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Política Internacional en la Argentina actual.
Neutralidad Positiva o Intervención Subordinada.

Por Mario E. Burkún


Qué es la política internacional para la Argentina
Hace más de treinta años, el general Juan Domingo Perón señalaba ya que “ en el mundo de hoy, la política puramente nacional es una cosa casi de provincias. Todo es política internacional, que se juega adentro y afuera de los países”.

Esa afirmación tiene hoy más vigencia que nunca. El destino nacional de los países no se define aisladamente. Se decide de cara a sus países vecinos y al mundo entero. Por eso, entender las claves fundamentales de esta nueva era histórica que nos toca vivir es una condición absolutamente necesaria para determinar qué tenemos que hacer para enfrentar y resolver los nuevos desafíos que  presenta la historia.

No hace falta señalar que vivimos en un mundo económicamente globalizado. Sí importa decir que la creciente aceleración del ritmo de la globalización ha generado las condiciones materiales para el surgimiento, por primera vez en la historia del hombre, de una verdadera sociedad mundial, que se corresponde con el advenimiento de la era histórica del universalismo.

Dicho universalismo posee también su lado negativo, en lo que se refiere a la exacerbación de la perdida de identidad de las partes integrantes que no tienen un poder suficiente para estar en el núcleo duro de la globalización.

Las identidades nacionales se sienten constreñidas a mimetizar sus comportamientos con los países centrales o someterse a actitudes de discriminación y proteccionismos reductores de las oportunidades de desarrollo tanto económico como cultural.

Los regionalismos y la vuelta a tribalismos políticos de un  período propio al poscolonialismo, surgen como condiciones de la evolución temprana de la globalización, exacerbada por la burbuja financiera, y la crisis sistémica de muchas regiones del planeta.

Frente a este escenario internacional, la República Argentina tiene que asumir una posición activa en el contexto de la sociedad globalizada del 2008. Posición que tiene que representar el interés nacional en toda su dimensión. Para lo cual debe tener relaciones internacionales que contemplen su historia, su cultura y su proyección económica y política. Al mismo tiempo que tenga en consideración que el respeto internacional es un bien nacional, que se traduce, más temprano que tarde, en inversiones, comercio y participación de un país en el espacio de la política internacional.

Un diseño flexible y coherente tiene que surgir de la figura del movimiento de un núcleo focal dentro de un rectángulo de geometría variable, con cuatro vértices rectores, a saber:
           
1) Los EE.UU., como potencia, tiene que ser reconocida como uno de los vértices, especialmente en su papel significativo en la pelea por reducir la vulnerabilidad financiera internacional. Así como en la negociación de los temas comerciales en disputa  en el comercio internacional, como el del proteccionismo agrícola, respecto al cual tenemos posiciones divergentes en los paneles de la Organización Mundial de Comercio.

Al mismo tiempo es un necesario interlocutor para definir una negociación que permita reducir las posiciones extremas que como potencia internacional asume respecto a los países de menor desarrollo en lo referente a la preservación de los recursos naturales en vías de extinción, y vis-à-vis de las características de una industrialización limpia, que garantice el medio ambiente en un futuro previsible.

Sin embargo en el período actual de la globalización, la relación más significativa con los EE.UU. es la temática de la seguridad internacional, en donde se destaca la necesidad de explicitar un papel en las situaciones de conflicto que se desarrollan actualmente y que son situaciones carentes de la transparencia necesaria como para asumir una posición de intervención activa.

Finalmente, también es importante la relación con los EE.UU. en lo referente a las oportunidades de inversión que permitan atraer capitales para generar proyectos de desarrollo económico.

2) El MERCOSUR ampliado con Venezuela, Bolivia y Chile. Con los países limítrofes, especialmente con Brasil tenemos identificado el segundo vértice clave de nuestro movimiento en las relaciones internacionales en el mundo actual. Con el debemos construir un  polo de poder económico y político sudamericano, una alianza estratégica de alcance regional y de proyección mundial.

Hoy, en circunstancias de debates y diferencias entre algunos países miembros de la región, tenemos que redoblar la apuesta. Sabemos perfectamente que los problemas que afronta el MERCOSUR se resuelven con más MERCOSUR.  Es imprescindible profundizar el camino de la integración regional para avanzar en la plena inserción de nuestros países en las grandes corrientes de comercio y de inversión que caracterizan a la economía mundial de nuestra época.

Queremos subrayar también la importancia que atribuimos al claro compromiso que el presidente Lula asumiera públicamente con el fortalecimiento del MERCOSUR. Consideramos, asimismo, que la intención expresada por el mandatario en el sentido de avanzar en la adecuación y compatibilización de nuestras políticas macroeconómicas, incluyendo hasta la posibilidad del establecimiento de una moneda de intercambio común y de la creación un Banco Central Regional, que ejecute compensaciones unificando políticas monetarias que sostengan la actividad económica, constituyen la manifestación inequívoca de una voluntad política que no podemos menos que compartir.    

 Brasil es la principal potencia económica sudamericana. Es la décima potencia industrial del mundo. Junto con China y la India, son otra potencia industrial del mundo emergente. Que el Brasil pueda retomar la senda de un crecimiento económico sostenido resulta entonces una cuestión de vital interés para todos los socios y aliados del MERCOSUR, cuyas exportaciones podrán aumentar rápida y significativamente al compás de la reactivación del mercado brasileño.

Es evidente que una Argentina fuerte económica y políticamente es una necesidad para nuestro vecino, el Brasil. Nuestro mercado es el principal referente económico, al mismo tiempo que nuestra importancia regional permite la estabilidad política y de seguridad en toda la zona.

Teniendo en consideración, que si bien la región no es un espacio de conflicto abierto entre extremos fundamentalistas como el Medio Oriente, tiene siempre la posibilidad de germinar enfrentamientos de menor intensidad, como son las disputas fronterizas o por la expansión de la frontera productiva. Al igual que la zona no es totalmente ajena a la posibilidad de una carrera armamentista de magnitud, como sería la continuación del desarrollo de industrias misilísticas o nucleares con fines no pacíficos, o la exacerbación de formas de seguridad que invaden el terreno de las competencias institucionales garantes de la democracia. Como sería el caso de la presencia de tropas u servicios externos a la región para el control y la estabilidad política interna (ejemplo como el de la Triple Frontera, o la problemática del lavado de dinero volátil internacional).

Este mutuo interés entre las dos naciones más poderosas en el bloque regional tiene que contemplar:

La profundización de la asociación con los otros vecinos de América del Sur, en especial con Chile. Hay que construir un MERCOSUR bioceánico, que nos vincule activamente con los países del Asia Pacífico, que constituyen los mercados de consumo de más alto crecimiento de la economía mundial. Al mismo tiempo que garantizar la seguridad internacional creando un marco de libre circulación protegido en toda la región, incluidos los puntos más vulnerables como la triple frontera y el corredor Iquique-Santa Cruz de la Sierra.

A este trípode, es necesario incorporar el vínculo con Venezuela y Bolivia, que constituyen parte constitutiva del aprovisionamiento en energía, fundamental para garantizar el crecimiento en un momento histórico mundial en el que dicho insumo se encuentra en disputa en todas las regiones.

3) La tercera referencia vinculante de nuestra política internacional es la Unión Europea.
Allí tenemos lazos históricos de carácter cultural, político y económico que son claves para nuestro futuro desarrollo sustentable.

La atracción de capitales frescos para inversión directa en nuestra economía, así como la renovación de la confianza del inversor individual pueden ser bases para una rápida mejora de nuestra situación social, creando puestos de trabajo y mejores oportunidades de negocios.
También es un mercado de absorción de nuestra producción, para lo cual un tratado de libre comercio UE/MERCOSUR es trascendental.

En el plano de la influencia sobre los Organismos Financieros Internacionales, la influencia de la relación con los países miembros de la UE es muy importante.

En otro contexto, es también necesaria esta relación para los temas de seguridad internacional que garantizan la plena vigencia de la democracia en nuestra región.

4) El cuarto vértice es el de las relaciones Sur-Sur, con aquellos países que están pasando a constituir el polo de desarrollo más importante de comienzos del siglo XXI. Tenemos que manifestar que estos vínculos asumidos dentro de una geometría variable permiten que se desarrollen relaciones importantes con otras regiones con las cuales tenemos pocas actividades pero que tienen a futuro que formar parte de nuestro protagonismo internacional.

La Cuenca del Pacífico es un área en la que la penetración comercial es motivo de nuestra atención. China, la India, Corea del Sur y Japón deben ser mercados en los que la presencia Argentina tiene que tener relevancia. Rusia y su zona de influencia es otra de las posibilidades de comercio que deben incorporarse como prioritarias en el futuro inmediato.

Finalmente el África en su región sur es una zona de desarrollo de nuestra actividad futura, así como de impacto en las políticas comunes que se puedan implementar en los debates internacionales para la reforma de las instituciones multilaterales de financiamiento, así como para profundizar los objetivos y propósitos de la Ronda de Doha en lo relativo a las modificaciones del proteccionismo en el comercio agrícola, como en la defensa de los recursos naturales.

En todas estas regiones no tradicionales para la presencia argentina, es dable desear que la misma surja de un sistema productivo integrado que nos permita comerciar productos primarios, pero también con valor agregado, resultado de un proceso de industrialización de envergadura.
Solo con un conjunto de bienes y servicios diversificado, podemos pensar en un crecimiento permanente de nuestro comercio internacional, que impida ante una modificación de precios relativos, la tendencia al deterioro de los términos de intercambio y sus secuelas sobre la balanza de pagos.

Esta acumulación que valorice el capital avanzado al proceso de producción, al mismo tiempo que potencie la coherencia de un sistema productivo integrado, requiere de una orientación de la inversión de carácter planificado para que mediante una adecuada elección de técnicas podamos competir en el mercado asiático con ventajas comparativas que sean de mutuo beneficio para las partes.

En qué mundo Argentina debe enfrentar su desarrollo.

Agenda Internacional
El mundo se encuentra hoy en un confuso proceso de transición entre lo que signó la política internacional en la década pasada y un nuevo esquema aun no definido de ordenamiento mundial, que encuentra ahora un fenomenal acelerador en la presente crisis-guerra en los países del Medio Oriente.
Los ataques del 11 de septiembre del 2001, vinieron a modificar sustancialmente la agenda mundial, colocando en un indiscutido primer lugar a los temas relacionados con la seguridad, de allí entonces que las cuestiones centrales de la agenda de hoy son:

El desconocimiento de la alteridad y la resolución de las controversias en conflictos beligerantes.
Política y economía de guerra: barreras comerciales, nuevas medidas de seguridad para el traslado de mercaderías, personas y prestación de servicios.
Reformulación de la presencia de las Naciones Unidas. Necesidad de darle nuevo significado a su papel de mediación en los conflictos Este – Oeste, signados por cuestiones de poder; intereses y recursos; cuestiones raciales, religiosas y culturales.
Conflictos Norte – Sur, basados en cuestiones de pobreza; derechos humanos, narcotráfico y ecología
Conflictos Regionales, (con componentes religiosos, étnicos, históricos, económicos, etc.): Medio Oriente, Afganistán.

Cual es la prioridad para un papel no subordinado de nuestra política exterior.

Comercio e Inversiones para generar trabajo nacional.
El comercio internacional tiene que ser la fuente de recursos genuinos prioritaria en la  gestión del gobierno actual, ya que esto va a impedir estrangulamientos sectoriales en el crecimiento económico. El volumen del comercio debe ser incrementado de forma exponencial para poder crear condiciones económicas óptimas que permitan desarrollar la  inversión directa en producción y servicios. A partir de dichas condiciones el empresariado local va a ser el motor del desarrollo, incorporando inversión externa y creando puestos de trabajo, con sus consecuencias en el incremento de la productividad y de la generación de riqueza.

La única forma de disminuir la pobreza y la pauperización de nuestro país, es la creación de fuentes de trabajo. El empleo y la ocupación son determinantes para el desarrollo sustentable. Es de allí que surgirán los recursos para la promoción de la inversión y la satisfacción del consumo insatisfecho de nuestra población.

La credibilidad política es fruto de la gobernabilidad, y la confianza del inversor acompañará dicha credibilidad a medida que podamos mostrar un mercado interno en expansión, con mejoras en el empleo y en la distribución del ingreso. Estas condiciones las podemos cumplir, con las herramientas institucionales que tenemos, en donde gobierno, empresarios y trabajadores tienen que satisfacer las condiciones y requisitos de un proceso de industrialización que se oriente en el mediano y largo plazo a una acumulación con expansión del mercado interno. La apertura del mercado debe acompañarse por la mejora de la calidad de la producción, de la productividad y de las oportunidades de negocios.

 

Conclusión.

Frente a esta descripción la necesidad de profundizar las relaciones internacionales, permite fortalecer la política interna y facilitar el posicionamiento de Argentina en la arena mundial.

En nuestra perspectiva inmediata consolidar la integración regional es una prioridad que permite ampliar el mercado local y generar una acumulación intensiva para poder afrontar en el largo plazo una modificación del ciclo de crecimiento con un sistema productivo coherente y una reproducción del asalariado acorde con los principios de justicia social y solidaridad.

Esto tendrá impacto sobre la base material del crecimiento, la industria en sentido amplio del término y la infraestructura en bienes y servicios, pero sobre todo será acompañado por un sujeto social con identidad y dignidad. El respeto a la alteridad tanto entre distintos en la jerarquía salarial, como diversos en la forma de pensar será entonces una premisa sustantiva de importancia idéntica o superior al de los aspectos mercantiles del salario o la ganancia.

 

 

 
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