema pasa por otro lado: está bien que el gobierno subsidie a las pymes, verdad?
- Por supuesto!
- Y por qué? Porque son las principales fuentes de mano de obra en un país con muchos desocupados. Hay que apoyarlas porque de eso depende la generación de puestos de trabajo, aunque nuestra industria sea ineficiente, aunque nuestros industriales se dediquen más a la rapiña que a la ganancia, y todo eso. Eso es justicia. Lo del campo, la verdad que no sé...
Pedro, que hasta acá se había mantenido en silencio, estalló:
- Pero este tipo se volvió loco! Ahora resulta que estamos contra los chacareros...
- No, no – interrumpió Alicia – es mucho peor: según vos todo esto es un cálculo cínico del gobierno para sacarse de encima a un sector productivo atrasado...
- Y por qué no?
- Porque no es justo! – explotó Silvio.
- Vos sos un poco ingenuo... A vos te parece que estos chacareros tienen arreglo? Hace cien años que producen de la misma manera. Son incapaces de asociarse con fines tecnológicos o financieros... pero para cortar una ruta enseguida consiguen el bendito consenso en defensa del interés común. Cualquier fábrica autogestionada es más moderna y más racional que todos estos chacareros juntos!
-  O sea que según vos los quieren hacer puré porque son unos atrasados?
- Yo no digo que lo hacen en contra de ellos. Lo que digo es que ellos ya no importan en un mundo donde el petróleo, los alimentos y la tecnología son la llave de los grandes mercados mundiales... No hacen nada contra ellos. Y tampoco van a hacer algo a favor, porque ya no importan Silvio, porque no son funcionales al modelo.
- Pará, pará un poco... De qué modelo me estás hablando? Cuál es tu modelo’

Estábamos en eso cuando llegó mi amigo, poeta, consultor de marketing en sus ratos de ocio, más preocupado por el verso escrupuloso que por los debates militantes, y me llamó con sus gestos exagerados desde la puerta de Corrientes. Nadie observó que me iba a otra mesa. Mi amigo el poeta había sacado entradas para ir a ver la última de Trapero, Leonera, y allí nos fuimos con nuestra respectivas. Les recomiendo la película. 


 

 
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