La sociedad argentina enfrenta hoy una de las más difíciles situaciones de su historia: la pobreza y la indigencia, el desempleo, la marginalidad y la violencia, la falta de horizontes y la desesperanza, tienen una presencia en la realidad social de nuestro país como no la tuvieron nunca desde que somos una comunidad organizada. No es ello el resultado de tal o cual modelo, del fracaso de una medida específica o de un conjunto de políticas, sino que es el producto de muchos fracasos acumulados, de muchas crisis que han ido dejando, una después de otra, secuelas que no han podido ser superadas. Más allá de las acciones que desde el Gobierno y la sociedad civil se están llevando adelante para hacer frente a dicha situación, consideramos que estamos ante problemas que requerirán de esfuerzos sin precedentes para encontrar soluciones integrales, superadoras, que devuelvan a los sectores de la sociedad más afectados por esa situación, las esperanzas y la voluntad de trabajar por un futuro distinto y que puedan ofrecer, al conjunto de la sociedad argentina, la seguridad de vivir en un contexto de menos desigualdad y mayores oportunidades. Ello exige identificar y elaborar soluciones de largo plazo que constituyan una nueva forma de concebir el futuro argentino. De allí nuestro interés, por encima de toda consideración coyuntural, electoral o de políticas de corto plazo, por emprender un camino de investigación, diálogo y reflexión que nos permita elaborar un proyecto de país para el mañana, desde una perspectiva nacional y de justicia social.
Queremos repensar nuestro futuro como Nación desde la política y para la política, pero concibiéndola como el arte de manejar los instrumentos del Estado para generar bienestar, crecimiento y justicia social, y no como medio de permanencia en contacto con el poder. La sucesión de fracasos que hemos vivido desde que regresamos a la Democracia en 1983, nos obliga a ser extremadamente cautos tanto en la elaboración de diagnósticos sobre lo sucedido como en la identificación de soluciones de largo plazo. Más aún, estamos convencidos de la necesidad de elevar sensiblemente el nivel y la calidad del pensamiento social argentino, escapando a los prejuicios ideológicos, a los reduccionismos simplificadores o a la confusión de las aspiraciones, por mejores que sean, con las reales posibilidades que nos ofrecen el mundo en que estamos insertos y nuestros propios recursos, humanos, institucionales o naturales. Y queremos hacerlo desde una visión política y técnico-profesional, pero sin caer en la ilusión voluntarista ni en la deformación economicista, y manteniéndonos dentro de una visión nacional que no deje fuera las grandes diferencias regionales que encontramos a nivel de situaciones o de posibilidades.
Del mismo modo que creemos imprescindible promover el más abierto de los diálogos con todos los sectores de la sociedad, consideramos necesario renunciar a toda forma de autocensura que pueda inspirar nuestra filiación ideológica o nuestra vinculación con el gobierno nacional o con los gobiernos provinciales o municipales. La tarea que tenemos por delante la consideramos demasiado importante como para que pueda ser condicionada desde la problemática coyuntural o de corto plazo. Más aún, debe tratarse de un emprendimiento abarcador, ya sea en términos de participantes o de ideas, que tenga como objetivo la construcción de un proyecto de largo plazo, basado en una visión que valore los tres pilares ideológicos del Justicialismo: la justicia social, la soberanía política y la independencia económica.
Con vistas a llevar adelante este proyecto hemos elegido tres grandes temas como punto de partida de nuestra reflexión: el trabajo, el desarrollo social y la inserción de Argentina en el mundo.
En lo que se refiere al trabajo, no podemos seguir mintiéndonos ni haciendo malabarismo con las estadísticas: cerca de uno de cada cinco trabajadores argentinos está hoy sin empleo fijo y otro trabaja en negro o está inserto en la precariedad laboral. Más aún, si quisiéramos mantenernos en una senda de crecimiento continuado y mejorar la distribución de la riqueza, deberíamos elevar el porcentaje de trabajadores activos a niveles más elevados, como los que existen en países con mejor conformación social que el nuestro. Ello exigiría niveles de inversión futura y posibilidades de crecimiento económico que hoy aparecen fuera de nuestras mejores expectativas, aún cuando se mantuvieran las actuales tasas de crecimiento post-devaluación. Es sin embargo hacia allí que debemos proyectarnos, interrogándonos acerca de las condiciones institucionales y las políticas económicas, sociales y laborales que deberíamos seguir para alcanzar objetivos de esa naturaleza; comprender las limitaciones y las posibilidades que tenemos a partir de la realidad actual y de la evolución previsible; identificar obstáculos y soluciones; trazar, en definitiva, un camino ambicioso y realizable
En lo que se refiere al desarrollo social estamos viviendo el contraste de una situación de precariedad y desestructuración social sin precedentes y de la existencia de programas públicos de una escala como nunca se conoció antes en el país. A ello se agrega el esfuerzo enorme que está volcando una parte de la sociedad civil para colaborar con los sectores más necesitados de la población. A pesar de ello, tantos esfuerzos y tantos recursos resultan insuficientes para solucionar los problemas que afectan a más de la mitad de la población argentina, y en particular a los sectores más vulnerables de la misma. Para colmo, muchos de estos esfuerzos no involucran en su concepción a sus destinatarios o caen en el asistencialismo y en el clientelismo que le está asociado. Más aún, pensando a futuro y teniendo en cuenta la magnitud del empleo y del subempleo y la forma desproporcionada en que golpean a determinados sectores, debemos pensar la acción social a largo plazo sabiendo que tendremos que convivir, por mucho tiempo quizás, con un porcentaje importante de la población con serias dificultades para incorporarse al mercado laboral. Parte de la solución a estos problemas pasa por la reconstrucción de un sistema educativo hoy desquiciado y que ha pasado a ser parte del problema social y no de su solución. En ello juega un rol importante el hecho de que estamos frente a problemas y desafíos totalmente nuevos en nuestro país, vinculados a la desestructuración familiar en gran escala, la caída de los sistemas tradicionales de valores y pautas de conducta social, la banalización y la generalización de la violencia, la difusión de la droga, la corrupción de los servicios de seguridad y la vinculación del clientelismo político con ciertas formas de delincuencia. Problemas, todos ellos, que nos obligan a repensar las formas de reconstrucción del tejido social a largo plazo y del modelo de sociedad al que debemos aspirar.
Por último, el “default”, los conflictos derivados de la pesificación y la inestabilidad jurídica e institucional que golpearon al país durante la última crisis, nos crearon graves problemas de inserción y pusieron en evidencia la magnitud de nuestra vulnerabilidad internacional. Nuestra pérdida continuada de peso en lo político y de participación en lo económico, ya sea medido por el valor de nuestra producción o de nuestro comercio internacional, nos obligan a repensar la reinserción de Argentina en el mundo desde condiciones extremadamente difíciles. Y ello en un contexto de creciente globalización de la economía mundial y en un período de reafirmación de una visión política basada exclusivamente en el interés de su propia seguridad por parte de la potencia dominante. Este cuadro nos plantea la necesidad de concebir un futuro con mayores oportunidades para la Argentina, privilegiando la defensa del interés nacional desde la visión de país que tendremos que elaborar, contando con todas las limitaciones y problemas mencionados y con el enorme potencial, humano, científico y natural que aún tenemos por desarrollar.
Estos son nuestros objetivos y a ellos dedicaremos nuestro esfuerzo con el mismo empeño con que ayer nos dimos a la militancia para hacer de Argentina un país democrático y con posibilidades de futuro para todos sus habitantes. Sobre esta base, hemos decidido comenzar un trabajo de reflexión y acción política al que invitamos a participar a todos aquellos que se sientan consubstanciados con los objetivos aquí esbozados.