En la actualidad, la cuestión más importante en educación es identificar correctamente los problemas. De eso depende que cambien las cosas que evidentemente no están bien. Aunque esta afirmación parezca una obviedad, no lo es cuando nos ponemos a buscar diagnósticos y soluciones. Por eso existe una situación paradojal: si bien todos dicen que la educación es un tema fundamental para el desarrollo humano, en la práctica es uno de los temas más descuidados y que más aburren a los políticos. Esta desidia no es solamente culpa de ellos, sino que tiene que ver con la aridez de la temática de educación en el campo de las ideas. Para ser concretos hay que decir, en primer lugar, que todo lo que leemos y oímos se sitúa, generalmente, en tres niveles que voy a intentar describir a continuación.
El primero tiene que ver con las propuestas muy generales, como la de dar igualdad de oportunidades o eliminar toda forma de discriminación en las instituciones educativas.
El segundo es el de la ética, concretamente tiene que ver con los valores que deben subyacer y promoverse. Vivimos en una época donde los valores no son homogéneos y los que resultan estimulados por los medios de comunicación, tal vez los más grandes educadores de nuestros días, no son los que se suelen proclamar en voz alta como los mas adecuados, beneficiosos y deseables por la sociedad a la que pertenecemos, de raíz judeo-cristiana. No se aprende mucho sobre solidaridad u honestidad, por ejemplo, viendo los noticieros, las series o los programas de entretenimientos con más audiencia.
El tercero es acerca de las metodologías, las didácticas, la organización, el currículo etc. Este es el plano que suele llamarse “pedagógico”, que es tedioso e ininteligible para la mayor parte de la gente, incluidos muchos docentes.
Ejemplo del primer nivel es el debate que promovió el Ministerio de Educación antes de enviar el proyecto de nueva Ley de Educación. El mismo estaba cerrado a 10 cuestiones muy amplias, todas las cuales ya están garantizadas por la Constitución o por leyes específicas.
En otras palabras, se trataba de temas que, a mi juicio, no es necesario seguir discutiendo, porque constituyen pilares normales de la democracia en Occidente, a la que decimos aspirar. Nadie se levanta para oponerse a ellos en voz alta. El debate debería girar acerca de cómo fortalecerlos o simplemente, ponerlos en práctica. De lo contrario, generamos falsos debates, “pour la galerie” que no entusiasman a nadie y no aportan gran cosa.
El segundo nivel implica un debate que no se ha planteado porque sin duda no todos compartimos los mismos valores personales en la sociedad, sobre todo en una época cada vez signada por la duda o la indiferencia (más que en la rebelión) frente a creencias y convicciones profundamente valoradas en el pasado. Sin embargo puede hacerse un rastreo de una “plataforma” mínima de valores cívicos que están implícitos en nuestra Constitución y atenernos a ella seria un avance importante.
El tercer nivel está contaminado por una jerga seudo pedagógica que a mi modesto entender, sólo revela la falta de ideas, la falta de un contenido propio en el plano profesional de la educación.
La falta de originalidad y de vitalidad de las temáticas educativas no es fácil de resolver. En realidad el tema educativo se vuelve apasionante para los países, los grupos políticos y la gente en general, cuando ésta, la educación, está en consonancia, forma parte de un proyecto o de un movimiento más amplio con manifestaciones en planos tan diversos como lo social, lo jurídico, lo demográfico, lo cultural y lo económico. Por eso en Argentina los grandes momentos de la educación están vinculados a procesos muy amplios, a proyectos de país como el que solemos denominar a modo de simplificación como el de la”generación del 80” o el proyecto peronista de 1945. En el primer caso, la educación era un elemento constitutivo del modelo de país buscado, la principal política social y cultural, y eso es lo que queda reflejado en la ley 1420. En el segundo, el proyecto industrialista independiente que se materializa en lo político con Perón, construyó un formidable sistema de educación vinculado al trabajo cuyas principales realizaciones fueron las Escuelas Técnicas y la UTN.
Ahora bien, mientras tanto qué hacemos? Y también, cómo ayudamos desde la educación a generar un nuevo proyecto de sociedad? La experiencia y la investigación nos muestran que los fenómenos históricos complejos como los señalados, no se ponen en marcha solamente a partir de la lectura de determinados libros o de reuniones en las cuales se ponen de acuerdo un grupo de iluminados, sino que dichos fenómenos son el resultado de acciones múltiples y concordantes basadas en un núcleo de acuerdos, dentro de una etapa determinada.
Por eso quienes reflexionamos acerca de los problemas educativos, en primer lugar tenemos que estar muy al tanto de las cuestiones, de las ideas y propuestas que se debaten en el campo más amplio de lo social y ver cómo se vinculan a la temática educativa. En esa vinculación vamos a encontrar, a mi modo de ver, una forma segura de revitalizar, de dar sentido a la educación
Capital Humano y Capital social
El término capital humano, en principio ha sido usado en teorías económicas del crecimiento para designar a un factor de producción dependiente no sólo de la cantidad, sino también de la calidad, del grado de formación y productividad de las personas involucradas en un proceso productivo. A partir de ese uso inicialmente reducido al lenguaje económico, se ha ido extendiendo hasta designar el conjunto de recursos humanos que posee una empresa o institución. De modo informal suele hablarse de mejora en el capital humano cuando aumenta el grado de destreza, experiencia o formación de las personas de dicha institución o empresa.
La idea de impulsar el crecimiento en capital humano se fortaleció cada vez mas en el mundo empresario a partir de la comprobación de que los conocimientos acumulados por cada miembro de su personal termina redundando en un mejoramiento del funcionamiento general. La “learning corporation” ha progresado en el mundo y se trata de un área educativa reconocida.
Posteriormente apareció el concepto de capital social el cual voy a explayarme un poco mas por ser menos conocido y porque la naturaleza del término no es clara, ha tenido diversos enfoques y es proclive a provocar confusiones.
El término empezó a usarse en sociología también como analogía con el concepto tradicional de capital usado en economía, y en la década del 60 para teorías de desarrollo económico. Normalmente en los modelos económicos tradicionales y neo-liberales este concepto es totalmente ignorado, pero en los años 80 empezó a ser usado por muchos autores en modelos de economía alternativos y a partir de allí en sociología.
Los enfoques fundamentales del concepto de capital social fueron desarrollados por Bourdieu, Hirschman, Coleman, Putnam, Fukuyama, Lin y el argentino Bernardo Kliksberg.
En términos muy coloquiales se podría decir que el capital social se resume en la frase como "no solo es importante lo que sabes, o lo que tienes, si no a quién conoces".
Actualmente en general con capital social se implica el valor colectivo de las redes sociales y por ello es considerado para la formulación de políticas en muchas organizaciones. También ha sido recientemente reconocido por instituciones tales como el Banco Mundial aunque con algunas reservas al concepto.
El capital social mide la sociabilidad de un conjunto humano y aquellos aspectos que permiten que prospere la colaboración y el uso, por parte de los actores individuales, de las oportunidades que surgen en estas relaciones sociales. En este concepto sociabilidad es entendida como la capacidad para realizar trabajo conjunto, colaborar y llevar a cabo la acción colectiva.
Bourdieu, el primero en hacer un análisis exhaustivo a partir de 1986, considera que capital social es “el agregado de recursos actuales y potenciales que están vinculados a la posesión o acceso a una red permanente de relaciones mas o menos institucionalizadas de mutua aceptación y reconocimiento o, en otras palabras, que están establecidas en función de la membresía de un grupo”.
Nan Lin identifica al capital social como un”activo”colectivo que está implícito en las relaciones sociales y que puede ser promovido o restringido por dichas relaciones, según los valores existentes en el colectivo social. Sostiene la premisa de que el capital social genera retornos en términos de un mercado que puede ser económico, político, laboral, cultural y que no es un bien individual sino un recurso accesible temporalmente sólo mediante nexos directos o indirectos en una red social.
Putnam conceptualiza el capital social como “los mecanismos de la organización social tales como las redes, normas y la confianza social que facilita la coordinación y cooperación para beneficios mutuos”.
Putnam es el autor de un estudio pionero sobre el capital social y su tesis básica es que éste se expresa a través de la confianza presente en los diversos actores sociales, el grado de asociatividad prevaleciente entre los mismos y el respeto a las normas de comportamiento cívico, tales como la cultura tributaria, el cuidado de bienes y servicios públicos, todo lo cual contribuye a la promoción y mantenimiento del bienestar colectivo. Como profesor de Harvard y analizando la sociedad de los Estados Unidos desde la década de 1960, señala que se ha producido un declive en el civismo y la vida política, bases del capital social, de consecuencias negativas. Aunque midió este declive con muchos conjuntos de datos diferentes, el argumento más importante fue que casi toda organización tradicionalmente cívica, social y fraterna ha experimentado una grave disminución de miembros, mientras que el número de “los que juegan sólo a los bolos” se ha incrementado tremendamente.
Putnam distingue entre dos clases de capital social: el capital vínculo y el capital puente. El vínculo se da cuando la persona se socializa con otros semejantes: de la misma edad, raza, religión, etc. Pero para crear sociedades pacíficas en un país multiétnico como los Estados Unidos y en buena medida casi todas las sociedades de occidente se necesita otra clase de capital: el que tiende puentes. Esto sucede cuando se crean lazos con gente distinta. Putnam afirma que la investigación evidencia que los grupos societarios que cuentan con ambos tipos de capital fortalecen mutuamente a sus componentes. También se evidencia que el declive del capital enlace inevitablemente produce el declive en el capital puente, lo que desencadena normalmente tensiones sociales, étnicas y religiosas. Un caso interesante que se analiza en Europa y Estados Unidos siguiendo la línea de Putnam, es el constituido por los fenómenos del capital social con connotaciones negativas, como en el caso de los contactos creados entre varias personas para organizar delitos que implican colectivos “solidarios” de tipo mafioso.
Nan Lin refuta Putnam sobre el declinar del capital social en el Occidente desarrollado afirmando que Internet y la red global cibernética están desplazando progresivamente a la televisión y ello puede generar un “crecimiento exponencial” del capital social debido a la interactividad que promueven.
El aporte de Bernardo Kliksberg consiste en la incorporación de los valores de la confianza interpersonal, de la capacidad de asociatividad como componentes claves del concepto de capital social. Señala que es un grave error de la economía “tradicional” (liberal o neo liberal) el hecho de que estos componentes fundamentales hayan sido marginados en la formulación de estrategias para promover el desarrollo y la lucha contra el hambre y la marginalidad. Sostiene que la incorporación de la ética en el capital social redunda en la eficacia de la sociedad y que los valores negativos dentro del mismo incrementan la corrupción, la justicia y el atraso. Para Kliksberg, si los valores que componen el capital social son predominantemente positivos en una sociedad, la hará más eficiente, y si por el contrario son negativos, incrementarán la inestabilidad y la corrupción como sucede en América Latina.
A modo de conclusiones para iniciar un debate.
Finalmente señalaré algunos conceptos que pueden ayudar a generar un intercambio fructífero entre personas e instituciones, en este campo. De ningún modo pretendo hacer un listado exhaustivo o limitante.
En los últimos años se suele hablar de tres “fuentes” principales del capital social: las normas efectivas, la confianza mutua y las redes sociales. Sólo la primera es visible, mensurable, de forma corriente. Las otras dos son “intangibles” pero decisivamente importantes. A pesar de las posibles diferencias que puedan surgir en la forma de definir y medir estos atributos, los tres hacen que el capital social siempre apunte hacia aquellos factores que nos acercan como individuos. También al modo en que este acercamiento se traduce en oportunidades para la acción individual o colectiva y cómo se traduce en el bienestar y crecimiento respectivos y generalmente subsiguientes.
La formación de capital humano favorece sobre todo al individuo o al lugar donde trabaja. El capital social repercute en ámbitos más amplios, que pueden incluir a toda una sociedad.
El Estado puede desempeñar un papel importante en la formación de capital social favoreciendo el clima de confianza general porque existe una significativa correlación entre el grado de confianza general y las normas de cooperación prevalecientes en la sociedad. Asimismo existe correlación entre esas normas y los avances en el desarrollo de los países.
La desigualdad en la distribución del ingreso y de las oportunidades, así como la desatención a las necesidades básicas de la población desarticulan las redes sociales existentes favoreciendo fenómenos como el de la migración masiva y caótica de gente en busca de mejores horizontes. Se produce ahí pérdidas muy concretas para el capital humano y social de un país.
América Latina sufre un vaciamiento de capital social en términos de la desconfianza, la pobreza de valores, la corrupción, la poca solidaridad y la inmoral distribución de la riqueza. La confianza interpersonal, la asociatividad, la conciencia cívica son valores que se van reduciendo cada día.
Los valores, normas, actitudes y creencias que califican como capital social pueden construirse a través del tiempo pero pueden deteriorarse y aún destruirse aceleradamente cuando circunstancias muy adversas así lo determinan. Eso fue notorio para mí cuando regresé a Argentina después de la dictadura de 1976-83. El país había cambiado sobre todo en valores, actitudes y creencias.
El uso de nuevas tecnologías de comunicación, como Internet, puede significar un aumento de la brecha entre países o regiones ricas y pobres porque ellas contribuyen a aumentar las relaciones de quienes disfrutan de ellas, su capital social, y enriquecen el capital humano a partir de mejor acceso a la información.
La educación es un mecanismo de promoción del capital social en todas sus facetas, aunque no es el único. Haríamos muy mal en cargar en la mochila de los maestros la responsabilidad exclusiva de generar las bases del capital social de los alumnos.
Los sectores más humildes de la sociedad son los que mas carecen también de capital social. Las redes de contactos de las familias de clase media y alta constituyen a menudo la gran diferencia a favor de los niños y jóvenes de esos sectores. Mucha gente, si tiene los medios para hacerlo, elige escuelas y universidades, especialmente por las relaciones que sus hijos pueden hacer o fortalecer dentro de las mismas, más allá de cualquier consideración curricular o pedagógica.
La creciente fragmentación de la sociedad y en consecuencia de la realidad educativa tanto en forma horizontal (entre regiones) como vertical (entre clases y grupos sociales) disminuye año tras año la igualdad de oportunidades que el sistema educativo puede ayudar a conseguir. Aún cuando se resuelvan los problemas nutricionales y sanitarios de los sectores de menores recursos, las diferencias de capital social permanecen, porque los pobres carecen de vínculos. Discutir de qué formas se pueden compensar esas diferencias, a partir de la acción de Estado y de organizaciones populares es un problema central de la educación.
Bibliografía:
Bourdieu, Pierre, “The Forms of Capital”
Putnam, Robert, “Making Democracy Work, Civic Traditions in Modern Italy.
Lin,Nan, “Social Capital” a Theory of Social Structure and Action2
Kliksberg, Bernardo, “El Capital Social, Dimensión Olvidada del Desarrollo”